“La OIEA ha terminado su evaluación de los planes de Japón para liberar el agua almacenada en la planta de energía nuclear Fukushima Daiichi, confirmando que los planes están en línea con los estándares de seguridad del OIEA”.
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Y agregó que las descargas "graduales y controladas" al mar tendrán un impacto radiológico "insignificante" en las personas y el medio ambiente.
Desastre ambiental
Las autoridades japonesas y de la OIEA afirman que las aguas son seguras y "potables" después de ser purificadas por el sistema de tratamiento de múltiples nucleidos (ALPS) que logró remover casi todo los radionucleidos -átomos con exceso de energía nuclear- salvo el tritio que “está presente en el mar y en el agua potable de origen natural y de fuentes hechas por humanos”.
En el final del informe televisado, Grossi aseguró que el trabajo no está terminado. “Evaluar el plan no es suficiente. Mis expertos visitarán Fukushima repetidamente hasta que termine el proceso para tomar muestras en diferentes localizaciones y confirmar que el agua continua segura. Un océano limpio nos importa a todos”.
Pero la realidad parece no ser así en absoluto. Los físicos nucleares aseguran que la tecnología del operador de la planta de energía nuclear paralizada, Tokyo Electric Power Co (TEPCO) no es suficiente para tratar los materiales radiactivos, incluidos el cesio y el tritio, lo que conducirá a la contaminación de los productos del mar y provocará enfermedades letales como el cáncer y demás dolencias congénitas y daños genéticos.
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Los desechos nucleares líquidos destruirá la industria pesquera, la salud humana y el medio ambiente.
Lo extraño de la aprobación de la OIEA es que incumple muchas de sus propias convenciones internacionales, como la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, la Convención sobre la pronta notificación de accidentes nucleares y la Convención sobre seguridad nuclear, que los firmantes se comprometen a preservar el medio ambiente marino y no "transferir daños o peligros".
Tal como contó Urgente24, los países más enfurecidos con Japón son los países insulares del Pacífico que lo instaron el 18/01/2023 a que retrase el vertido de aguas de la central nuclear de Fukushima por temor a posibles contaminaciones y riesgos a la industria pesquera, la salud humana y el medio ambiente.
Incluso la preocupación alcanza a Ecuador que tiene sus costas en el Océano Pacífico y vería afectadas las islas ecuatorianas de Galápagos que son reserva Mundial de la Biosfera.
“Son aguas contaminadas con radioactividad, y esto puede afectar no solamente a la producción, sino a la genética que tienen los peces en el océano. Creo que ya deberíamos todos los gobiernos y el mundo globalmente pronunciarse ya que esto es una preocupación, que puede traer consecuencias nefastas para la economía y para nosotros como pescadores”, destacó Jhon Vera, presidente de la Asociación de Pescadores Tarqui de Manta a CGTN.
Se avecina el desastre. A pesar de la presión internacional, Japón, ahora avalada por la máxima autoridad en seguridad atómica, parece decidida al vertimiento de aguas radiactivas que se convertirá en problema global por los efectos colaterales que podría provocar en todo el mundo. La masiva migración de millones de especies que sufrían transformación de sus hábitats a otros más insospechados y el desvarío de corrientes marinas no solo dañará el equilibrio acuático sino que destrozará las industrias pesqueras engendrando terribles crisis alimentarias en diversos países.
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