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Otro detenido mapuche, y el debate que no cesa

Durante la madrugada de este miércoles 09/01, en Chile, personal de Carabineros detuvo a un 2do. sospechoso del atentado incendiario que el viernes 04/01 provocó la muerte del matrimonio Werner Luchsinger / Vivianne MacKay, en Vilcún. El detenido es José Córdova Tránsito, de 30 años, hermano del involucrado ya detenido, Ceferino Celestino Córdova Tránsito. Diversas organizaciones mapuches convocaron a una cumbre para el miércoles 16/01, en cerro Ñielol, en la ciudad de Temuco, para la cual serán invitados desde el Presidente Sebastián Piñera, miembros de su gabinete y representantes del Poder Legislativo y Judicial.

 

El operativo policial fue a las 6:00 en el sector de Lleupeco, 15 kilómetros al interior de Temuco, y el detenido es José Córdova Tránsito, de 30 años, hermano de Celestino Córdova Tránsito, en prisión desde el viernes 04/01 en la madrugada tras el atentado incendiario que se produjo en la comuna de Vilcún, informó radio Bío-Bío. 
 
Un grupo de al menos 20 encapuchados llegó hasta el fundo Palihue, propiedad del empresario, de 75 años, Werner Luchsinger Lemp, prendiéndole fuego a la casa, que resultó completamente destruida. 
 
Carabineros informó que uno de los encapuchados fue detenido durante un enfrentamiento con personal policial que se encontraba en las cercanías, siendo derivado hasta el Hospital Regional de Temuco, debido a que presentaba una herida de proyectil de carácter menos grave a la altura del pecho, disparado por el dueño de casa, Werner Luchsinger, al momento del ataque.
 
El incendio sucedió tras una serie de ataques ocurridos las últimas semanas en la denominada 'zona roja' del conflicto mapuche, en territorios que son reivindicados por derechos históricos por la mayor etnia chilena, hoy unas 700.000 personas.
 
Junto a la casona destruida, Carabineros encontró panfletos haciendo alusión a la muerte de Matías Catrileo, uno de los 13 indígenas muertos desde que en la década de de 1990 se reactivaron sus reivindicaciones de tierras.
 
Desde el 01/01 y hasta el 10/01 hay una movilización mapuche, recordando la muerte del comunero Catrileo, quien fue asesinado en 2008 en la Araucanía por un carabinero que sigue prestando servicio.
 
Dicho crimen se registró en el fundo Santa Margarita, de propiedad de Jorge Luchsinger, primo hermano del empresario fallecido en el atentado incendiario registrado este viernes 04/01.
 
Al momento de la detención de José Córdova Tránsito, la policía uniformada encontró en poder del nuevo sospechoso un arma de fuego calibre 22, además de otros elementos que serán analizados para buscar algún nexo con el ataque de la semana pasada.
 
El fiscal Alberto Chiffelle, uno de los cuatro persecutores que forman parte del equipo que dirige el fiscal regional de La Araucanía, Francisco Ljubetic, confirmó que Carabineros detuvo durante al supuesto segundo involucrado en el ataque que le costó la vida al matrimonio Luchsinger MacKay. 
 
El estado en que se encontraban los cuerpos calcinados del empresario Werner Luchsinger y su esposa Vivianne McKay, demoró la identificación oficial que sólo fue posible a través del análisis dental, en el Servicio Médico Legal (SML) de Temuco.
 
En un comunicado emitido por este organismo esta tarde, se  señaló que “pese a las dificultades en materia de identificación, producto de las circunstancias de los hechos, peritos del organismo lograron sus identificaciones gracias a los análisis de odontología forense”.
 
Reunión mapuche
 
Diversas organizaciones mapuches convocaron a una cumbre para el miércoles 16/01, en cerro Ñielol, en la ciudad de Temuco, para la cual serán invitados desde el presidente Sebastián Piñera, miembros de su gabinete y representantes del Poder Legislativo y Judicial.
 
Hoy agrupaciones como el Consejo de Todas las Tierras, la comunidad de Temucuicui, Wallmapu, entre otras, se reunieron para tocar el tema del conflicto mapuche.
 
De acuerdo a los antecedentes, el objetivo es tratar las medidas que ha ido tomando el gobierno y dar a conocer un pronunciamiento común.
 
El representante del Consejo de Todas las Tierras, Aucán Huilcamán, sostuvo que "esperamos que esta cumbre pueda ser un gran acontecimiento para la búsqueda de la solución a la situación mapuche, estamos convencidos que esta situación de conflictividad y violencia no puede continuar. Tenemos una responsabilidad los mapuche, órganos del estado y el conjunto de la sociedad chilena”.
 
Pedro Cayuqueo, periodista y miembro de la comunidad Luis Millaqueo, informó que los temas que se tratarán son el autogobierno, desmilitarización y la nueva relación con el Estado chileno.
 
El debate
 
Lo importante es que la cuestión debe resolverse en el marco de la legislación vigente. Y si faltan leyes, que las sancionen, pero nada fuera de la ley y menos una interpretación 'flexible' de la ley. 
 
