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El cálculo legal de Assange

Mientras Ecuador se toma su tiempo para decidir la suerte del fundador de Wikileaks tras su solicitud de asilo en la embajada de Ecuador en Londres, realizando las consultas externas e internas prometidas, y con el mismo Julian Assange pidiendo garantías diplomáticas a Suecia, algo parece claro: el panorama aparece sombrío, cuanto menos, para el hacker austriaco, por lo que una buena ingeniería legal es imperante.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Mientras Ecuador se toma su tiempo para decidir la suerte del fundador de Wikileaks tras su solicitud de asilo en la embajada de Ecuador en Londres, realizando las consultas externas e internas prometidas, y con el mismo Julian Assange pidiendo garantías diplomáticas a Suecia, algo parece claro: el panorama aparece sombrío, cuanto menos, para el hacker austríaco. 
 
Las autoridades ecuatorianas se tomarán el tiempo que sea necesario para estudiar el pedido de asilo político, solicitado por Julián Assange. Así que por el momento han abierto un compás de espera, para revisar el tema desde los puntos de vista judicial, político y diplomático. El fundador de Wikileaks se mantiene refugiado en la Embajada de Ecuador en Londres, desde el martes pasado (21/06). Ayer (25/06), el canciller Ricardo Patiño apuntó que no hay un plazo “perentorio” o una fecha máxima para que el australiano se mantenga en la delegación diplomática. “Hay personas que han quedado asiladas en embajadas un día, 20 días, cinco años...”. Esta declaración la hizo al salir de la reunión que mantuvo con el presidente Rafael Correa, la embajadora Ana Albán, Alexis Mera, secretario jurídico, y el vicecanciller Marco Albuja, en el Palacio de Carondelet.
 
Assange cree que su seguridad corre peligro y solicitó la protección de Ecuador en las postrimerías de un juicio de extradición a Suecia, donde se lo acusa de delitos sexuales. Él se mantenía en libertad condicional, que rompió al solicitar el asilo. Ayer, el austriaco fue entrevistado por el Sydney Morning Herald. Dijo que si USA, por ejemplo, pudiera garantizar el abandono de la indagación ante el Gran Jurado y cualquier otra investigación sobre las actividades de Wikileaks, sería una garantía importante. “Los compromisos diplomáticos tienen peso seguro”.
 
Se refiere a los rumores que fueron la causa que motivaron la decisión de pedir asilo en la embajada de Ecuador. Algo que parecía un tanto extraño al principio (Rafael Correa no es, después de todo, el gran paladín de los derechos de la prensa libre), resulta cada vez mas evidente ser el resultado de una pensada estrategia legal. 
 
Es ya bien sabido que la decisión de Assange de luchar sin descanso contra la extradición a Suecia se basa en su temor de que una vez en ese país sea extraditado a USA. Según informes de prensa, un gran jurado secreto en Virginia estaría investigando los delitos llevados a cabo por Assange y su organización, aunque el alcance de la causa es desconocida.
 
Sobre la base de un examen de los acuerdos que rigen la extradición entre Suecia y USA, el futuro legal de Assange es probable que encienda la naturaleza de esa acusación. Y debido a la naturaleza de la acusación -que sigue siendo desconocida-, la decisión de Assange de solicitar asilo es nada menos que una brillante estrategia de minimización del riesgo.
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El acuerdo de extradición entre Suecia y USA, firmado por primera vez en 1961 y actualizado en 1983, prohíbe la extradición sobre la base de un "delito político" o "un delito conexo con un delito político". El tratado no define explícitamente lo que constituye un delito político, y si las autoridades estadounidenses piensan solicitar la extradición de Assange, que tome la decisión final probablemente sea el Tribunal Supremo de Suecia.
 
