Los políticos pueden acudir, pero según las normas establecidas en julio por el museo nacional del recuerdo del 11 de septiembre, presidido por el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, ninguno hablará o participará en la lectura de los nombres. La responsable de Interior, Janet Napolitano, acudirá a la ceremonia de Nueva York este año. Pero esas restricciones no se extenderán a otros lugares.
En las puertas del Pentágono, en Washington, donde más de 180 personas murieron cuando un avión de pasajeros se precipitó contra el edificio, el secretario de Defensa, Leon Panetta, hablará en una ceremonia que quedará cerrada al público y a la que sólo acudirán las familias de las víctimas.
El vicepresidente Joe Biden pronunciará unas palabras en Shanksville, Pensilvania, donde 40 pasajeros de un avión de United murieron cuando el aparato se estrelló después de que los pasajeros se rebelaran contra los secuestradores.
"Cómo manejemos el legado de esas 40 personas y lo que hicieron, lo que impidieron que ocurriera, es realmente más una afirmación sobre nosotros mismos, sobre lo que valoramos como sociedad", dijo Patrick White, actual presidente de las familias del Vuelo 93. El primo de White, Joey Nacke II, fue uno de los pasajeros que entraron en la cabina.
Como tantas veces en fechas anteriores, las ceremonias de este año prometen cielos azules y el tiempo fresco de principios de otoño, condiciones que recuerdan las de la mañana de los atentados de 2001, cuando murieron casi 3.000 personas en las tres ubicaciones.
En Nueva York, habrá momentos de silencio para recordar el momento de impacto de cada avión: a las 8:46 a.m, 9:03 a.m., 9:37 a.m. y 10:03 a.m.
También se guardará silencio a las 9:59 a.m. y las 10:28 a.m., cuando cayeron las torres sur y norte.
El presidente Barack Obama y su esposa Michelle participarán en un momento de silencio en el césped de la Casa Blanca y luego acudirán a la ceremonia en el Pentágono.