Incluso, Kamdar dice que el consumo moderado de alcohol puede "pasar factura" cuando se mantiene durante muchos años.
Seguir una dieta poco saludable
El alcohol no es el único culpable de las enfermedades del hígado. Cada vez hay más pruebas de que, por ejemplo, la mala alimentación puede contribuir al desarrollo de la enfermedad del hígado graso no alcohólico.
Según Kamdar: "Los alimentos ricos en grasas saturadas, como la carne roja, las frituras y los snacks procesados, pueden elevar los niveles de colesterol y contribuir a la acumulación de grasa en el hígado. Los alimentos y bebidas azucaradas también son un factor de riesgo importante".
¿La recomendación? Siga una dieta equilibrada con alimentos integrales y manténgase bien hidratado.
Abusar de los analgésicos
Tomar en exceso analgésicos de venta libre, como paracetamol, puede ser sumamente peligroso para el hígado.
La experta explica: "El hígado descompone el paracetamol, pero en el proceso produce un subproducto tóxico llamado NAPQI. Normalmente, el cuerpo neutraliza el NAPQI mediante una sustancia protectora llamada glutatión".
Y continúa: "Sin embargo, en caso de sobredosis, las reservas de glutatión se agotan, lo que permite que el NAPQI se acumule y ataque las células hepáticas. Esto puede provocar insuficiencia hepática aguda, que puede ser mortal".
Falta de ejercicio
Cuando se trata de cosas malas para el hígado, a menudo, las personas no piensan en el sedentarismo. Pero, ¿Cómo la falta de ejercicio puede afectar la salud hepática?
El sedentarismo favorece ciertos factores que afectan el hígado. "La inactividad física contribuye al aumento de peso, la resistencia a la insulina y la disfunción metabólica, todo lo cual puede promover la acumulación de grasa en el hígado", dice Kamdar.
En cambio, hacer ejercicio puede ser muy beneficioso para el hígado.
Fumar
Las consecuencias de fumar pueden ir más allá del daño en los pulmones. El consumo de cigarrillo también puede hacerle mal al hígado.
"El humo del cigarrillo contiene miles de sustancias químicas tóxicas que aumentan la carga de trabajo del hígado al intentar filtrarlas y descomponerlas. Con el tiempo, esto puede provocar estrés oxidativo, donde las moléculas inestables (radicales libres) dañan las células hepáticas, restringen el flujo sanguíneo y contribuyen a la formación de cicatrices (cirrosis)", indica la experta.
Asimismo, fumar es un factor de riesgo de cáncer de hígado.
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