Interior para atrás
Por lo demás, se cumplen las previsiones de derrotas del FdT en las provincias de Mendoza, Córdoba, Santa Fe y Ciudad de Buenos Aires. Pero ya se sabe que lo que le importa en especial a todo el FdT es el comportamiento es su bunker bonaerense, aún cuando no resulte desdeñable perder bancas en el Senado y en Diputados.
Hace 2 meses, cuando Agustín Rossi aún era ministro de Defensa, el FdT tenía ambiciones en la Provincia de Santa Fe y se consideraba ganador en la Provincia de Entre Ríos, por ejemplo. Hoy día Rossi luce optimista en su disputa interna en el FdT, según le cuenta a Sergio Massa en sus diálogos cotidianos, pero en un contexto en el que la suma de electores del JxC será superior, y prepara la cuenta a pagar por el gobernador Omar Perotti. En tanto, Gustavo Bordet descubre que se le complicó mucho el presente entrerriano. Son ejemplos de la coyuntura.
La esperanza del faltazo
Hoy día el FdT se refugia en la posibilidad que en un escenario de abulia o desinterés por la concurrencia a las urnas, pueda hacer prevalecer 'el aparato' de sus electores que intuye más disciplinados que los de sus rivales, y así lograr la diferencia que no reflejan las encuestas.
Un problema considerable de Fernández es que en las mediciones de imagen, él se encuentra por debajo de los alcaldes municipales bonaerenses en el estratégico Gran Buenos Aires y que numerosos gobernadores -el caso de Sergio Uñac fue el más cercano, no el único- prefieren su no concurrencia a sus territorios porque afirman que les quita electores.
El FdT tiene experiencia en intentar revertir resultados entre las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias y las generales. Los Kirchner apelan a esa posibilidad. En 2019 no funcionó aunque casi lo consiguen.
De todos modos, la preocupación hoy día, más allá de Fernández, es lograr el acuerdo político indispensable poselectoral con la oposición para alcanzar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, que es una exigencia del FMI y por eso sorprende que Mauricio Macri no se haya enterado.
En verdad, el acuerdo no fue firmado por decisión de Alberto Fernández y Martín Guzmán porque el acuerdo que ofreció el FMI para concretar en julio era satisfactorio aún para algunos referentes de la oposición que fueron consultados por las condiciones.
Pero Fernández dijo que sí y luego decidió que no porque resultó que le complicaba, según él, la campaña, que imaginó plebiscitaria a favor suyo.
Mientras tanto, la imagen del Presidente se deslizaba hacia el barranco por una sucesión de fotografías y declaraciones. Ahora se presenta un escenario probablemente complicado, definitivamente diferente.