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Foto antigua de dos geishas | GENTILEZA NATGEO
Tales féminas de la cultura nipona, en la antigüedad, iniciaban como maiko (aprendices) y eran formadas en casas llamadas okiya. Allí se les enseñaba la danza tradicional japonesa ( nihon buy), dotes de canto y de ejecución musical (como tocar el s hamisen, la flauta y el tambor), así como los encantos de la ceremonia del té y del arte de la conversación.
Sus raíces más antiguas se remontarían al siglo VII, con figuras precursoras como las saburuko (mujeres que ofrecían entretenimiento a través del canto y la danza) y las shirabyshi, bailarinas que realizaban presentaciones ante la corte imperial y la nobleza.
Recuerda, Chiyo, las geisha no somos cortesanas, y tampoco somos esposas. Vendemos nuestras habilidades, no nuestros cuerpos. Creamos otro mundo secreto, un lugar solo de belleza. La palabra geisha significa artista… (Memorias de una Geisha) Recuerda, Chiyo, las geisha no somos cortesanas, y tampoco somos esposas. Vendemos nuestras habilidades, no nuestros cuerpos. Creamos otro mundo secreto, un lugar solo de belleza. La palabra geisha significa artista… (Memorias de una Geisha)
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Mineko Iwasaki, una de las geishas más populares que inspiró la película Memorias de una Geisha (2005) basada extraoficialmente en su propia autobiografía | FOTO DE ARCHIVO
Su vida era extremadamente dura, con grandes sacrificios, y muchas terminaban en estas casas (okiya) porque sus familias —sobre todo de zonas rurales— las vendían para poder subsistir.
Al ingresar a una okiya, especialmente desde niñas o adolescentes, las aprendices (maiko) contraían una deuda importante con la dueña de la casa (ok-san), quien pagaba por su formación artística (danza, música, etiqueta, etc.), ropa (kimonos carísimos, accesorios), comida, alojamiento y manutención diaria, todo lo que se registraba como una deuda que debería ser pagada si querían recuperar su libertad.
A menudo se retiraban de su labor de geisha cuando contraían matrimonio o cuando saldaban su deuda
Ahora bien, sin ir más lejos, el día a día de las geishas era riguroso, estructurado y profundamente disciplinado:
1. Mañana: Estudio y preparación
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Levantarse temprano: Las geishas, especialmente las aprendices (llamadas maiko en Kioto), solían despertarse temprano para comenzar su entrenamiento.
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Estudios artísticos: Dedican las mañanas a practicar disciplinas como:
Cuidado personal: El peinado tradicional requiere la ayuda de un estilista especializado. Las maiko solían dormir con un soporte en su cuello para mantener su peinado intacto por varios días.
2. Tarde: Más práctica o descanso
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Almuerzo ligero y descanso
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Vestimenta: Comienzan a prepararse para la noche. Las maiko necesitan ayuda para ponerse el kimono, que puede ser muy pesado y elaborado, con un obi (faja) largo y complejo.
Maquillaje: Las maiko usan el maquillaje blanco característico con labios pintados y detalles rojos y negros. Las geishas mayores suelen maquillarse de forma más sutil.
3. Noche: Trabajo en las ozashiki (fiestas privadas)
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Desplazamiento a casas de té (ochaya) o banquetes: Acompañan a clientes importantes a reuniones privadas.
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Entretenimiento: Su rol es entretener a los invitados con:
Ambiente formal y controlado: Aunque hay diversión, todo se hace con elegancia, siguiendo reglas estrictas de etiqueta.
4. Noche avanzada: Regreso y descanso
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Terminan tarde, a veces pasada la medianoche.
Al regresar, deben desmaquillarse, cambiarse y descansar.
Las maiko que viven en okiya (casas de geishas) deben seguir reglas estrictas de convivencia.
¿Cómo cambia con la edad y experiencia?
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Maiko (aprendices): Vida más rígida, más entrenamiento, kimonos más coloridos, más restricciones.
Geiko (geisha en Kioto): Más independencia, rutina más relajada, mayor control sobre su agenda.
Con gran legalidad en Japón
Recién en 1813, en Kioto, se estableció un registro formal de licencias para las geishas, aunque diez años antes ya existía un sistema similar en Yoshiwara que buscaba diferenciarlas de las oiran, cortesanas de alto rango que sí ofrecían servicios sexuales al mejor postor.
Las geishas usualmente eran contratadas por aristócratas, personas de alta alcurnia o individuos adinerados como acompañantes en ceremonias del té, ya que dominaban el arte del chanoyu con movimientos delicados y refinados.
Sin embargo, aunque a priori las geishas no brindaban servicios sexuales, durante la era Meiji (finales del siglo XIX y principios del XX) y posteriormente, algunas leyes y reformas sociales no las protegieron claramente. Según la escritora Utako Hanazono (1930), muchas restricciones legales forzaron a las geishas a dedicarse también al trabajo sexual: “Muchas geisha fueron obligadas a dedicarse al trabajo sexual para sobrevivir debido a esta ley…".
Asimismo, según varios historiadores, como las muchachas a las que enrolaban sus familias para ser una geisha —las vendían— les costaba mucho dinero a sus "meretrices", terminaban contrayendo deudas casi impagables, lo que les obligaba en muchos casos a prostituirse.
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