Literalmente los órganos se deterioran cuando chocan dos emociones en el mismo evento: la del amor y la del odio", explica el especialista mexicano.
Las bases biológicas que relacionan la vejez con patologías vinculadas serían el envejecimiento celular, ya que las células pierden capacidad de regenerarse y repararse con el tiempo; la inmunosenescencia, que es cuando el sistema inmunológico se debilita y defiende menos contra infecciones; el desgaste acumulado, debido a que el uso continuo daña articulaciones, arterias y órganos durante décadas, y la menor reserva homeostática, que se manifiesta cuando al cuerpo le cuesta más recuperar el equilibrio tras el estrés o la enfermedad.
Como factores externos y patológicos de una convergencia entre envejecimiento y enfermedades califican la dieta, el sedentarismo y el tabaquismo acumulados, más dañinos que los años, las enfermedades específicas, como diabetes, el Alzheimer o el cáncer constituyen patologías, no etapas normales del desarrollo; la falta de prevención, ya que muchos problemas surgen por la insuficiencia de controles médicos regulares a lo largo de la vida, y el entorno social, como el aislamiento, la pobreza y la depresión que afectan directamente la salud física.
Los cables pelados
"Están los que sufrieron un abuso y lo guardaron muchos años; los que no quieren estar con su pareja pero siguen por el qué dirán, por los hijos", fundamenta Hernández.
"Si tengo alegría y culpa al mismo tiempo, se trata siempre de que son dos emociones que chocan; es como cruzar polaridades eléctricas", compara.
La normalización de una enfermedad en la vejez es consecuencia de diagnósticos tardíos, cuando se ignoran síntomas de alarma pensando que "es normal por los años" ante tratamientos insuficientes, al ofrecerse menos esfuerzo terapéutico o rehabilitación a pacientes mayores y por la pérdida de autonomía cuando el dolor o la movilidad reducida tratables terminan postrando al paciente.
Para diferenciar el envejecimiento normal de una señal de alerta, la clave es evaluar la velocidad de aparición, la gravedad y el impacto en la autonomía de la persona. Mientras los cambios normales son graduales y permiten la adaptación, las patologías irrumpen de forma brusca o incapacitante.
Cambios cognitivos y memoria
Olvidar un nombre o dónde se dejaron las llaves pero recordarlo más tarde, se atribuiría a un envejecimiento normal, en tanto debería preocupar perderse en lugares conocidos, repetir la misma pregunta o desorientarse en tiempo y espacio.
Puede considerarse normal caminar de manera un poco más lenta o sentir rigidez leve al levantarse, no así sufrir caídas frecuentes, perder el equilibrio al estar de pie o sentir debilidad repentina en un lado del cuerpo.
Es previsible que se necesite más luz para leer o experimentar una pérdida progresiva de audición de tonos agudos, pero sería preocupante que se vean manchas oscuras, destellos, perder la visión central súbitamente o dejar de responder a los estímulos sonoros.
No es lo mismo sentir un cansancio lógico al final del día o tras un esfuerzo físico moderado, que sufrir fatiga extrema crónica, pérdida total del interés en actividades cotidianas, aislamiento o tristeza persistente.
Sería normal una disminución leve del apetito debido a un metabolismo más lento y menor actividad, en contraste con la pérdida de peso involuntaria y rápida, o dificultad severa para tragar los alimentos de forma continua.
Terapias para la Tercera Edad con enfermedades físicas y cognitivas.
IG
“A medida que envejecemos, podemos esperar cambios en cosas como la atención, la velocidad de procesamiento y el aprendizaje. Pero si bien pueden ser molestos, no interfieren con la vida cotidiana”, dijo Heather Mulder, directora asociada de programas de extensión del Banner Alzheimer's Institute.
Por ejemplo, muchas personas notan problemas para recordar información o detalles. Pero eso no siempre significa que el culpable sea el deterioro cognitivo. Perder el coche en un estacionamiento puede parecer un problema de memoria a corto plazo. “¿Pero realmente prestaste atención a dónde lo dejaste? ¿O estabas hablando por teléfono o repasando tu lista de tareas pendientes mientras te alejabas? Ni siquiera permitiste que tu memoria guardara la información porque, en primer lugar, no prestaste atención”, dijo Mulder.
¿Tobogán empinado o descenso suave?
Desde un punto de vista biológico, el envejecimiento es el resultado de la acumulación de una gran variedad de daños moleculares y celulares a lo largo del tiempo, lo que lleva a un descenso gradual de las capacidades físicas y mentales, a un mayor riesgo de enfermedad y, en última instancia, a la muerte.
Entre las afecciones más comunes de la vejez están la pérdida de audición, las cataratas y los errores de refracción, los dolores de espalda y cuello, la osteoartritis, las neumopatías obstructivas crónicas, la diabetes, la depresión y la demencia.
A medida que se envejece aumenta la probabilidad de experimentar varias al mismo tiempo.
Los entornos físicos y sociales pueden afectar a la salud de forma directa o a través de la creación de barreras o incentivos que inciden en las oportunidades, las decisiones y los hábitos relacionados con la salud.
La situación tanto psicofísica como social a la que se llega a la Tercera Edad es una preexistencia tanto o más grave en cuanto a riesgos que la historia clínica.
Facebook
La actividad fisica y cognitiva, la dieta, el descanso, las relaciones sociales, ralentizan el proceso biológico de envejecimiento, pero las enfermedades que vienen de arrastre ameritan dedicarle atención, sin que nada tenga que ver con nada.