Los reclamos de los choferes son básicamente dos: seguridad laboral en donde se garantice su estabilidad dentro de la empresa y no se realicen “desactivaciones arbitrarias” de parte de la empresa a los choferes y una remuneración más justa por su trabajo. Piden ganar el 80%-85% de lo que vale cada viaje.
La protesta se replicó en muchas ciudades del mundo en donde se estima que hay más de 70 mil choferes unidos en sindicato de conductores independientes.
En Estados Unidos, además de Nueva York, pararon en Los Ángeles, San Francisco, Washington, Filadelfia y Boston.
En el resto del mundo se llamó al apagón a las ciudades de Chile, Uruguay, Inglaterra, Costa Rica, Panamá y Argentina, entre otros.
En el caso de nuestro país, al permanecer la empresa dentro del ala de la ilegalidad no hay mucho margen para la manifestación de los conductores que ya suficiente lucha tienen con la cuestión de los taxistas en el país.
Uber dijo en un comunicado: "Los conductores están en el centro de nuestro servicio, no podemos tener éxito sin ellos, y miles de personas entran a trabajar en Uber todos los días enfocados en cómo mejorar su experiencia, dentro y fuera de las calles”, además agregó que "continuará trabajando para mejorar la experiencia para y con los conductores" y que esos esfuerzos podrían incluir avanzar hacia "ganancias más consistentes, protecciones de seguros más sólidas o títulos de cuatro años totalmente financiados para conductores o sus familias”, pero todavía no ofreció oficialmente una mejora en las condiciones de los mismos.