Juan Carlos I quiso mediar con Marruecos por Ceuta y Zarzuela lo frenó en seco

El emérito habría ofrecido utilizar su histórica relación con Mohamed VI para aliviar la crisis. Palacio rechazó cualquier canal ajeno a Felipe VI.

Juan Carlos I quiso volver a jugar un papel de Estado y Zarzuela le cerró la puerta antes de que pudiera abrirla. El controvertido exmonarca se habría ofrecido para mediar con Marruecos por la crisis de Ceuta, pero el entorno de Felipe VI frenó en seco cualquier intento de establecer una diplomacia paralela.

La iniciativa resulta especialmente incómoda por el momento elegido. Tras años marcado por las investigaciones sobre su patrimonio, su relación con Corinna Larsen y su traslado a Abu Dabi, el emérito regresó al centro de la escena con Reconciliación, unas memorias construidas para recuperar el control sobre su legado. Ahora pretendía dar un paso más: intervenir nuevamente en un conflicto de Estado y asumir un protagonismo que ya no le corresponde institucionalmente.

Según reveló Monarquía Confidencial, Juan Carlos I habría ofrecido utilizar su histórica llegada a la familia real marroquí, forjada mediante su amistad con Hassan II y mantenida posteriormente con Mohamed VI. La respuesta de Palacio fue tajante: el único interlocutor de la Corona será Felipe VI, siempre en coordinación con el Gobierno. La versión todavía no recibió confirmación oficial, pero aparece cuando el actual monarca prepara su primera visita a Ceuta y Melilla, un movimiento que Rabat interpreta como una reafirmación de la soberanía española.

La relación que Juan Carlos construyó con Marruecos

La cercanía de Juan Carlos I con la monarquía marroquí comenzó antes de que Mohamed VI llegara al trono. Durante décadas mantuvo una relación personal con Hassan II, padre del actual soberano, a quien consideraba prácticamente un hermano. Aquel vínculo atravesó numerosos desacuerdos entre Madrid y Rabat, desde el Sáhara Occidental hasta la pesca y las reclamaciones sobre Ceuta y Melilla. Tras la muerte de Hassan II en 1999, el entonces rey español conservó un acceso directo a su sucesor y mantuvo una comunicación que excedía los contactos estrictamente protocolarios.

Esa confianza no impidió uno de los mayores enfrentamientos diplomáticos entre ambos países. El 5 y el 6 de noviembre de 2007, Juan Carlos I y la reina Sofía visitaron Ceuta y Melilla en el primer recorrido oficial de la Corona por las dos ciudades durante la democracia. Mohamed VI calificó el viaje como “lamentable” y “contraproducente” y llamó a consultas al embajador marroquí en Madrid, que permaneció 65 días fuera de España. La reacción evidenció que la relación personal entre los monarcas no eliminaba el conflicto territorial ni condicionaba la posición de Rabat.

Sin embargo, ambos retomaron posteriormente sus contactos. Juan Carlos viajó de manera privada a Marrakech en mayo de 2011, pocos días después del atentado cometido en una cafetería de la ciudad, y Mohamed VI acudió personalmente a recibirlo. En julio de 2013 volvieron a encontrarse durante una visita oficial de cuatro días a Rabat, la última realizada por el español antes de su abdicación. Esos antecedentes permiten entender por qué el emérito todavía considera que su vínculo con la corte marroquí puede funcionar como una herramienta diplomática, aunque actualmente carezca de competencias para utilizarla en nombre de España.

Juan Carlos I y Hassan II mantuvieron una relación muy estrecha. Documentos desclasificados apuntan a que ambos negociaron en 1975 los términos de la Marcha Verde, antes de los acuerdos que precipitaron la retirada española del Sáhara Occidental.

Felipe VI también conoce a Mohamed VI desde su juventud, pero la relación entre ambos se desarrolló de una manera más institucional. Marruecos fue uno de sus primeros destinos internacionales tras asumir el trono, en julio de 2014, y en febrero de 2019 regresó junto con Letizia para una visita de Estado. Aquel viaje constituye el último encuentro presencial público conocido entre los dos soberanos. No existen indicios de una mala relación personal, pero sus contactos nunca alcanzaron la frecuencia ni la informalidad que caracterizaron a la generación anterior y quedaron sujetos a la coordinación entre la Casa Real y el Gobierno.

