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20 años del "Mani Pulite"... y bastante poco

El viernes 17/02 se cumplieron 20 años desde que estallara el mayor escándalo de corrupción de la historia de Italia. Muy interesante recordarlo en la Argentina que vive el Boudougate, hasta ahora sin resultados éticos imprescindibles.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Manos Limpias (en italiano Mani pulite) fue un proceso judicial italiano realizado desde Milan, Italia, por el fiscal Antonio Di Pietro, en 1992. 
 
El proceso comenzó en febrero, afectando a un dirigente local del Partido Socialista Italiano. En los siguientes meses se fue extendiendo por todo el país. Se investigaron a millares de personas, incluido parlamentarios en activo. 
 
Las pesquisas fueron incluso consideradas excesivas al producirse algunos sucidios, como el de los empresarios Raul Gardini y Gabriele Cagliari que conmocionaron aún más al país.
 
Políticamente el escándalo apenas afectó a las elecciones generales de abril de 1992, al no conocerse aun la profundidad de la tangentopoli. 
 
Aun así, la Democracia Cristiana, principal partido desde el final de la 2da. Guerra Mundial, perdió 5 puntos porcentuales de masa electoral, consiguiendo el menor porcentaje de votos de toda su historia hasta ese momento. 
 
Ganaron votos, en cambio, nuevos partidos como el nacionalista casi separatista Liga del Norte (de Lombardía). 
 
Las proporciones del escándalo llevaron a que en 1993 se formara un gobierno de transición liderado por Carlo Azeglio Ciampi, encargado de redactar una nueva ley electoral mayoritaria que sustituyera a la proporcional. 
 
Así se llegó a las elecciones generales de 1994 que supusieron la práctica desaparición de los partidos tradicionales que ya antes habían empezado a desintegrarse o incluso ya habían desaparecido como los democristianos. 
 
Quedaron a un lado históricos políticos italianos como el socialista Bettino Craxi y el democristiano Giulio Andreotti.
 
Pero las nuevas elecciones marcaron la aparición de nuevos partidos como Forza Italia (de Silvio Berlusconi, quien aprovechó la estructura de su club AC Milan y de su multimedios Mediaset, y se volcó a la política para no ir preso, involucrado en la Tangentopoli. Berlusconi era un protegido del líder socialista Craxi).
 
La experiencia traumática de Tangentopoli no ha servido de escarmiento a Italia, y por eso ocurrieron los 2 mandatos de Berlusconi como 1er. ministro: al frente de Forza Italia, y más recientemente al frente de El Pueblo de la Libertad.
 
Nanni Moretti lo reflejó en su película El Caimán.
 
A propósito de los 20 años desde el inicio del escándalo, Daniel del Pino, corresponsal en Roma del diario español Público, escribió: 
 
"(...) En febrero de 1992 el exprimer ministro italiano, Bettino Craxi, definió con esa expresión (N. de la R.: "mangantes aislados") a Mario Chiesa, importante exponente de su partido en Lombardía, el Partido Socialista Italiano (PSI), y director del asilo para ancianos Pio Albergo Trivulzio.
 
A Chiesa, la Guardia de Finanzas le sorprendió un día como ayer hace 20 años metiendo en un cajón de su despacho un sobre con 7 millones de las antiguas liras (€ 3.600).
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El dinero se lo acababa de entregar Luca Magni -que estaba compinchado con el fiscal Antonio Di Pietro- como primer plazo de una comisión por haber conseguido que su empresa de limpieza tuviera acceso a una concesión pública valorada en 140 millones.
 
Aquel hecho "aislado" permitió que Di Pietro y el pool de fiscales milaneses Manos Limpias destapara el mayor escándalo de corrupción que ha vivido la república italiana en sus 150 años de historia. Se llamó Tangentopoli y sentó en el banquillo a más de 4.000 empresarios y representantes de todas las formaciones políticas.
 
Llevaban dos décadas financiando ilegalmente a sus partidos gracias a los fondos negros que obtenían con el cobro de comisiones por cada adjudicación pública. Craxi, después de 20 órdenes de arresto, se exilió con su botín a Hammamet, en Túnez, donde murió en el año 2000.
 
Tangentopoli y la deuda pública italiana
 
Tangentopoli fue devastadora para la economía italiana. En 1980 la deuda pública con respecto al PIB era del 60%. En 1992 pasó al 118% gracias a ese dinero público que se esfumaba entre los partidos. La trama investigada por Manos Limpias acabó con la I República y los partidos tradicionales que gobernaban desde la II Guerra Mundial.
 
