Expresión del enojo libertario fue Soledad Molinuevo.
El rostro visible de la protección política de los violentos fue Darío Monteros, ministro del Interior de Jaldo.
El gobernador calificó los posteos de Molinuevo como "injuriantes y falaces", y la acusó de utilizar influencers para ejecutar campañas de agresión sistemática contra su figura y contra legisladores oficialistas.
¿A qué se le llama "injuriantes y falaces"? De pronto, Jaldo intenta convertir al peronismo tucumano en un liceo de señoritas. Y el juez Cagna trae los uniformes y el maquillaje.
¿Pruebas aportadas por Jaldo? Insuficientes. Pero para Cagna, todo es posible.
El expediente 1.388/26 exige que la diputada se retracte públicamente y cese en sus actitudes de hostigamiento. Lo de la retractación no prosperó pero Cagna sí reclamó el borrado, dando por probada la acusación de Jaldo. Muy grave que prospere semejante desatino. Jaldo es un contador público pero Cagna es un magistrado, aunque no lo parezca.
Detrás de Jaldo, Monteros envió una carta documento a Molinuevo.
Para Jaldo y Monteros, Molinuevo cruzó el límite de la inmunidad parlamentaria al utilizar plataformas digitales para "agredir".
Pamplinas de autoritarios. ¿Quién dijo que que es correcta la apreciación de los funcionarios? Obviamente es un caso de censura que intenta ocultar la cuestión de fondo: Tucumán recibió el dinero y 'se lo fumó' entre José Alperovich, Juan Manzur y Osvaldo Jaldo.
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