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El día que Cristina puso en jaque a Duhalde

Hace exactamente 10 años (30/05/2022), la por entonces senadora nacional, hoy presidente Cristina Fernández movilizó el avión sanitario de la gobernación de Santa Cruz para llevar a un senador cuyo voto estuvo a punto de hacer caer la derogación de la Ley de Subversión Económica que hubiera puesto en jaque el gobierno de Eduardo Duhalde.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Es sabido que aun desde el oficialismo, Cristina Fernández nunca fue una fácil de contener. En sus tiempos de legisladora nacional se llevó mal con el gobierno de Carlos Menem y no fue mejor la relación que tuvo con el de Eduardo Duhalde, aunque intentó disimular durante la negociación de Néstor Kirchner con Duhalde para lograr la candidatura presidencial, en 2003.
 
En 2002, CFK le dio apenas unas semanas de gracia al gobierno de Eduardo Duhalde (quien había intentado atraer a Néstor Kirchner a su gabinete de ministros, y éste rechazó, al igual que otros gobernadores). Senadora nacional, Cristina se abstuvo de votar la Ley de Emergencia Pública. Si bien la suya no fue una actitud aislada, quedó en el centro del debate y el por entonces también senador nacional Jorge Busti, le reprochó a Duhalde el comportamiento de “tus amigos, los Kirchner”. 
 
Con el mismo pragmatismo que meses después utilizaría para obedecer a los Kirchner, Miguel Ángel Pichetto explicó: “O somos Albania, o recuperamos un camino que nos permita cumplir con los organismos internacionales de crédito”, tratando de convencer a sus colegas. El argumento oficial era que todas las conductas incluidas en la legislación a derogar ya figuraban en el Código Penal. "¿Para qué tanta desesperación por sacarla entonces?", repreguntaban los rebeldes.
 
Jorge Yoma dijo no recordar que en la historia argentina el FMI hubiera exigido la derogación de leyes penales y que la modificación de la norma, que era lo que ahora pretendía el Gobierno, imponía una suerte de amnistía para más de 50 causas que se tramitaban en tribunales. 
 
“A mí no me disgusta que los banqueros estén desfilando por los juzgados; si son inocentes, bien, pero si no, que se hagan responsables de sus actos”, dijo el entrerriano Busti, para nada dispuesto a acceder a lo que Duhalde le demandaba.
 
¿Qué había llevado a Jorge Busti a esa posición contraria a lo que el Gobierno pedía como si le fuera la vida misma en ello? Duhalde acababa de honrar los pactos con la UCR, salvando del juicio político al gobernador entrerriano Sergio Montiel, algo que desató la ira de Busti.
 
En cambio la por entonces senadora nacional Cristina Fernández se oponía al proyecto desde el convencimiento de que derogando esa legislación igual no llegaría dinero a la Argentina y, por el contrario, deslegitimaría al Parlamento en la debacle financiera nacional. 
 
Duhalde había comunicado a los legisladores que si no se aprobaban las modificaciones a la ley, “entonces no hay posibilidad de gobernar”. 
 
El entonces senador nacional a cargo de la Presidencia acababa de regresar de Europa con la certeza de que si no lograba un acuerdo con el FMI, la Argentina terminaría regresando al caos.
 
Estaba en crisis la vieja alianza de los Kirchner y Duhalde, a quien Cristina criticaba por no saber qué hacer con el gobierno. 
 
En el recinto, el 30/05/2002 ella disparó sobre sus propios colegas que un día votaban una cosa y al siguiente otra: “Por cuestiones humanitarias no voy a leer los discursos de algunos senadores cuando votaron en un sentido hace cuatro meses y hoy lo hacen en sentido totalmente contrario, ya que el presente proyecto es la virtual derogación del anterior”. 
 
Ese día Cristina inauguró el término “votación copernicana”.
 
El Grupo de los 8 liderado por Fernández de Kirchner y Jorge Yoma (ademas, Nicolás Fernández,los entrerrianos Jorge Busti y Graciela Bar, el chubutense Marcelo Guinle y los puntanos Liliana Negre y Raúl Ochoa), opuso tenaz resistencia en el tratamiento previo a la llegada al recinto de la ley de Subversión Económica. 
 
Sin embargo, en aquella ocasión las cosas habían sido arregladas con los radicales, quienes tendrían la posibilidad de expresar sus críticas mas sin trabar la modificación de la ley. 
 
La sesión se presentó como una de las batallas legislativas más feroces en años. El radicalismo accedía a poner el número necesario para abrir la sesión, pero con la advertencia de que votarían en contra. Al oficialismo no le importaba, pues aun sumando sus rebeldías internas les alcanzaba con lo justo. Todos los votos estaban contados y como estaban también detallados en los diarios, ya nadie podía cambiar su posición. 
 