Pero hay muchos síntomas que indican que aquella transición hacia la II República ha sido incompleta. Hoy, la deuda supera el 120% del PIB y es una señal de que el escándalo no ha terminado, solo se refinaron los métodos.
 
Como explicaba la semana pasada a la revista L'Espresso, Francesco Greco, uno de los fiscales de Manos Limpias, "antes empresa y política partían de dos realidades diferentes. Hasta el empresario más potente tenía que pagar una comisión [...] Hoy el dinero se mueve sobre todo para enriquecerse personalmente, pero en el centro hay una red de amistades, relaciones, favores y protecciones recíprocas que recuerdan a los lobbies. Hoy, empresarios y políticos se sientan en la misma mesa y juntos se aseguran los negocios".
 
Los "mangantes" modernos 
 
Guido Bertolaso, por ejemplo. Fue nombrado jefe de la Protección Civil por Silvio Berlusconi en sus gobiernos desde 2001. Una de sus tareas era la de organizar los Grandes Eventos. En 2009 se encargó de preparar la cumbre del G-8 en La Magdalena (que acabó siendo trasladada a L'Aquila, tras el terremoto).
 
Bertolaso está siendo investigado por las adjudicaciones durante el G-8 que nunca se celebró en La Magdalena
La Fiscalía de Florencia le acusa de haber recibido comisiones ilegales, coches de lujo, prestaciones sexuales y contratos para sus familiares en compensación por las adjudicaciones al empresario Diego Anemone. Y Anemone es un apellido que aparece de manera recurrente cada vez que hay una investigación contra políticos de la derecha berlusconiana.
 
Hace dos años, Claudio Scajola tuvo que dimitir como ministro de Desarrollo Económico al descubrirse que parte del alquiler del piso frente al Coliseo en el que vive lo pagaba dicho empresario. Él dijo no saber nada.
 
No solo una cuestión de derechas 
 
Pero la corrupción también afecta a la izquierda. Filippo Penati, consejero regional del Partido Democrático (PD) en Lombardía y antiguo secretario de Pierluigi Bersani, el líder del partido, está acusado desde el pasado verano por la Fiscalía de Monza de haberse quedado con dos millones de euros en comisiones por una serie de adjudicaciones de un proyecto inmobiliario entre 2001 y 2009.
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El último ejemplo, y puede que el más llamativo, es el de Luigi Lusi, ex contable del partido La Margarita, que se fusionó con la coalición del Olivo, formación con la que Romano Prodi llegó al Gobierno en 2006. Hace un mes se descubrió que Lusi se fugó con 23 millones de euros provenientes de la financiación estatal a los partidos. "Los necesitaba", reconoció, aunque solo se ha comprometido a devolver cinco.
 
Poco después emergió que de las cuentas de Alianza Nacional, partido que confluyó en 2008 en el Pueblo de la Libertad de Berlusconi, también faltaban 26 millones. Y antes, los medios habían denunciado que la Liga Norte envió 6 millones de fondos públicos a un banco en Tanzania. Como hace 20 años, los políticos primero se escandalizan y después miran a otro lado haciendo que no saben nada.
 
Un Parlamento corrupto
 
Hay otros hechos que sirven para entender que el mundo de la política no se recicló después de Tangentopoli. Berlusconi ganó las primeras elecciones de la II República en 1994 con una campaña mediática brutal en la que se erigió como el superhombre que lavaría la cara del país. Pero él mismo había sido acusado en 1996 del pago de unas comisiones ilegales a la Guardia de Finanzas, caso del que fue absuelto gracias a que el abogado corrupto David Mills testificó a su favor.
 
Desde 1999, el Parlamento se niega aprobar el acuerdo de la Unión Europea que exige penalizar a los dirigentes empresariales que cobren comisiones ilegales. Los diputados tampoco se han puesto de acuerdo para sacar adelante un decreto anticorrupción, del que hoy se está encargando el Gobierno de Mario Monti, pero que el jueves 16/02 volvió a ser aplazado.
 
No es de extrañar. Pocos de los políticos de la época terminaron en la cárcel. Muchos fueron condenados pero después de que prescribieran las acusaciones. La mayor parte de ellos siguen en los escaños del Parlamento gracias a varias leyes de amnistía de Berlusconi.
 
