El plan económico de la última dictadura, decisiones que marcaron al país
Apertura, deuda y caída industrial: el plan económico de Martínez de Hoz dejó huellas que aún impactan en la economía local.
23 de marzo de 2026 - 08:42
El período del Proceso de Reorganización Nacional dejó una marca profunda en la estructura económica argentina. Bajo la conducción del ministro de EconomíaJosé Alfredo Martínez de Hoz, el país experimentó un giro drástico en su plan económico y de desarrollo, pasando de un esquema proteccionista e industrialista a uno de apertura financiera y comercial, con consecuencias que aún persisten.
Mañana, 24/03, se conmemora el 50 Aniversario del golpe militar de 1976. El último gobierno militar (1976-1983) comenzó en medio de una convulsión social que se vivía desde unos años antes. El plan económico del gobierno buscaba generar orden en la economía a través de la apertura de las importaciones, la eliminación de regulaciones en el sistema financiero, deuda externa y promoción de las inversiones en el sector extractivo (petróleo y minería). El resultado, sin embargo, no fue lo que esperaban. Las cosas se salieron de rumbo, aumentó el desempleo, la inflación y hubo corrida bancaria.
Estas son las principales medidas económicas del último gobierno militar que dejaron huellas en la historia argentina.
Apertura comercial y desindustrialización
Uno de los pilares del programaeconómico fue la liberalización del sistema financiero. La reforma de 1977 eliminó gran parte de las regulaciones sobre tasas de interés y facilitó el ingreso de capitales externos. Este proceso buscaba modernizar el sistema, pero también generó incentivos para la especulación financiera en detrimento de la producción.
En paralelo, se impulsó una apertura comercial que redujo aranceles y permitió una mayor entrada de productos importados. Si bien esto contribuyó a contener la inflación en el corto plazo, también afectó a la industria local, que no estaba en condiciones de competir con bienes extranjeros. Como resultado, se produjo un proceso de desindustrialización, con cierre de empresas y pérdida de empleo en sectores manufactureros.
Otro elemento central fue la política cambiaria conocida como la “tablita”. Este esquema preanunciaba la devaluación del tipo de cambio con el objetivo de reducir la inflación y dar previsibilidad a los agentes económicos. Sin embargo, en la práctica generó un atraso cambiario que abarató las importaciones y encareció las exportaciones, profundizando el desequilibrio externo.
Deuda externa
El modelo también promovió un fuerte endeudamiento externo. Durante esos años, la deuda externa argentina creció de manera significativa, pasando de aproximadamente US$8.000 millones en 1976 a más de US$45.000 millones hacia 1983. Este incremento respondió tanto a la necesidad de financiar déficits como al ingreso de capitales privados que luego, en muchos casos, fueron estatizados.
La estatización de la deuda privada en los últimos años del régimen fue uno de los episodios más controvertidos. Empresas que se habían endeudado en el exterior trasladaron sus pasivos al Estado, lo que incrementó la carga sobre las finanzas públicas y condicionó la política económica en la etapa democrática posterior.
Inflación y salario real
En términos inflacionarios, los resultados fueron mixtos. Si bien hubo períodos de desaceleración, la inflación nunca fue completamente controlada y hacia el final del régimen volvió a acelerarse. La combinación de atraso cambiario, endeudamiento y fragilidad externa derivó en crisis recurrentes, como la de 1981, que obligó a una fuerte devaluación.
El impacto social fue significativo. La caída del salario real, el aumento del desempleo y la mayor desigualdad reflejaron los costos del ajuste. Sectores vinculados a la especulación financiera se beneficiaron del nuevo esquema, mientras que amplias capas de la población vieron deteriorarse sus condiciones de vida.
Desde una perspectiva estructural, el período marcó un cambio en la matriz económica argentina. Se consolidó un patrón más orientado a la valorización financiera que a la producción, con un sistema más expuesto a los flujos de capital internacionales y a la volatilidad externa.
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José Martínez de Hoz y Jorge Videla. Foto: Telam.
A cinco décadas, el legado económico de la dictadura sigue siendo objeto de debate. Para algunos analistas, sentó las bases de problemas persistentes como el endeudamiento crónico y la debilidad industrial. Para otros, representó un intento fallido de modernización en un contexto internacional complejo.
Lo cierto es que las transformaciones implementadas durante el Proceso de Reorganización Nacional no solo definieron la dinámica económica de esos años, sino que también condicionaron el desarrollo del país en las décadas siguientes, dejando una herencia que aún forma parte de la discusión económica argentina.
Siempre es bueno recordar la historia para aprender de los aciertos y no repetir los errores.