El monitoreo satelital del programa Copernicus mostró que en las últimas semanas se desprendieron enormes fragmentos del bloque principal, algunos de hasta 400 kilómetros cuadrados. Además, numerosos trozos menores, lo suficientemente grandes para representar un riesgo para la navegación, flotan dispersos en el Atlántico Sur.
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El Iceberg, conocido como “megaberg”, se redujo ahora a unos 1.700 kilómetros cuadrados (656 millas cuadradas), según Meijers, lo que equivale aproximadamente al tamaño del Gran Londres.
Andrew Meijers, un oceanógrafo físico del British Antarctic Survey (BAS), explicó que el iceberg "se está desintegrando de forma bastante dramática" mientras avanza hacia el norte. "Está básicamente pudriéndose por debajo", advirtió. "El agua es demasiado cálida para que se mantenga. Se está derritiendo constantemente". El experto prevé que este proceso continuará y que, en pocas semanas, A23a dejará de ser una estructura identificable.
Aunque la fracturación de icebergs es un proceso natural, la rapidez del A23a puso en alerta a la comunidad científica, que monitoreó el evento para entender mejor los efectos del calentamiento global en la Antártida.
NASA narra un viaje de 39 años
El satélite Aqua de la NASA capturó una imagen del A23a el 3 de mayo de 2025, a menos de 100 kilómetros de la isla Georgia del Sur, un archipiélago en el Océano Atlántico Sur. Aunque su posición se mantuvo inmóvil desde principios de marzo, su superficie se redujo considerablemente, perdiendo 360 kilómetros cuadrados en tan solo dos meses, un área comparable a dos veces la superficie de Washington D.C.
La plataforma submarina de Georgia del Sur, conocida por encallar icebergs en su camino hacia el norte, fue un punto de detención temporal para el A23a. Los científicos registraron cómo la franja de restos helados a lo largo de su lado norte fue el resultado de un "desgaste del borde" acelerado, provocado por varios días de clima cálido y soleado. Este fenómeno es uno de los tres tipos de desprendimiento de icebergs observados por satélite y demuestra la fragilidad del hielo al alejarse de las aguas antárticas.
Otro ecosistema en riesgo
El derretimiento del A23a liberó una cantidad masiva de agua dulce y minerales, lo que puede fertilizar las aguas y generar prosperidad en la vida marina. Sin embargo, los científicos se encuentran investigando los efectos a largo plazo que la liberación de agua dulce y fría podría tener en los organismos del lecho marino. Aunque el destino del A23a, al igual que el de más del 90% de los icebergs antárticos, es el deshielo, su rápida desintegración es un recordatorio de los efectos palpables del cambio climático en los polos.
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