Para eso, realizaron un estudio con una muestra de mujeres sanas que no seguían ningún tipo de dieta, para determinar si la saciedad dependía del contenido calórico de las bebidas a base de leche que les daban para tomar o si dependía de la cantidad.
La conclusión fue la siguiente: "El volumen de la comida tiene una mayor influencia en las sensaciones de satisfacción y saciedad que experimenta una persona, mucho más que el contenido calórico".
Un estudio de la Universidad y Centro de Investigación de Wageningen, en Holanda, agregó a este punto que, aunque un " mayor contenido calórico conlleva un paso más lento de la comida por el tracto gastrointestinal, la viscosidad de dichos alimentos es más importante para aumentar la sensación de saciedad".
Sin embargo, no existen muchos líquidos los suficientemente viscosos para andar tomándolos todo el día. De todas formas, aquí hay algunas opciones que sirven para engañar a nuestro organismo.
Café y té: Estas infusiones clásicas nos acompañan en el desayuno y la merienda. Pero también sirven para tomarlas entre comidas, para reducir el hambre. Si les añadimos leche, el contenido calórico de esta nos saciará incluso más.
Líquidos que parecen sólidos. Un ejemplo es la sandía, que está compuesta por un 95% agua. Ese 5% restante hará que se forme un puré súper líquido en el estómago, por lo que la velocidad a la que discurre por el tracto digestivo disminuirá.
Gaseosas: Siempre elegir las opciones sin azúcar o 'light', si lo que se busca es bajar de peso. Su viscosidad es mayor de lo que parece.
Jugos de fruta: Tienen suficientes calorías como para tener un buen efecto saciante. Mejor todavía si tiene pulpa. El jugo de manzana, por ejemplo, tiene pectina, un gelificante que en contacto con agua espesará lo suficiente como para que el contenido gástrico adquiera viscosidad.