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Nimo es TT, video con Los Decantes y anécdota con Bilardo

A Eduardo Fabregat le parece muy mal ("Loco, no empecemos con "homenajes". Nimo fue un árbitro horrible, y después un yosapa televisivo", dijo el aburridísimo editor de Cultura & Espectáculos del K Página/12). Sin embargo la muerte de Guillermo Nimo derivó en Trend Topic en la red social Twitter. E, inclusive, de allí se extrajo la nota al pie:

 

Algunos mensajes sobre Guillermo Nimo
 
PABLO MARONNA ‏@PABLOLUIS1974
Por lo menos asi lo veo yo!!!! Genio Guillermo Nimo!! QEPD
 
Sergio D. Taladriz ‏@Farmaceutico_AR
Zick zick, perla negra... Falleció el simpático y divertido Guillermo Nimo. (Cero mala onda. Es mi pequeño homenaje). http://fb.me/18G6LMMIZ 
 
Ana Goldenberg ‏@AnaGoldenberg
Puede ser que me haya dado tristecita lo de Guillermo Nimo? #Tristecita
 
Marcos Meneghetti ‏@marcosmeneghet
Hasta siempre Don Guillermo Nimo !!!! como disfruté de tus comentarios de media noche !!!! un grande en serio !
 
Oveja Peronista ‏@peronistsheep
Con la muerte de Nimo, el destino de los viejos whiscacheros ha quedado exclusivamente en manos de Horacito Pagani.
 
Mauricio Pedrat #LB ‏@mauripedrat
Nimo pidió que lo cremen y tiren sus cenizas en el hipódromo de palermo. Ok.. Nunca más una fiesta en el Tattersall
 
Alejandro Caruso ‏@alejandrocaruso
Equipo que arranca bien el torneo de verano, es aquel que fracasa en el torneo que vale de verdad. Shick shick, diría Nimo.
 
Sebastián Esnaola S. ‏@sesnaola
Una vez Nimo echó las cenizas de su pucho en el copón de un sorteo que harían en su programa y empezaron a arder los papelitos... Maravilla
 
Ciru ‏@NoCiruNo
Baldassi en el Pro, Marconi en la CGT, Nimo se murio asi que paso a la UCR. Tenes razon @juanifdiaz nos falta un referi
 
horacio alberto ruiz ‏@horacioaruiz
Chau #Nimo. Chau Perla Blanca y Perla Negra...por lo menos así lo veo yo!!!!
 
El Geraldo ‏@notevayas
Si un sujeto insoportable como Nimo puede ser recordado con cariño, pues no pierdo las esperanzas.
 
Nicolás ‏@nicolasmirelman
Decir que Nimo era gracioso "más allá de que nos cagó un campeonato" es como decir que Hitler era gracioso "más allá del Holocausto".
 
hernan mastromonaco ‏@HMastromonaco
Árbitro, showman, personaje. Supo llegar al público. Perla blanca for ever. Guillermo Nimo QEPD.
 
Pity Alvarez ‏@pityalvarezok
yo le quiero mandar un aguante a la familia d guillermo nimo qe se murio hoy guillermo nimo yo hable mucho con el yo lo conocia d un puticlub
 
Alejandro Fantino ‏@fantinofantino
Mi sencillo homenaje a un maestro GUILLERMO NIMO me enorgullece decir que fuimos los ultimos y unicos que le dimos laburo en los ult tiempos
 
Alejandro Fantino ‏@fantinofantino
“@Pavarese: @fantinofantino Fiel ejemplo del periodismo deportivo , fue el primero en nombrar a ATHOS ...... un grande”// jajaj un grande
 
VarskySports ‏@VarskySports
Árbitro, showman, personaje. Supo llegar al público. Perla blanca for ever. Guillermo Nimo QEPD.
 
Fernando A. Iglesias ‏@FerIglesias
Un país en el que, abrumados por Araujos y Apos, recordamos con nostalgia los viejos buenos tiempos de Guillermo Nimo #Aestohemosllegado
 
 
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Los Auténticos Decadentes - La Guitarra
 
 

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Murió Nimo
 
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En la revista Un Caño, Juan Becerra escribió en cierta ocasión sobre una memorable anécedota entre Carlos Salvador Bilardo y Guillermo Nimo:
 
Empecemos por una anécdota que el oleaje del tiempo, ese extraño oleaje que va y no vuelve, se llevó en algunos de sus detalles pero no todavía en sus efectos teatrales. Estamos en el año 1997 o 1998, que pasa como una flecha. Ojalá que la imprecisión le dé al recuerdo la cosa fantástica que nunca deja de tener la realidad cuando se la restaura, incluso cuando simplemente sucede. El escenario es el estudio de La Red, un escenario raleado por los estragos depresivos de un domingo en el atardecer de Buenos Aires, a la hora que podríamos llamar la Hora Durkheim. Yo, y por lo tanto mi testimonio, estamos a un metro de Carlos Bilardo, El Doctor, que está hablando de ciertos problemas de seguridad en la provincia de Buenos Aires. Han asaltado a su hija y Bilardo tiene una solución política para resolver el problema general del delito. Tiene, como hijo dilecto de Zubeldía, una táctica, o una tática. La memoria no me dice nada de lo que propone, pero creo que está pidiendo mano dura, y lo hace en nombre de una experiencia personal, o parapersonal, tal como sentimos las experiencias de nuestros hijos.
 
