En ése momento desde su entorno afirmaban que se trataba de un "pico de estrés". Pero lo cierto es que a los pocos días Castro comenzaría un "intenso" tratamiento psiquiátrico en la Clínica Santa Rosa, lo que despertó numerosos rumores que el mismo se encargó de confirmar en su programa, el día de su regreso. "Estuve dando un par de vueltas por el infierno y pensaba que podía salir de ahí cuando quería. Sin embargo, muchas veces me descubrí a mí mismo envuelto nuevamente en llamas. Ahora estoy de vuelta, de pie, y con ayuda de mis amigos y seres queridos podré seguir haciendo el programa hasta fin de año. Espero recuperarme, es un buen momento para reordenar algunas cosas en mi vida porque soy de los que piensan que no hay casualidades", sostuvo en aquella oportunidad.
Los últimos días lo encontraron a Castro entre el entusiasmo y la desesperación. Al bienestar laboral se le contraponía la cada vez más difícil e inmanejable situación con las drogas, pese a los esfuerzos de sus asistentes terapéuticos.
"Chequeos de rutina", les respondió Juan a los periodistas que lo encontraron en la puerta del Sanatorio Otamendi pocas semanas antes de su trágico final. Claro estaba que el periodista seguía con asistencia psiquiatra.
De hecho, el hombre de medios había sido nuevamente internado ese mes, pero consiguió el alta anticipada debido a que "necesitaba trabajar".
Ultimas horas
Comenzaba marzo y el panorama laboral y sentimental no podía ser mejor: en pareja con el Luis Pavesio y listo para arrancar una nueva temporada de Kaos en la ciudad, programa que llegaba a vencer en distintas ocasiones incluso a Marcelo Tinelli en audiencia.
La noche anterior al episodio trágico lo encontraba al periodista trabajando. En una entrevista para Paparazzi, Jacobo Winograd manifestó que Castro lo había entrevistado esa noche y lo vio " muy bien, lúcido, afeitado, de buen semblante, alegre, vestido de primera".
En la mañana del 2 de marzo siguió con su rutina habitual y se dirigió a Endemol, la productora de su programa y en la cual también oficiaba como director creativo desde fines del 2003. Llegó a grabar un informe esta tarde, pero que nunca sería emitido y al día de hoy se desconoce el paradero.
Al llegar a su casa ésa misma tarde se sucedieron los hechos que desencadenarían en su muerte. Los medios en aquel entonces contaron que Castro, una vez en su hogar, sufrió un nuevo brote de alucinaciones y en medio de la crisis destrozó televisores, un equipo de música, rompió cortinas, exclamó gritos y finalmente cayó desde su balcón, del primer piso del departamento, a la planta baja sin atinar a hacer algún movimiento con los brazos para morigerar el golpe, lo que provocó que las lesiones sean más graves.
Al momento de los hechos, el periodista estaba solo cuando no debía, ya que en ese momento estaba bajo tratamiento psiquiátrico. ¿Dónde estaba su asistente terapéutica?, fue la pregunta que pronto trascendió en el ambiente y en la familia.
Luego de poco más de dos días de internación en el Hospital Fernández, el paciente falleció. Lo que vino después fueron un sinfín de acusaciones y polémicas en torno a su muerte que coparon la escena mediática durante muchos meses. De todos modos, la familia siempre entendió que se trató de negligencia, impericia e imprudencia del equipo psiquiátrico que lo atendía.
En el marco de la causa contra los mencionados trabajadores de la salud por "abandono de persona", se llegó a la conclusión por parte de peritos oficiales que el fallecimiento del periodista se produjo por un "episodio de delirium fatal", un estado provocado por consumo de cocaína.
Finalmente, el proceso judicial terminó con un acuerdo de la familia de Castro con los médicos que implicaba una reparación económica a ésta. De esta manera se evitó la instancia de juicio oral.
En un nuevo aniversario de su partida, el país recuerda a un inolvidable colega que a su estilo dejó una huella más que duradera en el mundo periodístico.