El artista plástico Salvador Dalí también fue habitué del cabaret, pero su impronta quedó marcada de otra forma: creó el legendario sofá con forma de labios, una imagen característica el reducto parisino, que era parte del número 'Lecon d’érotisme' ('Lección de erotismo'). Ese acto era apenas uno de los tantos en los que las sensuales bailarinas de 'Le Crazy Horse' mostraban sus habilidades.
Estas mujeres son elegidas bajo los mismos estrictos parámetros que hace 60 años comenzó a usar Alain Bernardin, quien puso fin a su vida de manera trágica en 1994. La estatura no debe ser inferior a 1,66 metros, pero tampoco puede superar los 1,70. El peso debe ubicarse entre los 54 y los 59 kilos. Pechos pequeños y glúteos tonificados también son requisitos para las jóvenes de entre 18 y 27 años que integran el staff actual de 15 bailarinas con conocimientos de ballet provenientes de Australia, Rusia, Italia, Suiza, Rumania, y, por su puesto, Francia.
Según muestra su página web, el espectáculo más promocionado de 'Le Crazy Horse' se titula 'Désirs', estrenado el 21 de septiembre de 2009 y dirigido por el coreógrafo francés Philippe Decouflé, mientras que la dirección artística corre por cuenta del fotógrafo de origen iraní Ali Mahdavi. Sin embargo, desde el 5 de marzo hasta el 31 de mayo se podrá presenciar la obra 'Fue' ('Fuego') de la que 4 de sus entregas estarán dirigidas por el diseñador de zapatos Christian Louboutin.
Tras bambalinas
En octubre se estrenó en Francia y durante los últimos días en USA 'Crazy Horse', un documental que registra el detrás de escena del célebre cabaret parisino mientras 'Désirs' estuvo en escena. La obra estuvo a cargo del estadounidense Frederick Wiseman, quien durante 10 semanas se dedicó a filmar lo que sucedía dentro del establecimiento que él visitó por primera vez en 1957.
En el film puede verse desde bailarinas ensayando gimnásticas acrobacias hasta las pruebas de luces que una técnica hace desde la pantalla de una computadora. Todo bajo el singular estilo de Wiseman: sin narraciones, entrevistas o música.
"Esta vez, sin embargo, la película tiene música, pero porque el club tiene música. También tiene entrevistas, pero sólo porque los sujetos están siendo entrevistados por otras personas cuando Wiseman está allí", relata Alonso Duralde en su crónica para la agencia Reuters.
En tanto, A.O. Scott escribió en The New York Times que la cámara de Wiseman, como una mosca intrusa, se mete en los vestuarios "donde la desnudez de las bailarinas es un hecho más que una exhibición".
"Vemos audiciones, escuchamos discutir los físicos de la aspirantes a bailarinas con implacable franqueza y somos testigos de ensayos donde la atención a los detalles es casi cómica", describe Scott.
"Quería hacer una película que narrara experiencias ordinarias a partir de la asunción de que hay grandes comedias, tragedias, tristeza en las experiencias ordinarias", contó Wiseman. Estar detrás de bambalinas con las bailarinas tiene, según el realizador, un plus: "Pensé que los ensayos, en muchos casos, fueron mucho más sexuales y eróticos que las actuaciones. En los ensayos las bailarinas son más naturales".