Il Cavaliere, que beatificó políticamente a Craxi por ser su mentor y sentirse identificado con él por los 23 procesos a los se ha enfrentado desde Tangentopoli, redujo los tiempos de prescripción de los delitos, quiso quitarle a los fiscales armas tan importantes como los pinchazos telefónicos, y ahora, incluso estando fuera del Gobierno, ha conseguido que se apruebe una ley que impone una responsabilidad penal a los magistrados que se equivoquen.
 
Berlusconi actuaba en su propio beneficio, pero con toda la clase política permitiendo sus desmanes. Los técnicos de Monti, como ocurrió en 1993 han tomado el Gobierno y solo tienen dos opciones. Arriesgar su continuidad por el bien de Italia sacando a la luz las miserias de los partidos, o seguir siendo cómplices de la corrupción que atenaza al país."
 
Un testimonio
 
Giovanni Sartori escribió en 2005, a propósito de lo que ocurrió en Italia:
 
"Desde los tiempos de Maquiavelo sabemos que política y moral son dos cosas diferentes. Varios siglos después se ha establecido que economía y moral son dos cosas diferentes. En la separación entre ética, política y economía hay que distinguir entre varias esferas de acción y campos de actividad. Concretamente, la primera de estas diferenciaciones es la persona, que no es triple sino sólo una, y que puede ser una persona moral, amoral o inmoral.Cuando se debate la cuestión moral se debate sobre este tema, y hay que empezar por ahí. 
 
Las personas morales lo son en todos los aspectos, incluso en política y economía. Las amorales no hacen el bien, pero tampoco se dedican al mal, y poseen frenos interiores que les impiden cometer malas acciones. Las personas inmorales se ríen de los ingenuos que creen en los valores y nada las detiene (quizá únicamente el peligro de acabar en la cárcel). 
 
Para los primeros, el fin no justifica los medios. Para los segundos, el fin puede justificar un medio incorrecto, pero no cualquier medio. Para las personas inmorales el fin de enriquecerse o tener poder justifica cualquier medio: no hay escrúpulos ni conciencia que puedan detenerlos.
 
Mi padre era industrial. Su fábrica quedó destruida a consecuencia de la II Guerra Mundial, en 1944. El se empeñó en reconstruirla, para no dejar a sus obreros en la miseria (eran unos 400 y los conocía personalmente). Aquello no podía funcionar, y todo quedó en un intento fallido. Mi padre era una buena persona, y yo lo respeto por ello. Pero es evidente que para los Ricucci, Gnutti y Fiorani de este mundo mi padre era un tonto. A los ojos de ellos yo también lo soy, puesto que también intento ser buena persona.
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En todas partes ha habido siempre buenas y malas personas, pero la crisis ética que caracteriza nuestro tiempo ha modificado los porcentajes. El número de buenos disminuye y el de los malos aumenta. Además, los buenos se quedan en tierra, mientras que los malos despegan y mandan. Y existe una mezcla perversa de economía y política que cada vez se va extendiendo más. La cuestión moral sirve, precisamente, para denunciar este estado de cosas.
 
Lo que debemos preguntarnos es por qué ha surgido precisamente ahora la cuestión moral y por qué es más grave en Italia que en otros lugares. Mi respuesta es que ha surgido ahora porque más vale tarde que nunca, y porque ahora han desenmascarado a los nuevos tiburones del capitalismo especulativo. 
 
Hasta hace poco a los Ricucci, Fiorani y Gnutti de turno les había ido muy bien, pero ahora los investigan por insider trading (uso de información privilegiada), agiotaje, falsos balances, falsos informes y otros delitos. Añádase el agravante de la larga y siempre sospechosa sombra de Silvio Berlusconi, que planea alrededor de todo este asunto. 
 
El mal ejemplo y el contagio proceden de él. Como escribió Ilvo Diamanti en La Repubblica, con el berlusconismo ya no hay "escándalo que escandalice", y "se ha producido un profundo desencanto.Existe la convicción de que todo es lícito. Lo único que importa es que no lo descubran a uno. La evasión fiscal... recurrir a conocidos y amigos. En cualquier ámbito, en cualquier ocasión.El sentido cínico ha acabado con el sentido cívico". Lo cual ha convertido Italia en "un país hundido en el submundo político, con la ciudad cínica gobernada por la tribu de los más astutos".Nadie podría haberlo dicho mejor. Hoy Italia es un país sucio, muy sucio.
 
¿Soy un moralista? Sí, pero no lo soy por confundir ética y política, sino porque creo que debe existir una moralidad política, de la misma manera que debe existir una moralidad económica. También creo que en todos los ámbitos sociales tiene que haber normas, y que las buenas personas las respetan... Sí, las buenas personas, ni más ni menos."

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