Las investigaciones sugieren que el mal funcionamiento del sensor de ángulo de ataque comunicaba datos erróneos que activaron la función que inclinó la nave para abajo y en consecuencia desestabilizó a los pilotos.
En un principio fue la falta de del dispositivo que permite a los pilotos saber si uno de los sensores del ángulo de ataque no está funcionando, ya que la empresa lo ofrecía como opcional a las distintas aerolíneas por una cuestión de ahorro.
Luego, hace una semana, fue la desconexión del sistema que informaba anomalías en los sensores sin comunicar a los clientes. Y hoy, el episodio de desinformación más terrible, la empresa sabía de todos los mal funcionamientos, pero nunca los dio a conocer.
“Ni el indicador del ángulo de ataque ni la alerta de desacuerdo ,AOA ,son necesarios para la operación segura del avión”. “Solamente entregan información suplementaria, y nunca se han considerado características de seguridad en aviones de transporte comercial”, insitió Boeing
Por su parte, la Junta de Revisión de Acción Correctiva de la FAA dijo que: "una comunicación oportuna o temprana de Boeing con los operadores habría ayudado a reducir o eliminar posibles confusiones", explicó para luego informar a cerca de los tiempos del Boeing 737 MAX para regresar al servicio. Aunque al parecer será algo difícil volver a ganar la confianza de aerolíneas y pasajeros.
En el mismo informe, Boeing explicó que está previsto que los reguladores hagan para la semana que viene las primeras pruebas a la actualización del sistema informático que gobierna el MCAS. Aunque algunos analistas aseguran que no van a volver hasta, por lo menos, septiembre.
En tanto, el 4/05 otro Boeing 737 MAX de la aerolínea Miami Air International cayó al río Saint Johns en Florida tras salirse de la pista durante el aterrizaje. Si bien no hubo víctimas fatales, 143 personas, la mayoría de ellos militares, terminaron en el agua y 21 tuvieron que ser trasladados al hospital. Si bien la compañía se excuso vía Twitter, ya no hay nada que la salve.