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El arqueólogo británico Howard Carter entrega a un vigilante la llave de la tumba de Tutankamón recientemente descubierta. | GENTILEZA GETTY IMAGES
De hecho, según revela, el nivel de radiación en las tumbas de los faraones es alrededor de diez veces superior al que hoy en día se considera seguro para los humanos. Incluso, el nivel de radiactividad de la tumba de Tutankamón es tan elevado que quien permanezca en esa cámara mortuoria podría desarrollar cáncer o leucemia.
Tanto las poblaciones del Egipto contemporáneo como las del antiguo Egipto se caracterizan por una incidencia inusualmente alta de cánceres hematopoyéticos, de huesos, sangre y linfomas, cuya principal causa conocida es la exposición a la radiación Tanto las poblaciones del Egipto contemporáneo como las del antiguo Egipto se caracterizan por una incidencia inusualmente alta de cánceres hematopoyéticos, de huesos, sangre y linfomas, cuya principal causa conocida es la exposición a la radiación
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Pero la radiactividad de las tumbas egipcias era desconocida a principios del siglo pasado, cuando la corona británica ordenó una serie de excavaciones en Egipto. | GENTILEZA WORLD ENCYCLOPEDIA
Por eso, Howard Carter, la primera persona que entró en la tumba de Tutankamón, murió en 1939 después de una larga batalla contra el linfoma de Hodgkin: se cree que su enfermedad la causó la exposición a la radiación presente en la tumba faraónica.
Del mismo modo, Lord Carnarvon, el hombre que financió la excavación en 1922 de la tumba de Tutankamon, murió a causa de la alta radiactividad. "Carnarvon murió pocas semanas después del diagnóstico incierto de envenenamiento de la sangre y neumonía", subraya Fellowes.
También el egiptólogo y excavador independiente Arthur Weigall, que también estuvo en la tumba de Tutankamon, falleció en 1934 de cáncer con 54 años. Se estima que seis de las 26 personas presentes cuando en 1922 se abrió la tumba del faraón-niño fallecieron en los siguientes diez años por asfixia, derrame cerebral, diabetes, insuficiencia cardíaca, neumonía, envenenamiento, malaria y exposición a los rayos X.
Fellowes considera que los antiguos egipcios tenían cierto conocimiento sobre el uranio. En ese sentido, numerosos estudiosos han analizado los Textos de las Pirámides y los Textos de los Ataúdes, que datan aproximadamente del 2.300-2.100 a.C., y han encontrado descripciones de ciertos procesos y de materiales relacionados con el uranio.
El experto incluso asegura que “se han documentado niveles de radiación inusualmente altos en las ruinas de tumbas del Reino Antiguo” y en otros lugares de Egipto. "El contador Geiger ha detectado radiación en dos sitios de Giza adyacentes a las pirámides", señala, añadiendo que también se ha detectado radón -un gas radiactivo- en "varias tumbas subterráneas en Saqqara".
No todo está maldito: el hongo de Tutankamón salva del cáncer
Un estudio de la Universidad de Pensilvania, publicado en Nature Chemical Biology, explica que un hongo encontrado en la tumba de Tutankamón podría curar la leucemia.
Se trata del Aspergillus flavus, un hongo cuyas esporas pueden causar graves infecciones respiratorias, lo que se ha reportado en los profanadores de tumba, pero que puede convertirse en un aliado para la medicina.
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Un hongo letal hallado en la tumba de Tutankamón empieza a mostrar potencial terapéutico | IMAGEN FOTOMONTAJE
Es que tal hongo produce compuestos llamados péptidos RiPPs, los cuales se pueden modificar químicamente para atacar tumores sin afectar tejidos sanos.
Dicho de otro modo, a través de un proceso de lipidación, los RiPPs cambian su estructura para adquirir propiedades terapéuticas, a tal punto que ya existen ensayos preclínicos prometedores contra las células de leucemia.
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