Un 40% de las encuestadas dijeron tener miedo a las consecuencias, y un 25% indicó tener temor directo a recibir amenazas. Un 40% de las encuestadas dijeron tener miedo a las consecuencias, y un 25% indicó tener temor directo a recibir amenazas.
En segundo lugar, el factor inhibidor más importante es tener hijos/as o personas a cargo.
La dependencia económica como factor del silencio
El rol de cuidadoras socialmente asignado a las mujeres, suele actuar como intensificador y diversificador de la violencia de género. Para muchas de ellas, la dependencia económica y el cuidado y protección de otras personas, las coloca en una situación de extrema vulnerabilidad ante la violencia de género.
3 de cada 10 mujeres declararon no poder tomar decisiones respecto del manejo del dinero, o hacer uso de él libremente.
Esto se dio con mayor frecuencia entre aquellas que trabajan de manera informal (39%).
Asimismo, a la hora de pedir ayuda, el 26% de las mujeres sintieron que no iban a poder subsistir económicamente.
El informe destaca que muchas veces esta situación es propiciada por el mismo agresor, quien rechaza que la mujer trabaje por fuera del ámbito doméstico contribuyendo a la dinámica de aislamiento, y, al mismo tiempo, le restringe el acceso al dinero que solo él produce.
A propósito de esto, Ana Inés Álvarez, Directora Ejecutiva de Fundación Avon., explica:
“Es importante entender que esa violencia económica atenta contra la autonomía económica de esa mujer y de la familia o las personas que tenga bajo su cuidado. Atenta contra la posibilidad de pensar autónomamente un proyecto de vida libre de violencias, de pensarse alejadas de esa persona”.
La cuota alimentaria como amenaza
En este sentido, el informe destaca que el 64% de las mujeres que se divorciaron manifestaron que sus ex parejas no cumplen con la responsabilidad del pago de la cuota alimentaria, afectando directamente el derecho de sus hijos/as.
Ya sea que esté económicamente activa o en directa dependencia económica, sienten temor a que la pareja o ex pareja tome represalias en el ámbito económico al denunciarlo o pedir ayuda.
Esto genera mayor incertidumbre entre aquellas que son madres ya que la negación de la cuota alimentaria suele presentarse a quienes son madres como una estrategia de manipulación utilizada para dar continuidad a la violencia.
De este modo, los hijos/as pueden pasar a ser un vehículo de la reproducción de la violencia de género luego del pedido de ayuda.
“La cuota alimentaria muchas veces se vuelve una forma de continuar ejerciendo sobre ella esa violencia que probablemente sucedía en el contexto de la pareja y que alguna manera busca dar un mensaje: de quién manda, de quién controla, de quién decide que se hace y que no se hace y no solo de ella sino también de las personas que que tiene a cargo”, finaliza Ana Inés Álvarez.
Fuente: Fundación Avon
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