El estándar consistía en modificar las pruebas académicas de admisión de los hijos cuyos padres habían pagado, o bien crear perfiles falsos de adolescentes que eran atletas en el instituto cuando en realidad no tenían ninguna habilidad deportiva.
Felicity Huffman habría pagado US$ 15.000 por el examen modificado de su hija mayor.
Lori Loughlin y su esposo, el diseñador de moda Mossimo Giannulli, habrían acordado pagar US$ 500.000 para que sus hijas fueran incluidas en el equipo de remo de la Universidad del Sur de California. Ninguna de ellas era remadora. Ambas fueron aceptadas en esa universidad.
Entre los candidatos a Stanford, John Owen Lowe, hijo del actor Rob Low, manifestó su enojo en Twitter contra los tramposos:
"Estudié durante meses para aprobar el SAT. Dos veces, a veces tres veces a la semana. Toneladas de exámenes de práctica. Terminé dando el SAT varias veces. Las evaluaciones de la universidad no eran una broma... la cantidad de estrés que los chicos ponen para potencialmente no perder un lugar es horrible. Y permítanme decir: Estoy increíblemente agradecido de haber tenido el privilegio y la oportunidad de tener un tutor y pagar los programas de exámenes de práctica. Pereo muchos estudiantes no pudieron hacerlo. Y pensar que ellos pierden la oportunidad de asistir a la escuela de sus sueños porque los desplaza alguien que no lo merece es realmente, muy asqueroso".
En una conferencia de prensas, el FBI informó que el esquema de fraude abarcó todo el país y se extendió desde 2011 hasta febrero 2019.
Según los fiscales, durante ese periodo, los acusados desembolsaron más de US$25 millones para lograr que sus hijos ingresaran a centros de estudio de élite, en el mayor escándalo de fraude en las admisiones universitarias que haya procesado el Departamento de Justicia.
Más de 50 personas entre padres, empresarios y entrenadores universitarios se encuentran imputados, en la Operación Varsity Blues, de cometer delitos en el ingreso en prestigiosas universidades tales como Georgetown, Yale y Stanford, entre otras de la llamada 'Ivy League'.
Es posible que en la mayoría de los casos los jóvenes beneficiados no sepan que su futuro fue favorecido por un sabroso soborno, según como hizo notar el fiscal a cargo del caso, Andrew Lelling. Por eso se avanzó contra sus progenitores y contra quienes dentro del entramado educativo conspiraron para que los jóvenes lograran una plaza cuando no la merecían.
Los cargos hizo públicos el FBI se conocen dos semanas antes de que las más afamadas universidades anuncien las admisiones para la promoción que se licenciará en 2023. Queda por saber si todos los nombres de las listas seguirán en ellas después de que el rodillo del Departamento de Justicia haya iniciado las imputaciones.
En una rueda de prensa en Boston, la Fiscalía apuntó a los progenitores: “Los padres son el principal motor de este fraude. (...) Las auténticas víctimas de este caso son los estudiantes que se quedaron fuera del proceso para que entraran jóvenes mucho menos cualificados porque sus familias pagaron por su acceso”.