En  una nota que intenta presentarse como objetiva pero no lo es -resulta abiertamente pro-mapuche-, Esteban Valenzuela y José Mariman en la web El Mostrador (que pareciera incorporarse al periodismo militante), realizan un relato que es importante considerarlo porque refleja lo que opina la izquierda chilena acerca del tema ahora que está en la oposición, ya que cuando fue gobierno no hizo ningún aporte constructivo.
 
Por ese motivo, los problemas en los días de Pineda son bastante similar a los que hubo con los más poderosos Ricardo Lagos y Michelle Bachelet.
 
"(...) La historia de la convivencia de los Luchsinger con los mapuches en la zona de conflicto en que se desarrollaron ambos hechos (y que es la historia de la constitución del latifundio en territorio y tierras mapuche), lejos de presentar episodios idílicos, como alguna vez lo quiso delinear Jorge Luchsinger en entrevistas a la prensa (Qué Pasa, Junio/2005), fue una usurpación para los mapuche como lo expone Martín Correa en su trabajo: “El origen de las tierras en conflicto”. El Estado chileno no solamente expolió el territorio indígena, sino que permitió por omisión en sus funciones o por complicidad directa, que las propias tierras entregadas en Títulos de Merced, fueran hurtadas por latifundistas-colonos de todo tipo, que sin escrúpulos y ayudados por la propia policía y jueces corruptos, permitieron el despojo de las pequeñas reducciones que el Estado propició para las familias mapuches de entonces.
 
Las broncas de hoy en La Araucanía no son el resultado de algún idiota que amaneció con el pie izquierdo, y quiere que otro la pase tan mal como él la está pasando, por “pura mala leche”, o porque tiene una mente pervertida y violenta. Sino el resultado de más de un siglo de injusticias acumuladas que no encuentran salida, a manos de políticos que tienen la obligación de buscarla y no lo han hecho.
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La constitución de la propiedad en “La Frontera” se hizo sobre la base del robo y el saqueo a un pueblo entero (está en su memoria), que fue condenado de esa forma a vivir en la pobreza. Correa nos muestra los métodos con que los Luchsinger fueron apropiándose de las tierras mapuches anexas a su propiedad original (60 hás. que terminaron en más de 1.000), al estilo de una política de fronteras abiertas o “manifiesto destino” (característica de la expansión al occidente de Estados Unidos). Pero hubo incluso acciones peores, como quemar rucas (N. de la R.: vivienda típica de los mapuches, muy combustibles) con familias dentro (tal como lo ocurrido hoy nos escandaliza), o matar mujeres y niños y dejar sus cuerpos colgados con maderos ensartados en sus anos y vaginas (el testimonio de Lara, Crónica de La Araucanía, 1889).
 
Se ha recordado hasta el cansancio que desde la Independencia, el Estado portaliano, centralista, homogenizador y autoritario —sin legitimidad y consenso constitucional de los pueblos (regiones) y naciones (etnias)—, no ha pactado en base al reconocimiento real (cultural, económico y político), con el pueblo mapuche.
 
Uno de los últimos intentos fue el encabezado por Bernardino Pradel y Vicuña Mackenna en el año 1862, pidiendo poder territorial autónomo en las conversaciones de una delegación de viejos lonkos con el Presidente José Joaquín Pérez, Talca y Arauco-Malleco se habían sumado activamente a la rebelión regionalista de 1859, encabezada por Atacama. Al igual que en norte, en el sur la respuesta fue la represión. Los mapuches querían, como siempre, recuperar su autoridad desde el Río Bío-Bío que les reconocía la Corona en el Tratado de Negrete a fines del siglo XVIII. No hubo acuerdo y vino la violencia de la mal llamada “pacificación de La Araucanía”. El conflicto vuelve una y otra vez. El poder que teme elegir gobiernos regionales, también ve con pavor la posibilidad de crear territorios mapuches amplios, pensar en una Región de La Araucanía ampliada y con autoridad intercultural, como ocurre en muchos países con sus pueblos/naciones originarias (Nueva Zelanda y los maoríes, Dinamarca y los esquimales, Canadá, etc). En Chile crece la rabia y las violencias en el conflicto, pero no ha existido lógica política: distensión, anmistía, diálogo, devolución de poder, reconocimiento,  negociación, transformación de la realidad para integrar con dignidad.
 
Nunca ha habido ninguna tentativa sería, de parte del Estado y sus políticos, en un siglo de convivencia entre grupos étnicos diferentes en La Araucanía (y, en particular, desde el retorno a la democracia), de resolver el problema que el propio Estado creó, al incorporar políticamente a La Araucanía en la forma en que lo hizo (violenta), sin reconocer la propiedad de los primeros habitantes ni sus derechos colectivos a la reproducción cultural y al autogobierno sin coerciones, es que estamos donde estamos. Y mientras se sigan ensayando soluciones con leyes indígenas que no han resuelto en más de un siglo el problema, áreas de desarrollo que no desarrollan a nadie, o iniciativas de emprendimiento —léase Plan Araucanía— que no hacen prosperar a nadie; seguiremos donde estamos. Y en consecuencia, tendremos que irnos acostumbrado al hecho de que las nuevas generaciones de mapuche, se muestren menos pacientes que sus antepasados inmediatos, y busquen resolver en los hechos lo que no resuelve el Estado y el derecho (ocupando de hecho las tierras que sienten suyas), que en Chile parece estar inspirado en la vieja idea de “conquista”. (...)".

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