En redes sociales esta identidad se volvió visible a través del llamado quadrobics: jóvenes que corren, saltan o caminan en cuatro patas usando máscaras o accesorios. Sus propios protagonistas aclaran que no creen tener cuerpo animal ni rechazan su humanidad, pero sí afirman que en ciertos momentos experimentan “shifts”, episodios en los que sienten que predomina esa parte instintiva. Esa exposición pública es la que hoy genera tanto interés como rechazo.
Entre inclusión, burla y límites en el espacio público
La expansión del therianismo fuera del nicho digital cambió el tono de la conversación. Lo que durante años fue intercambio en foros o contenido aislado en redes pasó a ocupar plazas, calles y ahora incluso supermercados, como muestra el video de la joven entrando a un Lidl. Y cuando la identidad se vuelve escena pública, la reacción también se amplifica.
En Argentina ya se vio ese recorrido: primero curiosidad y memes, después debates mediáticos y, finalmente, episodios más ásperos que incluyeron denuncias y discusiones sobre discriminación y responsabilidad. Psicólogos consultados en distintas notas señalaron que identificarse como therian no constituye en sí mismo un trastorno, pero que el foco debe ponerse en si esa identidad genera bienestar o interfiere con la vida cotidiana y con terceros.
Ahí aparece el punto más delicado. Cada persona puede autopercibirse como quiera, pero el espacio público impone reglas compartidas. Para algunos, la escena de Almería es simplemente una forma de expresión juvenil; para otros, es una muestra de que la tendencia cruzó un límite cuando salió del ámbito digital y comenzó a afectar a quienes no forman parte de esa comunidad. Con su llegada a España, el debate recién empieza.
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