Los centros fueron abandonados a su suerte, hasta que el sentimiento de culpa invadió a los europeos. Recién en ese momento es cuando actúan. Pero cuando lo hacen, ya es demasiado tarde. La pandemia por covid-19 agravó la situación de los campos de refugiados debido al hacinamiento y a las desastrosas condiciones de higiene: un grifo de agua lo llegan a compartir 1.330 personas y la misma ducha 200, además de la basura de hace meses que nadie recoge.
Apenas la semana pasada, a un año de la pandemia, se confirmó que se asignaron cerca de 270 millones de euros de fondos de la UE para completar los nuevos campamentos antes del 31 de marzo del 2022, asegura el periódico británico The Guardian.
Pero el dinero no es lo único necesario. Al virus se lo combate con vacunas y los europeos parecen tener un gran problema en puerta debido a las consecuencias que puede suponer un estallido del brote en los campos advertencias recurrentes de expertos.
En suma, decenas de millones de solicitantes de asilo, inmigrantes, refugiados y desplazados internos de todo el mundo fueron excluidos de los programas nacionales de vacunación contra el covid-19, de acuerdo a una investigación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) vista por The Guardian.
Las dosis por el momento, y al menos en un futuro próximo, no llegarán a los campos en Grecia. Los refugiados deberán esperar que nuevamente el sentimiento de culpa acapare a los europeos pero, como siempre, ya será demasiado tarde.