El primero es el agotamiento emocional: si deslizar perfiles te deja sin energía, derrotado y sin ganas de seguir, eso ya es una señal. El segundo es la despersonalización: el momento en que los perfiles empiezan a verse todos iguales y las interacciones dejan de sentirse humanas. El tercero es la sensación de ineficacia: la convicción creciente de que nada de lo que hacés en la app va a funcionar, y que quizás el problema es algo tuyo.
"Parece que los objetivos de las apps son fundamentalmente incompatibles con los objetivos de los usuarios", dice Sharabi. Si la gente encontrara lo que busca, se iría de la app para siempre. Pero eso no es lo que pasa. Lo que pasa es que la gente entra, se cansa, se va, vuelve, y empieza de nuevo.
Por qué las apps están diseñadas para que sigas usando
Las apps de citas ganan dinero con suscripciones y funciones pagas. Eso significa que pierden dinero cuando alguien las borra porque encontró pareja. El incentivo estructural no está alineado con lo que el usuario quiere lograr.
Parte del problema es la gamificación. El sistema de deslizar perfiles está construido sobre recompensas inconsistentes (a veces hay match, a veces no) que funcionan de forma similar a una máquina tragamonedas. Para cuando alguien quiere conocerse en persona, el entusiasmo ya se fue.
A eso se suma la paradoja principal de las apps: tener más opciones no necesariamente hace más fácil encontrar a alguien. La cantidad infinita de perfiles disponibles convierte las citas en una especie de trabajo extra: buscar, filtrar, conversar, descartar y volver a empezar. Siempre queda la sensación de que el próximo perfil podría ser el indicado. Y justamente esa expectativa es lo que mantiene el ciclo funcionando.
En 2024, una demanda colectiva acusó a Match Group, la empresa que controla Tinder, Hinge y varias otras apps populares, de diseñar sus plataformas para generar adicción y lucrar con el uso compulsivo en lugar de ayudar a las personas a encontrar pareja. Match Group rechazó los cargos. El caso fue derivado a arbitraje.
Cuatro cosas concretas para salir del ciclo
Sharabi no recomienda borrar las apps sin más. Lo que sí sugiere es cambiar la forma de usarlas.
La primera es no hacer de las apps el único canal. Sumarse a un club de running, pedirle a un amigo que presente a alguien, estar en espacios donde sea posible conocer gente de otra manera. Así un mal día en la app no es el único dato disponible sobre cómo va la vida amorosa.
La segunda es usar las apps con intención, no por inercia. Definir cuánto tiempo y cuántas veces por semana, y parar antes de que llegue el agotamiento. Terminar cada sesión con energía en lugar de vacío.
La tercera es no procesar el desgaste en soledad. Hablar con amigos sobre lo que está pasando ayuda a que una mala semana no se convierta en una espiral.
La cuarta es saber cuándo parar del todo. Si las apps están erosionando el optimismo y cada vez que se baja el teléfono queda la sensación de que nunca va a funcionar, esa es la señal de tomarse un descanso real.
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Encontrar pareja es el objetivo del usuario, pero no necesariamente el del modelo de negocio.
Un negocio que empieza a tener un problema
Los suscriptores pagos de las grandes apps de citas vienen cayendo. Hay indicios de que los más jóvenes prefieren conocer gente de forma presencial.
Las propias plataformas lo sienten: Bumble está abandonando el sistema de deslizar perfiles, Tinder anunció que va a apostar por eventos en persona, Hinge dice que su misión es "crear un mundo menos solitario".
El modelo actual tiene un problema estructural que ningún rediseño de interfaz va a resolver solo: una app de citas exitosa es, por definición, una app que sus usuarios eventualmente dejan de necesitar.
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