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JB Holmes, el golfista que guarda un pedazo de su cráneo en el ropero

"Tengo que operarme, hagámoslo. Hagamos lo que haga falta para que pueda volver allí afuera. Así que nunca se me cruzó realmente por la cabeza que no iba a volver, o que no iba a jugar de vuelta", dijo el golfista JB Holmes. Esa fue su actitud cuando le informaron que padecía una anomalía estructural en el cerebelo, conocida como malformación de Chiari, en la que el cráneo oprime al cerebro y lo empuja hacia abajo. Tras 2 operaciones, Holmes volvió a jugar, y aún guarda un pedazo del hueso de su cráneo, que le fue extraído en la cirugía, como testimonio de la suerte que tiene de poder estar jugando al golf. Su mayor fortaleza le vino de la fe, en el diagnóstico y en los médicos.

Si bien el trofeo de la 148º edición del Abierto Británico de Golf se lo llevó el irlandés Shane Lowry, el evento fue ocasión para que el mundo conociera la increíble historia de superación del estadounidense JB Holmes, quien tuvo un muy buen desempeño en el comienzo del torneo, desatando especulaciones de que podía ganarlo.

Eso no pasó. Sin embargo, las pruebas que atravesó el golfista antes de llegar hasta allí hacen que su historia merezca ser contada.

Tiene 37 años y es oriundo de Kentucky. El golfista fue bautizado como John Bradley pero cambió su nombre legalmente para reducirlo a sus inciales, explica el portal Marca. 

Holmes ya había ganado el Abierto de Phoenix -torneo que forma parte del PGA Tour- 2 veces (2006 y 2008) y había formado parte del equipo de la Ryder Cup en 2008, cuando en 2011, durante la primera jornada del PGA Championship, sufrió vértigo. 

Le detectaron una anomalía estructural en el cerebelo, conocida como malformación de Chiari, en la que el cráneo oprime al cerebro y lo empuja hacia abajo. Ese año, tuvo que ser sometido a 2 cirugías cerebrales. 

A 3 semanas de ser detectada la anomalía, fue sometido a la primera operación, en la que le cortaron un pedazo de cráneo y le colocaron una placa de titanio en su base.

Pero un mes después, Holmes empezó a sufrir dolores de cabeza y vómitos. Los estudios detectaron que el golfista sufría alergia al adhesivo utilizado en la cirugía, y tuvo que ser trasladado en avión desde su casa en Kentucky hasta el hospital John Hopkins, de Baltimore, donde fue sometido a una segunda operación. 

Holmes minimizó la experiencia indicando que ambos procedimientos fueron de "bajo riesgo", pero la realidad, apunta el portal Heavy, es que presentaron serios riesgos para su carrera. 

"Estaba tan sedado que no recuerdo mucho", dijo Holmes en entrevista con ese medio en 2017. "Empecé en Campbellsville y me desperté en Baltimore. Apenas recuerdo haber subido y bajado del avión." 

"Hasta que entendí mi problema, tenía miedo de que nunca me lo pudieran quitar. Si trabajase en una oficina, pues hubiera vivido toda la vida con ello, pero jugar al golf y sufrir vértigos cada poco tiempo, no es algo agradable. En ningún momento llegué a pensar que tendría que dejar mi carrera", contó, según Marca.

Para cuando pudo retornar a los torneos, en 2012, ya no era el mismo jugador. En 2014, fue ubicado en el puesto número 242 del ránking mundial. 

Pero una victoria sorpresiva en el Wells Fargo Championship dio vuelta las cosas, apunta Yahoo News. 

Desde entonces, ganó 2 títulos más -el Abierto de Houston en 2015 y el Abierto de Los Ángeles en 2019-, y volvió a formar parte del equipo de la Ryder Cup en 2016.

Holmes contó a que Golf.com guarda un pedazo de hueso de su propio cráneo en su ropero. Un recuerdo de su segunda cirugía, en septiembre de 2011, y un testimonio de la suerte que tiene de poder estar jugando al golf.

Su máxima fortaleza le vino de la fe, en el diagnóstico y en los médicos.

Su novia, Erica Kalbhin, es una enfermera, quien ya había había atravesado 3  cirugías cerebrales antes de conocer a Holmes.

"Si realmente me sentaba y pensaba en ello, sí, me daba muchísimo miedo", apuntó el golfista. "Por suerte, no pensé mucho en ello. No estudié sobre el tema ni leí sobre la cirugía y todo lo que podía salir mal. Tengo que operarme, hagámoslo. Hagamos lo que haga falta para que pueda volver allí afuera. Así que nunca se me cruzó realmente por la cabeza que no iba a volver, o que no iba a jugar de vuelta."

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