¿Qué hago sumergido, casi enterrado, en la ciénaga verbal a la que Bilardo nos arroja cuando habla? Estoy ahí, petrificado. No tuve alternativa. Lo llamé para concertar una conversación con la revista Mística, y me respondió amablemente que no daba entrevistas a Clarín, pero que aceptaba que fuera a verlo (a verlo hablar) a su programa, La Hora de Bilardo. Todavía oigo el eco de su estilo ametrallador: “Entrevista no, no, no, pero venite, venite, venite...”. Así que aquí estamos, a punto de terminar sesenta minutos de intrascendencia formulada en su media lengua. Pero de pronto llega el milagro de la acción. Un minuto antes de terminar el programa, el locutor de piso anuncia que justamente en un minuto dará comienzo Nimo no perdona, el libelo radial del ex referí bombero. Bilardo se descompone, chasquea la lengua, gira la cabeza hacia los costados, se acomoda el nudo de la corbata: está en una final del mundo. Cuando vuelve en sí pregunta qué hace Nimo a esa hora y el locutor, con la misma frialdad con la que desliza la temperatura del ambiente, le dice que el señor Nimo cambió de horario y ahora está allí, detrás de la puerta, como una amenaza guasona.
 
Bilardo es una bola de nervios. La puerta del estudio se abre. Me voy a tomar una licencia para introducir en escena la figura de Nimo recortada sobre un humo de infierno a contraluz, algo que nunca existió en los hechos pero que es útil desde el punto de vista conceptual para entender la tensión del momento. Nimo abre los brazos, y se oye el plin-plin de sus alhajas de segunda selección, las que lo han convertido en el Rey de la Bijouterie, y entonces abre su bocaza: “¡Mi querido y estimado Doctor Bilardo!” Bilardo tiene en una mano un misterioso maletín y, en la otra, empuñado como un arma del futuro, un teléfono móvil de aproximadamente medio kilo. Estudia la silueta de Nimo y le da una trompada con la mano telefónica. El locutor, cosa típica de su oficio, no se mueve de su asiento. Se ve que para actuar le hace falta un guión del Departamento de Redacción, o un memo, y en este momento no los tiene. Con un guardia de la radio intentamos sofrenar a El Doctor, pero la calma sucede sola. Lo que quería Bilardo era ejecutar un solo golpe y ya lo hizo. Bajamos las escaleras. ¡Qué emoción! Me siento un mundialista entrando a los vestuarios en un entretiempo de México '86, pero la Avenida Santa Fe se presenta a nivel del piso como una manifestación de realidad difícil de ignorar. Le digo que cómo puede ser que haya hecho una cosa así, y que una pelea Bilardo-Nimo no debería darse porque se trata de sujetos de diferentes envergaduras, y para que quede claro: “usted es un campeón del mundo”. Entonces Bilardo se da vuelta casi con la misma ira que hizo blanco en el polémico rostro y me dice a los gritos: “¡Hace veinte años que me arma los equipos! ¡Me tiene podrido!”. Y se despide con uno de sus éxitos: “Chau, chau, chau; me voy, me voy, me voy...”.  
 
Pasaron más de diez años y no puedo entender qué asociación tuvo lugar en la cabeza de Bilardo, qué tipo de alerta se activó en su horizonte de supervivencia para que cazara de aquel modo al inefable pero a la vez inocuo Guillermo Nimo. Pelearse con Nimo le quita seriedad a cualquier disputa, sea lo que fuere lo que esté en juego; y convierte cualquier causa -incluyendo la más justa- en un episodio de comedia. Si hay que ajustarse a la literalidad de lo que Bilardo formuló luego del cazote (“hace veinte años que me arma los equipos”), podría verse allí que los comentarios zumbones de Nimo armando equipos, aunque sólo en el terreno de la ficción, y mucho más si se repitieron a lo largo de veinte años, son causas suficientes para que la paciencia de Bilardo -que nunca pareció ser mucha- entrase en una jaula de paranoia. Y aquello que eran fantasías del Nimo payaso se convirtiera, aquel domingo del enfrentamiento, en una realidad por la que la obsesión bilardiana se sintió intervenida.

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