La proximidad con Israel también aparece en sus contenidos y colaboraciones públicas. El canal ha invitado a portavoces de las Fuerzas de Defensa y ayudó a recaudar fondos para una iniciativa destinada a ofrecer comidas a soldados israelíes. Sus publicaciones son compartidas por ACOM, una organización dedicada a defender los intereses de ese país en España, y también llegaron hasta EdaTV, el medio digital español fundado y dirigido por Javier Negre. El comunicador mantiene una línea editorial ultraconservadora, respalda públicamente a figuras como Donald Trump y Javier Milei y suele amplificar posiciones favorables al Gobierno israelí.
Ninguno de esos vínculos demuestra que Estrategias Militares reciba financiación estatal ni que sus mensajes respondan a instrucciones del Ejecutivo de Netanyahu. Su responsable sostiene que el proyecto se mantiene mediante los ingresos generados en YouTube y Twitch, acuerdos comerciales y donaciones de sus seguidores. Las conexiones conocidas permiten ubicarlo dentro de un ecosistema comunicacional favorable a Israel, pero no alcanzan para presentarlo como una herramienta oficial de ese país.
El punto de inflexión llegó el 30 de julio. Desde entonces, Ceuta desplazó a Oriente Próximo como uno de sus principales asuntos y comenzó a ser presentada como el escenario inicial de una ofensiva destinada a arrebatarle la ciudad a España. Estrategias Militares sostuvo que habían cruzado 100.000 personas y que otras 20.000 permanecían en el territorio, cantidades superiores a los registros oficiales y a la mayoría de las estimaciones independientes. También describió un supuesto plan por etapas para saturar la frontera, rodear instalaciones militares y facilitar una futura toma por la fuerza.
La narración avanzó rápidamente desde el catastrofismo hacia la agitación política. El canal atribuyó a Sánchez una complicidad deliberada con Marruecos, especuló con que Rabat podía estar chantajeando al Gobierno y advirtió que la Policía sería utilizada para reprimir a los ceutíes que se resistieran. En una de sus emisiones pidió salir a las calles para “tirar este Gobierno” y sostuvo que, si Felipe VI no intervenía, tendría que hacerlo el pueblo.
A esa construcción bélica se sumó el anuncio de una supuesta epidemia de sarna que el Ministerio de Sanidad negó que existiera. En las respuestas remitidas a El País, el responsable del canal moderó considerablemente el lenguaje y explicó que sus referencias a una guerra marroquí debían interpretarse como una valoración política y estratégica, no como la descripción de un conflicto formal. Tampoco retiró sus afirmaciones centrales. El contraste expone el mecanismo utilizado: ante sus seguidores convierte las sospechas en amenazas inminentes, pero cuando debe responder por ellas las rebaja a simples interpretaciones personales.
La prensa israelí convierte Ceuta en un juicio contra Sánchez
Estrategias Militares no actuó dentro de una conversación completamente aislada. El lunes 31 de agosto, Sánchez denunció en la Cadena SER que la crisis había sido aprovechada por “redes sociales asociadas tanto a Rusia como a Israel” y por una corriente ultraderechista internacional interesada en utilizar la inmigración para dividir España y Europa. El presidente vinculó esa ofensiva con su postura sobre Gaza, aunque aclaró que hablar de cuentas alineadas con determinados países no equivalía a responsabilizar directamente a sus gobiernos.
La respuesta desde Jerusalén fue inmediata. El ministro israelí de Exteriores, Gideon Sa’ar, acusó al mandatario de “mentir descaradamente” y sostuvo que pretendía trasladar hacia el exterior la responsabilidad por su gestión de Ceuta. Esa contestación oficial proporcionó un marco que distintos medios israelíes comenzaron a reproducir con diferentes grados de intensidad: Sánchez ya no aparecía como el jefe de un Gobierno enfrentado a una emergencia fronteriza, sino como un dirigente que culpaba a Israel para ocultar su propio fracaso.
Uno de los ejemplos más significativos fue Globes, uno de los principales diarios económicos de Israel. El periódico afirmó que el presidente había adoptado teorías antisemitas difundidas previamente por sectores de la izquierda española, remarcó que no presentó pruebas sobre una intervención israelí y lo acusó de eximir simultáneamente a Marruecos. Israel Hayom, de orientación conservadora, siguió una línea parecida al presentar sus declaraciones como el intento de encontrar responsables externos mientras miles de migrantes continuaban en la ciudad autónoma.
