De acuerdo con la Policía Federal, además de contrabando y falsificación, la organización desarticulada era investigada "por reclutar ciudadanos paraguayos para que trabajaran en la producción clandestina de cigarrillos en condiciones análogas a la esclavitud".
De acuerdo con el comunicado, los paraguayos reclutados ingresaban a Brasil por la ciudad fronteriza de Foz do Iguazú. Al ingresar, se les retenían los teléfonos y eran conducidos hasta la "fábrica", que sólo podían abandonar hasta el final de un ciclo de producción, que podía extenderse por entre 6 y 8 meses.
Por los cálculos de los investigadores, en la fábrica clandestina se producían cerca de 10 millones de cajetillas de cigarrillos por mes, que le dejaban a la organización criminal ingresos por cerca de 50 millones de reales (casi unos US$ 9 millones).