Es decir, que si una persona huele papas fritas o aros de cebolla fritos contenta su apetito y puede satisfacer su hambre con una ensalada o una fruta.
"El aroma ambiental puede ser una herramienta poderosa para resistir los antojos de determinados alimentos. De hecho, los estímulos sensoriales sutiles como los olores pueden ser más efectivos para influir en las elecciones alimentarias de niños y adultos que las políticas restrictivas", explicó el autor Dipayan Biswas, profesor de mercadotecnia de la Universidad de South Florida College of Business.
Lo más importante para lograr la saciedad es el tiempo de exposición a la comida. Los investigadores pusieron un nebulizador de aroma que desprendía, por separado, el olor de alimentos saludables, como las fresas o las manzanas, y otros más perjudiciales para nuestra salud, como las galletas o la pizza.
La parte de la muestra que estuvo expuesta al olor de la comida chatarra no quisieron comer los alimentos después de olerlos, pero sí optaron por la fruta. Los del otro grupo sí quisieron comer la comida basura.