El tono fue todavía más agresivo en portales vinculados con la derecha religiosa. Kikar HaShabbat describió a Sánchez como un presidente acorralado por la “conquista de Ceuta” que había encontrado a quién responsabilizar y calificó sus palabras como una ofensiva diplomática contra Jerusalén. Srugim aseguró posteriormente que había retrocedido ante el Congreso, pese a que el jefe del Ejecutivo no retiró su denuncia sobre la amplificación digital. Por su parte, Bizportal encabezó su cobertura subrayando que las acusaciones se realizaron sin pruebas públicas y presentó el episodio como otro capítulo del enfrentamiento abierto por Gaza.
Los medios no poseen el mismo peso, tampoco utilizaron exactamente los mismos argumentos y no existen elementos para afirmar que respondieran a una conducción común. Lo que sí aparece es una convergencia narrativa. Estrategias Militares convirtió Ceuta en una guerra, el Gobierno israelí acusó a Sánchez de mentir y parte de la prensa de ese país transformó la crisis en un juicio sobre su legitimidad política. En ese recorrido, el mensaje terminó enlazando con sectores conservadores españoles y estadounidenses que ya lo cuestionaban por Palestina, la inmigración, su relación con Trump y el gasto militar.
El fenómeno muestra cómo opera una derecha cada vez más conectada internacionalmente sin necesidad de recibir las mismas órdenes. Cada actor adapta el conflicto a su propia audiencia, pero todos terminan empujando una imagen similar: la de un Gobierno progresista aislado, incapaz de proteger sus fronteras y dispuesto a señalar enemigos externos para sobrevivir. Ceuta dejó así de ser únicamente una emergencia española y pasó a convertirse en otro campo de batalla dentro de la ofensiva política global contra Sánchez.
Sánchez lleva Ceuta a Bruselas y abre otra disputa por el relato
Mientras la discusión sobre el origen de la crisis continúa contaminada por acusaciones, desinformación y presiones diplomáticas, Sánchez intentó modificar el eje con una propuesta de largo alcance. Durante su comparecencia del jueves en el Congreso, anunció que España solicitará que Ceuta sea reconocida como región ultraperiférica de la Unión Europea, una categoría que permitiría adaptar las políticas comunitarias a las dificultades económicas y geográficas particulares de la ciudad.
Ese régimen ya protege a nueve territorios alejados del continente, entre ellos Canarias, Madeira, Azores y diferentes regiones francesas de ultramar. La incorporación permitiría acceder a partidas específicas del presupuesto europeo, ampliar las ayudas estatales y obtener condiciones diferenciadas en ámbitos como la fiscalidad, la agricultura, la pesca, el transporte y las políticas de cohesión. Para Moncloa, supondría además reforzar la condición de Ceuta como frontera comunitaria y repartir entre los socios europeos parte del esfuerzo que actualmente soporta España.
El recorrido institucional será mucho más lento que el anuncio político. Ceuta no reúne todas las características que comparten las actuales regiones ultraperiféricas y su incorporación exigiría modificar los tratados europeos, conseguir la unanimidad de los 27 Estados y superar posteriormente sus respectivos procesos de ratificación. La iniciativa podría tardar años y abrir reclamos similares de otros territorios, aunque existe un antecedente que favorece parcialmente al Gobierno: la Guayana Francesa tampoco es una isla.
Por eso, su primer efecto probablemente será comunicacional antes que económico. Sánchez busca responder a la imagen de una Ceuta abandonada con un proyecto que comprometa a toda Europa y transforme la crisis en una discusión sobre inversión, desarrollo y protección de las fronteras exteriores. La oposición, en cambio, dispone de argumentos para presentarlo como una promesa lejana frente a problemas que exigen soluciones inmediatas.
La reacción del entramado mediático analizado será otro indicador de esa disputa. Al cierre de esta nota todavía no existe una respuesta coordinada de los portales israelíes o proisraelíes ante la propuesta, pero su tratamiento permitirá comprobar si mantienen la estrategia de interpretar cada decisión sobre Ceuta como una señal de rendición, provocación o conflicto inminente. Mucho antes de que Bruselas decida sobre su viabilidad, el proyecto deberá atravesar el tribunal acelerado de unas redes que ya convirtieron la ciudad en un campo de batalla político.
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