El experto en peticiones de acceso a información clasificada, John Greenewald, afirma que al menos otros dos documentos oficiales antes de el que nos ocupa han reconocido oficialmente la existencia del Área 51; el primero proviene del Departamento de Energía y afirma que una zona de 38,400 acres “una vez conocida como ‘Área 51′” comenzó a ser administrada por la Comisión de Energía Atómica al menos desde el 25 de julio de 1958.
El segundo documento es un documento de 1962 proveniente de la Fuerza Aérea, el cual hace recomendaciones sobre la forma en que un avión espía U-2 debería sobrevolar el área para saber qué vería un avión soviético o un satélite espía si tomara fotos del área. Según Greenewald, el nuevo documento fue hecho público con anterioridad, aunque en una redacción diferente. Ademas, cuenta con la particularidad de ser el primer documento del Área 51 en ser propiamente declasificado.
En cierta sección del documento, de hecho, la CIA hace referencia a los OVNI. En el apartado “U-2, OVNIs y Operation Blue Book” se afirma que cuando los aviones U-2 comenzaron a hacer vueltos de prueba durante los 50, los reportes de OVNIs se incrementaron; los reportes llevaron a la Fuerza Aérea a comenzar el programa Operación Blue Book. Esta operación fue la respuesta oficial a las peticiones del público de investigar los avistamientos OVNI a partir de 1951, pero de hecho no fue el primero.
El primero fue Project Sign de 1948, que luego se convirtió en Project Grudge al año siguiente y Blue Book en 1951. La historia que cuenta las etapas más tempranas de estos programas secretos se encuentra en el libro del oficial retirado Edward J. Ruppelt, The Report on Unidentified Flying Objects; de hecho, se considera que Ruppelt fue el primero en proponer la nomenclatura “Unidentified Flying Objects (UFOs)” para referirse a los OVNIs.
En su reporte, Ruppelt reconoce que la Fuerza Aérea de EU ha negado oficialmente la existencia de naves interplanetarias, pero ello no implica que no se tomen en cuenta las disyuntivas que la existencia de tales naves plantearían para el programa de seguridad de EU. En otras palabras, aunque el gobierno no tenga o no comparta evidencias factuales de naves extraterrestres, se han creado comisiones y se han designado presupuestos para investigarlos. El rompecabezas, aunque con más piezas que antes, sigue siendo irresoluble.