Algunos de los críticos más vehementes de Assange, incluida la senadora estadounidense Dianne Feinstein (demócrata, por California), han pedido al Departamento de Justicia que acuse a Assange con la Ley de Espionaje de 1917 en la mano. Pero si Assange fuera acusado de espionaje, su extradición caería inmediatamente. Wallentheim Uif, el director de la división de causas penales y cooperación judicial internacional del Departamento de Justicia de Suecia, se negó a comentar sobre el caso Assange, pero dijo que la jurisprudencia sueca define claramente al espionaje como un delito político.
 
Suecia y USA tienen una limitada historia de extradiciones, y algunos observadores han argumentado que si USA tratase de extraditar a Assange de Suecia, las autoridades estadounidenses sería capaces de intimidar con facilidad a los suecos para que entregue al preciado fugitivo.
 
En este punto, la historia reciente ofrece ejemplos contradictorios. En 1992, Suecia rechazó una solicitud de extradición de Edward Lee Howard, quien fue el único agente de la CIA en desertar a la Unión Soviética. Howard era buscado acusado de espionaje, pero los suecos rechazaron la solicitud estadounidense, citando la norma que prohíbe la extradición por motivos políticos. En 2002, sin embargo, Suecia colaboró con USA con la entrega extraordinaria de 2 sospechosos egipcios de terrorismo que se encontraban en Suecia en busca de asilo.
 
Así que si USA decidiese solicitar la extradición de Assange a Suecia-si alguna vez este llegase allí, si tienen éxito- dependerá en gran parte de lo que cargos se formulen finalmente contra Assange. Perseguir a Assange con la Ley de Espionaje, probablemente no haga nada por llevar al hombre ante un tribunal estadounidense. El Departamento de Justicia, es de suponer, es consciente de este hecho y tratará de presentar cargos contra Assange un tanto más creativos u originales.
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Sin embargo, evitar una acusación explicita por espionaje no significa de manera alguna luz verde para la extradición. De acuerdo con Wallentheim, los tribunales suecos suelen tener poco interés en la forma en un delito determinado se etiquetado durante el proceso de extradición. Por el contrario, los tribunales suecos tienden a examinar en detalle las denuncias de irregularidades presentadas contra Assange y usarán eso como base para evaluar si los cargos presentados contra Assange constituyen un delito político.
 
Esa es una buena y mala noticia para Assange. Por un lado, significa que será capaz de oponerse enérgicamente a la extradición a USA, probablemente allanándose el camino hasta el mismo Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Pero por otro lado, las autoridades estadounidenses tienden a ejercer una enorme presión política sobre Suecia para que falle a su favor. Si bien los tribunales de Suecia se caracterizan por un alto grado de independencia, ante lo que está en juego, es prudente decir que cualquier cosa puede pasar. 
 
Y eso es probablemente lo que más preocupa a Assange. Según Cherif Bassiouni, profesor de la Facultad de Derecho de DePaul y experto en derecho internacional, la falta de precedentes judiciales en Suecia en relación con las solicitudes de extradición de USA, probablemente significa que los tribunales suecos acudan a su jurisprudencia más consolidada en materia de extradiciones. Bassiouni, quien ha defendido casos de extradición entre Suecia y USA, dijo que cree que los tribunales suecos apuntaran a su experticia con sus vecinos nórdicos, todos con requisitos muy bajos para conceder launa extradición. 
 
Alisa Finelli, portavoz del Departamento de Justicia, declinó hacer comentarios sobre los últimos casos de extradición entre Suecia y USA.
 
Su mejor apuesta, evidentemente, es Rafael Correa. Porque si algo hay de “político” en su tema judicial, pues mejor que lo sepa usar en su defensa. Y eso es lo que esta haciendo encerrado en una precaria oficina de una embajada en Londres, debatiéndose entre la vida, la muerte, y el show (ver nota relacionada). 
 
Puede ser ejecutado en USA, o seguir los pasos del cardenal húngaro Jozsef Mindszenty quien pasó 15 años encerrado en una embajada. O puede terminar en una playa caribeña. Todo está sobre la mesa para Assange. Sólo que ya no depende de él. 

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