Muy activo en redes sociales, Carvalho denuncia un supuesto complot imaginario comunista para destruir los valores de la familia y de la civilización judeocristiana, con el objetivo de instalar una "dictadura socialista a nivel mundial", según sus palabras. Apunta contra el "marxismo cultural", la supuesta infiltración comunista en instituciones culturales.
"Sin Olavo no habríamos ganado la elección", dijo en marzo Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente. "Sin Olavo, no habría un presidente Bolsonaro."
Entre sus teorías conspirativas, Carvalho ha llegado a decir en 2008 que el expresidente Barack Obama estaba "apoyado enfáticamente por al-Qaeda, Hamás, la Organización para la Liberación de Palestina, Ahmadinejad, Gadafi, Fidel Castro, Chávez y todas las fuerzas procomunistas y proterroristas del mundo." Un dato que sorprende es que en los '80, Carvalho llegó a formar parte de una orden espiritual musulmana (tariqa), según El País. En las pasadas elecciones brasileñas llegó a acusar al candidato del PT, Fernando Haddad, de hacer apología del incesto. Pero además ayudó a esparcir la falsa creencia de que las vacunas "matan" a los niños y que los gays son los únicos amenazados por el HIV.
Carvalho considera que la ideología conservadora estadounidense (el individualismo, el liberalismo económico y el rechazo a la injerencia del gobierno) es el antídoto contra el Estado burocrático brasileño así como contra lo que describe como "proyecto globalista" liderado por George Soros, los Rockefeller, el Consejo de Relaciones exteriores, Barack Obama, las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud.
"Lo que vende Carvalho está fuertemente influenciado por el hecho de vivir en la Virginia rural", dijo Brian Winter, vicepresidente de políticas del Consejo de las Américas, quien ha escrito sobre la influencia de Carvalho en Brasil, según el diario La Nación. "Olavo es la voz de quienes están contra el establishment. No es un cuadro académico ni tiene una trayectoria formal como profesor de filosofía", explicó Matias Spector, profesor adjunto de relaciones internacionales de la Fundación Getúlio Vargas, San Pablo, al diario.
Vale la pena aclararlo: ya no estamos en los '70. El mundo cambió radicalmente desde la época en que López Rega llegó a convertirse en el hombre más poderoso de Argentina. Bolsonaro no es Isabel Perón. Los puntos de contacto entre López Rega y Carvalho son que ambos han tenido en algún momento un vínculo con el esoterismo, su voluntad de tener influencia política y que ambos son anticomunistas y de posturas ultraconservadoras. Pero allí terminan las coincidencias: el Brasil de hoy no tiene nada que ver con la Argentina de aquella época. Por lo que la comparación queda en esos rasgos. Sin embargo, Carvalho se inscribe en una larga lista de personajes que desde las sombras lograron insertarse, o al menos insertar sus ideas, en las esferas más altas del poder.