El padre Gabriel lleva más de cinco años en Gaza, con sus labores eucarísticos y de humanidad desde la parroquia de Sagrada Familia, y cerca de tres décadas en Medio Oriente.
“En estos días oscuros, hemos querido ofrecer un signo de esperanza, especialmente para nuestros niños. Por eso, junto a ellos, hemos preparado el belén y el árbol de Navidad”, escribió recientemente en Facebook.
Uno tiene que tragarse las lágrimas y tratar de ser un signo de esperanza para todos Uno tiene que tragarse las lágrimas y tratar de ser un signo de esperanza para todos
Sus reflexiones y sus misas para dar la eucaristía en medio de la guerra, claramente son un páramo en el desierto para todos los fieles católicos, aquellos que siguen con vida, pero también para los no cristianos que buscan el templo de Jesús para refugiar su cuerpo y mantener su dignidad en pleno bombardeo, a sabiendas de que Israel no suele atacar Iglesias católicas, pero sí mezquitas, o al menos, eso solían hacer.
Es que en octubre de 2023 un bombardeo israelí dejó 18 muertos en la iglesia ortodoxa de San Porfirio, y al poco tiempo, una madre e hija fueron asesinadas por las mismas fuerzas de Israel dentro de un complejo de la iglesia católica en Gaza, en un ataque que fue repudiado por el Papa Francisco.
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Adoración eucarística en la parroquia de la Sagrada Familia en Gaza, presidida por el párroco, P. Gabriel Romanelli. Crédito: Cortesía del P. Gabriel Romanelli.
No obstante, la comunidad cristiana de Gaza ha sido blanco de ataques durante estos 14 meses, y la parroquia del padre Gabriel juega un papel humanitario clave en la supervivencia de la población en general. Han elaborado máscaras de oxígeno para que los ancianos puedan resistir y han logrado hacer sonreír a los apenados.
"La situación es terrible”, afirmó el padre Gabriel. “Humanamente hablando, este es un lugar de muerte, donde la esperanza parece no tener cabida. La gran mayoría de la población carece de todo: comida, agua, medicinas, electricidad, techo, camas, sillas, vasos, libros, cuadernos, papel higiénico, jabón… de todo”, agregó, en su entrevista ante la agencia BBC.
Cuando les pregunto a los niños qué quieren para Navidad, me responden: ‘paz, el fin de la guerra, volver a casa, volver a la escuela y ver a sus amigos Cuando les pregunto a los niños qué quieren para Navidad, me responden: ‘paz, el fin de la guerra, volver a casa, volver a la escuela y ver a sus amigos
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El belén y el árbol de Navidad instalados en la iglesia de la Sagrada Familia en Gaza, en diciembre de 2024. Crédito: Cortesía del P. Gabriel Romanelli
“Hay tanta oscuridad”, prosiguío el padre Romanelli en medio de su relato. “Pero en lugar de maldecir la oscuridad, tratamos de hacer brillar una luz: la luz de Jesucristo y la Virgen María, quienes, junto con San José, caminaron por estas mismas tierras hace 2.000 años mientras huían a Egipto. En el nombre de Jesús, seguimos yendo a las profundidades –‘duc in altum’– y echando nuestras redes, para que su gracia pueda llegar a todos”, sentenció.
Y lanzó una frase de esperanza, para encomendar el dolor a Jesús: "Dentro de la iglesia queremos recordar que Jesús nació en Belén de manera tan pobre, tan humilde, y eso nos da esperanza para seguir adelante confiando en él y tener verdaderamente la certeza de que la guerra va a terminar".
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Una joven refugiada en la parroquia Latina de la Sagrada Familia en Gaza reza ante la imagen de la Virgen María en la solemnidad de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre de 2024. Crédito: Cortesía del P. Gabriel Romanelli.
Por último, dijo que en Nochebuena, pese a los bombardeos, la parroquia celebrará la Misa de medianoche junto a una sorpresa especial para los niños “para traerles un poco de alegría”.
Oramos para que el Señor Jesús nos conceda la gracia de una tregua –y, sobre todo, una paz duradera– antes de la próxima Navidad Oramos para que el Señor Jesús nos conceda la gracia de una tregua –y, sobre todo, una paz duradera– antes de la próxima Navidad
"Estamos verdaderamente protegidos por Jesús. Se oyen los bombardeos, a veces tiembla todo el edificio, pero los niños permanecen tranquilos. Por supuesto, hemos notado cambios en su comportamiento, más agresividad, al ver las luchas y las reacciones de los adultos. Pero el Señor es infinitamente misericordioso: permite a estos niños soportar la inseguridad de una vida que está lejos de ser normal, al mismo tiempo que les regala una alegría única”, cerró.
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