Ahora, ese vínculo afrontará su momento más sensible. Durante su comparecencia del jueves 3 de septiembre ante el Congreso, Pedro Sánchez anunció que Felipe VI viajará a Ceuta y Melilla “en las próximas semanas”, aunque todavía no comunicó una fecha concreta. El presidente afirmó que la visita expresará el “compromiso absoluto del Estado” con ambas ciudades. Será el primer desplazamiento del actual monarca a esos territorios y el primero de la Corona desde la crisis de 2007. En ese contexto, la intervención informal de Juan Carlos habría introducido un segundo canal sin respaldo institucional, precisamente cuando Zarzuela y Moncloa buscan que el mensaje español frente a Marruecos tenga un único interlocutor.

La rehabilitación de Juan Carlos que nunca llegó a Zarzuela

La distancia institucional entre Felipe VI y su padre comenzó a hacerse explícita en marzo de 2020, cuando el actual monarca renunció a cualquier herencia que pudiera proceder de Juan Carlos I y le retiró la asignación anual que recibía de la Casa Real, entonces cercana a los 200.000 euros. La decisión llegó después de que diferentes investigaciones periodísticas vincularan al emérito con fundaciones y cuentas en el extranjero. Meses más tarde se instaló en Abu Dabi y quedó definitivamente apartado de cualquier función oficial, dentro de una estrategia dirigida a impedir que sus controversias económicas afectaran la continuidad de la Corona.

Esa separación institucional no significa que el vínculo familiar haya desaparecido por completo. Padre e hijo mantuvieron una larga reunión privada en Zarzuela durante el regreso temporal del emérito a España en mayo de 2022 y volvieron a coincidir en encuentros familiares posteriores. La diferencia se encuentra en la exposición pública: Juan Carlos puede visitar el país, asistir a acontecimientos privados o reunirse con sus allegados, pero permanece fuera de la agenda oficial y de los actos en los que la Casa Real representa al Estado. Incluso quedó excluido de las ceremonias institucionales por los 50 años de la restauración monárquica, aunque participó después en una reunión privada de la familia.

Felipe VI mantuvo la distancia institucional con Juan Carlos I pese a los intentos de rehabilitar públicamente la figura del emérito.

El propio exmonarca intentó reconstruir su figura mediante Reconciliación, las memorias publicadas a finales de 2025 en las que reivindicó su papel durante la Transición, reconoció algunos errores y relató su salida de España desde una perspectiva personal. La obra volvió a colocarlo en el centro de la conversación pública y recibió incluso un premio en la Asamblea Nacional francesa, pero también reabrió las tensiones familiares por sus críticas y reproches hacia integrantes de la Casa Real. Su regreso mediático no se tradujo, por tanto, en una recuperación de las funciones que había perdido.

El Partido Popular buscó avanzar un paso más en febrero de 2026. Después de la desclasificación de documentos relacionados con el 23-F, Alberto Núñez Feijóo pidió que Juan Carlos I regresara definitivamente a España y sostuvo que aquellos papeles debían reconciliar a la sociedad con quien había contribuido a detener el golpe de Estado. El dirigente reconoció los “errores innegables” del emérito, pero defendió que pudiera pasar la última etapa de su vida con dignidad en su país. Zarzuela respondió que nadie le impedía volver, aunque estableció dos condiciones para una instalación permanente: recuperar la residencia fiscal española y vivir en una propiedad privada, fuera del Palacio de la Zarzuela.

Aquella respuesta delimitó una frontera que continúa vigente. La Casa del Rey admite la presencia de Juan Carlos como integrante de la familia, pero evita reincorporarlo como representante de la institución. Por eso, su supuesto ofrecimiento para intervenir ante Mohamed VI resulta especialmente problemático: implicaría pasar de una rehabilitación personal todavía incompleta a una actuación diplomática para la que ya no posee atribuciones. El freno informado no demuestra por sí mismo una nueva ruptura entre padre e hijo, pero sí confirma la lógica aplicada durante los últimos años: Juan Carlos puede volver a aparecer, aunque no en nombre de la Corona.

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