Barnier cae
Barnier quería aprobar un presupuesto con 60.000 millones de euros de recortes de gastos y subidas de impuestos en sectores clave como electricidad, medicamentos y servicios médicos, a pesar de no contar con una mayoría en el Parlamento.
Entonces usó la herramienta constitucional, conocida como el 49.3, en honor a un artículo de la Constitución, que permite al gobierno pasar por encima de los legisladores y reescribir el presupuesto a su antojo, que abrió una moción de censura.
Le Pen explicó que sus oposición a Bernier quería proteger a "los individuos, los empresarios y los jubilados" de impuestos más altos. “No aceptaremos que el poder adquisitivo de los franceses se vea aún más amputado”, declaró en diálogo con la radio RTL. “Es una línea roja y, si se cruzara, votaríamos una moción de censura sin ningún problema”. Y así fue.
El proyecto de Berminer buscaba reducir los crecientes déficits de Francia que han alarmado a Bruselas y a los mercados financieros por igual. El déficit presupuestario de Francia, que se dirige a superar el 6% del PIB este año, ha colocado al país bajo una vigilancia inédita de Bruselas ya que ha superado los límites establecidos por la UE. La UE inició un proceso de seguimiento por "déficit excesivo", para presionarla para reducir el déficit al 3% del PIB en los próximos 5 años.
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Barnier no pudo con la crisis en Francia.
La caída del gobierno deja al presidente Emmanuel Macron frente a la peor crisis política de sus dos mandatos. El gobierno de Barnier es el segundo primer ministro derrocado, después del de Georges Pompidou en 1962. Macron no puede convocar nuevas elecciones legislativas hasta julio de 2025.
Desde septiembre que Macron atraviesa un difícil momento en Francia. Desde que convocó elecciones anticipadas en junio, que no dieron ningún resultado, el parlamento francés se ha dividido entre tres grupos sin mayoría absoluta.
Una alianza de izquierdas obtuvo la mayor cantidad de votos, pero no logró la mayoría absoluta; la agrupación centrista de Macron sufrió pérdidas, pero sigue en pie, y el partido de extrema derecha Agrupación Nacional de Le Pen ganó escaños, pero no logró llegar al poder gracias a la votación estratégica de la izquierda y el centro.
En ese septiembre Barnier, fue designado por Macron después de dos meses de parálisis política. En el mismo mes Macron enfrentó un proceso constitucional, impulsado por la izquierda radical de La Francia Insumisa (LFI) por no respetar a los que consiguieron más bancas en la elección legislativa (Nuevo Bloque Popular; Insumisos, socialistas, ecologistas y comunistas), que buscaba tumbarlo y convocar elecciones presidenciales, y luego una profunda discordia con Barnier, que ya revelaba una crisis en el ejecutivo.
El jefe de estado rechazó en aquel momento el gabinete propuesto por el Barnier que él mismo eligió como premier tras su derrota en las elecciones legislativas y en las europeas.
Ahora, a menos de un mes de terminar el año, todos es incertidumbre. Le Pen dijo que el problema es la “continuidad de Macron” cuyo segundo mandato como presidente se extiende hasta la primavera de 2027. Una parte de la izquierda y la extrema derecha pidieron su salida.
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