Hasta ese momento la epidemia atacaba severamente al continente asiático, en especial a China, mayor importador de petróleo, y la caída del precio del petróleo impactaba a USA, mayor exportador del crudo no convencional, que se extrae por 'fracking', actividad que por su costo de explotación era financiada por la banca estadounidense, que -con el nuevo nomenclador- podría ser muy afectada patrimonialmente por impagos de sus deudores petroleros.
El precio del petróleo, diferente a los recientes 4 años cuando aumentó a US$ 70 el barril, había provocado grandes problemas sociales globales tanto por el precio de los combustibles como el costo energético hogareño. Pero también había provocado grandes 'apalancamientos' financieros para sostener una actividad tan onerosa como es la del 'shale'.
Los daños a las 2 mayores economías del mundo -casi un 50% del PBI mundial-, era inevitable (China por conavid-19 y USA por el descalabro de bancos acreedores del 'fracking'), anticipaban una gran recesión que, por otro lado, podría -en forma indirecta- licuar a un mundo sobreendeudado, para alivio de los dirigentes promotores del 'Yo No Fui', sin tener en cuenta el pánico global provocado por la incertidumbre.
No obstante, evaluado ahora y en términos globales, y más allá de la mortandad que está provocando el virus, es posible avizorar que hay luz al fondo del túnel.
Un ejemplo al pasar: por año mueren en accidentes de tránsito aproximadamente 1,5 millón de personas. De mantenerse las restricciones globales por 6 meses, hasta que el virus sea asimilado por los seres humanos y convertirse en un antivirus, con transito vehicular reducido al 20%, la mortandad por accidentes de tránsito podría bajar, por lo menos, en 500.000 personas.
Si se mantiene la velocidad de los fallecidos por el virus, tendríamos como máximo, según USA, unas 200.000 víctimas mortales fallecidas. El resultado de la cuenta es obvia.
En nuestro territorio, los accidentes de tránsito fatales llegan a 8.000 anuales. Pero con las rutas sin vehículos, también habrá una fuerte baja de esos fallecimientos.
Entonces, en 1 año podremos verificar cuánto descendió la mortandad a causa de la cuarentena.
De paso habría que sumarle la neutralización del daño por 'efecto invernadero' a causa del menor consumo de combustibles fósiles.
Por lo tanto, una conclusión: el miedo puede ser un buen consejero, en especial en aquellos países en los que las leyes han sufrido una devaluación de su poder, pero cuidado con el miedo, porque cuando se transforma en pánico pierde todas sus virtudes.