Como el de Alemania, Italia y gran Bretaña, el sistema de asilo de Francia está al borde del colapso. No hay suficiente espacio para albergar a las 100.000 personas sin hogar que viven en París y sus alrededores ni en los 10 albergues temporales que creo el gobierno en todo el país el año pasado.
Otra realidad
Los reporteros visitaron campamentos callejeros, edificios abandonados y refugios de emergencia en París y Orleans, Francia y hablaron con decenas de “ homeless” funcionarios públicos y proveedores de alojamiento de emergencia.
Los migrantes consultados por el diario norteamericano aseguraron que se les había prometido vivienda en otro lugar, pero terminaron en calles desconocidas lejos de casa o señalados para una eventual deportación.
“Nos expulsaron a causa de los Juegos Olímpicos”, explicó Mohamed Ibrahim, de Chad, quien fue desalojado de una fábrica de cemento abandonada cerca de la Villa Olímpica. Un autobús los llevó dos horas al suroeste, a un pueblo a las afueras de Orleans.
Otro, Oumar Alamine, de la República Centroafricana, que padecer la misma situación, explicó: “Te dan un billete al azar. Si es un billete a Orleans, vas a Orleans”.
Como anfitrión de los Juegos Olímpicos, Francia el año pasado intensificó las redadas en campamentos de personas sin hogar y edificios abandonados y les prometieron realojarlas para poder reurbanizar la zona.
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Algunos inmigrantes desalojados perdieron su trabajo y su 'hogar'.
Yussuf Ahmed, refugiado sudanés que limpia aviones en el aeropuerto Charles de Gaulle, exclamó: “Nos prometieron vivienda y ayuda social. Vinieron agentes de policía. Nos rodearon”.
Según New York Times, tras llegar a sus nuevas ciudades, las personas sin hogar viven en albergues durante un máximo de 3 semanas y son examinadas para determinar si cumplen los requisitos de asilo. Quienes reúnen los requisitos pueden recibir alojamiento a largo plazo mientras solicitan asilo.
“Pero alrededor del 60 %de las personas en los albergues temporales no consiguen alojamiento a largo plazo. Varios han recibido órdenes de expulsión, por lo que algunos abogados instan a la gente a no subir a los autobuses y arriesgarse en la calle”. “Subirse al autobús es la antesal de la deportación”, dicen.
Como las viviendas de emergencia escasean, la mayoría de las personas acaban de nuevo sin hogar en una nueva ciudad o vuelven a Paris. Ahmed, desesperado por conservar su trabajo en el aeropuerto, regresó a la capital. "El edificio donde había vivido tenía ahora el acceso prohibido y estaba protegido por guardias de seguridad. Encontró otro edificio abandonado, por ahora".
Los otros inmigrantes entrevistados, Alamine e Ibrahim, decidieron quedarse. La mayoría de los días hacen la caminata de una hora a Orleans en busca de trabajo. "Las llaves de su habitación en el refugio ya no funcionan, así que entraron por las ventanas. Vuelven a ser ocupantes no autorizados", remarcó el diario estadounidense.
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