Pasarse por alto el desayuno implica que, unas horas más tarde, se desarrolle mucha hambre y, en esa desesperación, se elige por una opción poco saludable. Es recomendable que primera hora de la mañana se coma un cereal integral o fruta y yogur bajo en grasa.
No comer por la noche
La última comida del día debe ser la cena, ya que son normales los atracones de medianoche. Asegurarse de lavarse los dientes apenas se termina de cenar, así uno no se tentará tanto de comer algo más tarde.
Comer despacio
Según estudios, las personas que mastican más rápido tienen un 115 % más de probabilidades de ser obesos que los que comen lentamente. Los expertos recomiendan masticar un trozo de comida unas 32 veces antes de tragarlo, exceptuando los alimentos más blandos o a base de agua.
Tres comidas al día
Lo ideal es realizar tres comidas y de una cantidad moderada. Un estudio publicado en la revista Hepatology señaló que comer entre comidas aumenta la grasa abdominal y los investigadores sugieren que tres comidas al día es la medida justa.
Platos más chicos
Reducir las raciones en torno al 10-20 % hará que se pierda peso sin darse cuenta de que se come menos. Otra forma puede ser intentar no llenar hasta arriba el plato y sentir la obligación de terminarse todo.
Eliminar la sal
Un estudio español publicado en la revista Nutrición Hospitalaria descubrió que el consumo sodio puede estar relacionado con el aumento de peso. Por otro lado, la sal en exceso puede hacer que el organismo retenga líquidos, lo que producirá hinchazón en la cara y los ojos.
Proteínas
Las proteínas aumentan los niveles de saciedad, por eso es recomendable consumirlas más. Si se comen platos con proteínas, la persona se sentirá más satisfecha y será menos probable que coma snacks o golosinas poco saludables.
Tomar más agua y evitar las gaseosas, inclusive las light
Un estudio publicado en Obesity indicó que tomar medio litro de agua antes de las comidas más importantes del día reduce el hambre y la ingesta de calorías. Pero que sea agua, ya que las gaseosas y refrescos azucarados contienen una multiplicidad de calorías.
Los edulcorantes artificiales "engañan" al metabolismo al pensar que en realidad está ingiriendo azúcar y aumentan así la insulina, que se almacena en su cuerpo como grasa abdominal, según una investigación publicada en el Journal of the American Geriatrics Society.