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Quién es Camacho, el opositor que pide la detención de Evo Morales

"Confirmado: ¡Orden de aprehensión para Evo Morales! La policía y los militares están buscándolo en el Chapare, lugar donde se escondió. Los militares le quitaron el avión presidencial y está escondido en el Chapare. ¡Van por él, JUSTICIA!", celebró anoche (10/11) alrededor de las 22 Luis Fernando Camacho, líder opositor de Comité pro Santa Cruz, en Bolivia, a quien el ahora ex presidente lo tildó de "golpista y discriminador" junto al liberal Carlos Mesa.

Luis Fernando Camacho es hoy el presidente del Comité Cívico Pro Santa Cruz pero formó su liderazgo en el comité cívico juvenil de Santa Cruz, una organización de derecha radical, y en lo que en Bolivia llaman las "fraternidades", que son comparsas "elitistas" de la ciudad oriental. Él fue elegido presidente de dicho comité a inicios de 2019.

Camacho es descendiente del general Eliodoro Camacho, Jefe del Estado Mayor del Ejército durante la Guerra del Pacífico y fundador del Partido Libertal de Bolivia, uno de los más importantes, con el que fue candidato presidencial 3 veces consecutivas. En 1879 participó de la expedición de Daza que contramarchó en Camarones y abandonó al ejército aliado del general Juan Buendía. El coronel Camacho fue uno de los jefes bolivianos que denunció la traición de Daza y dirigió en Tacna el levantamiento militar que lo depuso como presidente de Bolivia.

Según el portal oficialista Noticias. Bolivia, el padre de Luis Fernando Camacho Vaca, presidente del Comité Cívico Pro Santa Cruz, fue soldado paramilitar en la dictadura del general Hugo Banzer Suárez y uno de los asesinos en la masacre de la Universidad Gabriel René Moreno (UAGRM) el 19 de agosto de 1971.

A él lo llaman 'El Macho' y es abogado santacruceño, casado y con tres hijos, que se considera líder de "un proceso para recuperar la democracia". El problema es que propone el orden institucional pidiendo la detención de quien renunció a la Presidencia en las últimas horas, Evo Morales Ayma, y sin haber participado de la escandalosa elección del pasado 20 de octubre, tildada por la OEA como "viciada de nulidades" por irregularidades.

El Movimiento al Socialismo (MAS), de Evo, alertó a la comunidad internacional que Camacho lo derrocó.  “Empecemos el juicio a los delincuentes del partido del gobierno, metámoslos presos. Qué dios los bendiga. Y que en dos días podamos tener una nueva Bolivia”, arremetió Camacho en un video en redes sociales tras la dimisión de Morales.

Polémico, Luis Fernando Camacho declaró hace unos días a sus bases: "Tenemos que hacer, salvando las diferencias, y sacar la agenda como lo hacía Pablo Escobar, pero solo para anotar los nombres de los traicioneros de este pueblo, porque queremos que el día de mañana vayan presos, pero no por rencor y odio, sino por justicia".

Camacho insiste en cada uno de sus mensajes con la necesidad de lograr que “la biblia” vuelva a entrar en la casa de gobierno boliviana, que según él fue desalojada a partir de la asunción del MAS. Esto le permitió alinear detrás suyo a la gran mayoría de las fuerzas clericales bolivianas, pese a que el Papa Francisco pidió que la situación se resolviera con diálogo.

Este líder opositor encontró en la auditoría de la OEA su lugar discursivo y la justificación para liderar el levantamiento de las fuerzas armadas que están a punto de tomar el mando.

"Denuncio ante el mundo y pueblo boliviano que un oficial de la policía anunció públicamente que tiene instrucción de ejecutar una orden de aprehensión ilegal en contra de mi persona; asimismo, grupos violentos asaltaron mi domicilio. Los golpistas destruyen el Estado de Derecho", alertó Evo anoche.

Y este lunes 11/11 fue más concreto: "Mesa y Camacho, discriminadores y conspiradores, pasarán a la historia como racistas y golpistas. Que asuman su responsabilidad de pacificar al país y garanticen la estabilidad política y convivencia pacífica de nuestro pueblo. El mundo y bolivianos patriotas repudian el golpe".

Sin embargo, las fuerzas armadas desmitieron tener orden de detenerlo. Se viven horas de máxima tensión en Bolivia y no hay al momento un horizonte claro sobre cómo continuará la situación.

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