En esos días Cristina dialogaba mucho con su colega y amiga Vilma Ibarra, y en una de esas conversaciones, la hermana del entonces jefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, le comentó a la santacruceña que el correntino Lázaro Chiappe votaba en coincidencia con el G-8, pero estaba en Corrientes. 
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“Lo estoy tratando de ubicar, pero hasta ahora no pude”, le dijo Vilma, ante lo cual la senadora nacional le encargó que insistiera, y luego verían cómo traerlo.
 
Vilma Ibarra cumplió: ubicó al senador nacional por el Partido Liberal, pero éste le explicó que estaba inmerso en un tema que involucraba a jueces de su provincia y que no podría estar en la votación. La legisladora del Frente Grande le dijo, entonces, que él no tenía idea de lo que podía pasar, porque si resultaba ser quien con su ausencia dejaba que se definiera la votación a favor de la derogación de la ley, podría ser sospechado de cualquier cosa, pues era una votación central. 
 
La idea de mandarlo a buscar surgió durante una nota periodística que Cristina le concedió al periodista Marcelo Zlotogwiazda, quien cruzó a ambos legisladores durante una entrevista radial pero el correntino siguió con su actitud remisa, aclarando que, además, no conseguía avión para viajar. 
 
“Bueno, pero si ese es el problema, ustedes tienen el avión de la provincia”, le comentó el periodista a la santacruceña, a lo que Cristina respondió: “Tiene razón, se lo voy a pedir prestado a Kirchner". 
 
Fue medio en broma, medio en serio, pero la idea quedó dándole vueltas.
 
Al rato, Vilma Ibarra recibió el llamado de Chiappe desesperado, diciéndole que quería viajar porque hasta su familia se lo había exigido. 
 
El problema ahora era que no tenía vuelos. Vilma le respondió que se tomara el primer avión que saliera para Buenos Aires y ellos iban a hacer lo posible para demorar la sesión hasta que pudiera llegar. 
 
Tras cortar con él, ella llamó urgente a Cristina para contarle lo sucedido, y fue entonces que Cristina respondió: “Chiappe es funcionario público y viene a cumplir una función pública. Le mando la avioneta de la gobernación”.
 
Vilma Ibarra arregló todo con su colega correntino, mientras Cristina llamaba a su esposo para pedirle el avión sanitario, que se encontraba en Ciudad de Buenos Aires. 
 
El avión Citation partió rumbo a Corrientes, y regresó con Chiappe, quien estuvo en el Aeroparque Metropolitano poco después de las 13:00, donde un auto enviado por la senadora Fernández lo estaba aguardando para llevarlo raudo al Congreso; 20 minutos después estaba sentado en su banca. 
 
La senadora duhaldista Mabel Müller se ubicó prestamente a su lado, pero apenas alcanzó a comenzar a decirle que cómo les había hecho eso después de todo lo que había ayudado Duhalde al gobernador correntino. No pudo hablar más, pues en ese instante se le dio la palabra al correntino para que fundamentara su voto.
 
La derogación de la ley se logró con lo justo, a través del doble voto del presidente del cuerpo -alternativa excepcional que se utiliza cuando una votación termina empatada-, pero sólo se llegó a esa salida a causa del abandono del recinto por parte de la senadora UCR Amanda Isidori, quien obedeció así el pedido especial que le hizo el gobernador de su provincia, el hoy senador nacional Pablo Verani, para permitir que cayera la ley: los radicales votaban en contra, pero “en aras de la gobernabilidad” no dejarían caer la derogación.
 
Los de la UCR iban a abandonar el recinto. Pero la presencia de Chiappe los dejó sin otra salida más que la de quedar expuestos.
 
Después de más de 7 horas de debate el clima era de suma tensión. La suerte de la legislación quedó sellada cuando Isidori anunció que se retiraba del recinto para "cumplir con el compromiso asumido por mi gobernador".
 
Con la ausencia de Isidori en el recinto, a la hora de la definición, las posiciones quedaron igualadas en 34 votos, lo cual motivó la aplicación del reglamento de la Cámara que prevé que en esos casos desempata el voto doble del presidente provisional del cuerpo. Ese era el cargo del justicialista Juan Carlos Maqueda, a quien poco después se hizo ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
 
Derogada la ley, Cristina debió soportar el chubasco. Desde el Gobierno se difundió que el costo de movilizar un avión ascendía a US$ 23.000, lo que fue refutado por la senadora, quien aclaró que el avión estaba en Ciudad de Buenos Aires y que moverlo a Corrientes había costado sólo $ 3.600. “Muchísimo menos que los US$ 66.000 millones que les robaron a los ahorristas”, desafió Cristina Fernández, consciente de que había logrado poner en vilo al gobierno de Eduardo Duhalde. 

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