"Los israelíes han dejado claro que no tienen ningún conflicto con el pueblo libanés ni reclaman ningún territorio del Líbano", declaró Rubio. "Uno de los temas que se han tratado en estas negociaciones es la creación de zonas piloto: áreas específicas y definidas donde las Fuerzas Armadas libanesas pueden entrar, tomar el control y asegurar ese territorio, para luego avanzar a la siguiente zona piloto".
Según Rubio, "será un proceso. Esto no sucederá de la noche a la mañana". El secretario de Estado añadió: "Cuanto mayor sea la extensión de territorio que el ejército libanés logre controlar, menor será la presencia de Hezbolá y menor la de Israel en el Líbano".
Negativa
No obstante, el ministro de Defensa, Israel Katz, dijo poco después que Israel no se retirará de las zonas del Líbano ocupadas por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), "incluso si Estados Unidos lo exige", dejando a 200.000 residentes libaneses desplazados "que no regresarán".
"No habrá civiles ni terroristas", declaró Katz. "¿Por qué? Porque en el pasado, en zonas de seguridad donde también había población civil, se produjeron atentados con explosivos y ataques contra soldados, y por lo tanto, no lo permitimos".
"Los soldados entraron, los residentes se fueron. La infraestructura está destruida, las casas son peligrosas y están en ruinas. No nos retiraremos", dijo Katz.
"Hemos logrado avances significativos que comenzaron con un duro golpe el 7 de octubre", continuó el ministro de Defensa. "Desde entonces, todo el pueblo, el liderazgo y el ejército han actuado con gran determinación. No tengo conocimiento de ninguna situación en la que, sin ese duro golpe, alguien hubiera intervenido para desmantelar los túneles en Gaza".
Katz también afirmó que Israel tampoco se retirará de los territorios que las FDI capturaron en Siria. "Esta es la doctrina de seguridad. Las FDI deben estar en territorio enemigo y proteger a las comunidades desde dentro del mismo".
El problema es que la estrategia de ocupación de Israel es un problema para los propósitos de su protector USA, que tiene otro enfoque hoy día de la problemática en Medio Oriente.
Para comenzar, 2 de los 3 principales aliados de USA en el Golfo Pérsico, no tienen relaciones ni diplomáticas ni comerciales ni de ningún tipo con Israel y se han negado a tenerlas hasta que se retire a sus fronteras y reconozca a Palestina: Arabia Saudita y Qatar.
Hay otra cuestión impactante: el belicismo israelí no sólo es cuestión de Netanyahu sino también de casi todos sus opositores porque, tal como lo recordó Katz, es la Doctrina de Seguridad israelí, y el presente la vuelve obsoleta.
Israel no se imagina cómo relacionarse sin su poder militar. Y eso es obliga a una renovación profunda de la dirigencia política israelí que es muy difícil que suceda, al menos por ahora.
Benjamin Netanyahu
Vamos al diario Haaretz, de Tel Aviv, con firma de Joshua Leifer:
"Cuando figuras de la derecha israelí quieren dirigirse a lo que imaginan como una audiencia estadounidense comprensiva, e incluso influyente, suelen hacerlo en las páginas de la sección de opinión de The Wall Street Journal. Por ello, resultó significativo que Avigdor Liberman, líder del partido populista laico de derecha Yisrael Beitenu y, en sus propias palabras, "candidato a primer ministro", publicara a principios de esta semana un artículo de opinión en inglés en el que exponía su postura sobre el memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán y los contornos que se perfilan del acuerdo, del cual, como observó Liberman con una mezcla de frustración y desafío, Israel no forma parte.
El artículo de Liberman no tiene nada de novedoso ni sorprendente . En su mayor parte, se trata de las típicas lamentaciones de la derecha sobre las deficiencias del acuerdo: que ha envalentonado a Irán y fortalecido a los sectores más intransigentes de la República Islámica, ha dejado intacto su programa de misiles, ha allanado el camino para un ataque nuclear y ha consolidado el control de Irán sobre el sur del Líbano a través de Hezbolá.
Sin embargo, su previsibilidad también la convierte en un ejemplo paradigmático de la bancarrota estratégica e ideológica de un sector importante de la oposición anti-Netanyahu.
Para resolver los problemas derivados de la fallida guerra conjunta entre Estados Unidos e Israel en Irán, Liberman propone que Israel ejerza una fuerza aún mayor y más desenfrenada:
arrasar más edificios en Beirut en respuesta a los ataques de Hezbolá;
destruir la terminal petrolera de la isla de Kharg y el puerto de Bandar Abbas si Irán vuelve a atacar a Israel; y,
la propuesta más original de Liberman, desarrollar un cuerpo de misiles balísticos iraní a gran escala con un arsenal de decenas de miles de misiles, cohetes y drones.
Liberman está lejos de ser la única figura de la oposición anti-Netanyahu que ataca al primer ministro por no ser lo suficientemente beligerante mientras Estados Unidos e Irán intentan llegar a un acuerdo.
Naftali Bennett, ex primer ministro y actual líder del partido Beyahad, ha prometido que redoblará sus esfuerzos para lograr un cambio de régimen en Teherán si regresa al poder.
Otros candidatos se han apresurado a denunciar a Netanyahu por permitir que el presidente estadounidense Donald Trump "atara las manos de las FDI" en el sur del Líbano, como si la verdadera razón por la que Israel no ha podido diezmar a Hezbolá hasta ahora —y la razón por la que la guerra de Irán no logró derrocar a la República Islámica ni siquiera desmantelar su programa nuclear— fuera que el margen de maniobra de Israel ha sido demasiado limitado.
Oposición en crisis
Algunos de los líderes de la actual oposición anti-Netanyahu son abiertamente de derecha. Bennett es un expresidente del Consejo de Yesha, la organización que agrupa a los asentamientos israelíes en Cisjordania; Liberman fue considerado en su momento una de las figuras más extremistas de derecha en la política parlamentaria, tristemente célebre por sus escandalosas declaraciones racistas y antiárabes, antes de su ruptura con Netanyahu.
Otros, en cambio, como Gadi Eisenkot e incluso Yair Lapid, han hecho declaraciones en el pasado que sugieren que reconocen que la solución al problema actual de Israel no puede ser simplemente el despliegue de una violencia aún mayor y más descontrolada. Durante el documental sobre Eisenkot emitido el mes pasado en el Canal 12, por ejemplo, el exjefe de las FDI —quien se ha convertido en el principal rival de Netanyahu— reconoció tímidamente que ninguna cantidad de poder aéreo podría lograr derrocar a la República Islámica.
Sin embargo, su temor a ser vistos como pacifistas —o, peor aún, como izquierdistas— les ha impedido hasta ahora reconocer lo que se ha vuelto evidente: la dependencia exclusiva de Israel de los medios militares, sustentada en la creencia de que la violencia abrumadora siempre supera a la diplomacia, ha fracasado.
Y eso es una lástima, porque en el ocaso del actual gobierno de Netanyahu, con el rotundo fracaso de la estrategia israelí en Irán, Líbano y Gaza a la vista de todos, existe tanto una oportunidad política como un imperativo moral para un líder dispuesto a decirle al público israelí la cruda verdad sobre lo sucedido y proponer un cambio de rumbo, en lugar de contribuir a que la ciudadanía se hunda aún más en el engaño y la negación. Quienes aspiran a reemplazar a Netanyahu también deben repudiar la lógica del primer ministro que condujo a Israel a la crisis actual y atreverse a ofrecer una alternativa."
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