Ali Akbar Salehi se formó en el extranjero: tiene una licenciatura de la Universidad Estadounidense de Beirut (American University of Beirut) y un doctorado en el MIT (Massachusetts Institute of Technology, en Boston, USA). Fue profesor asociado y luego rector de la Sharif University of Technology, y es miembro del Centro Internacional de Física Teórica de Italia.
Héctor Timerman, gracias a Jacobo, frecuentó al poder militar y empresarial desde adolescente. Por sus vínculos Jacobo consiguió el capital necesario para crear los semanarios Primera Plana y Confirmado, y los diarios La Opinión y La Tarde, entre otros. Él designó a su hijo Héctor director del vespertino La Tarde, quien así fue el director de diario más joven de la Argentina.
La vida de Héctor cambió luego de que su padre Jacobo cayó en desgracia con los militares, a quienes había ayudado a llegar al poder. Sin embargo, él pudo pagarse en USA un máster en relaciones internacionales en la Columbia University, y fue esporádico columnista en los diarios The New York Times y Los Angeles Times, y los semanarios Newsweek y The Nation.
Al regresar a la Argentina en 1989, co-fundó dos revistas de noticias: Tres Puntos y Debate.
Si bien Ali Akbar Salehi se asume como un académico, él ha tenido participación política encubierta durante años. Se afirma que cuando él estaba al frente de la Sharif University of Technology, de Teherán, ya buscaba tecnologías de doble uso, para cumplir los planes del régimen chií iraní (hay unos 1.600 documentos télex de la década de los '90 que lo probarían). Otros informes lo ubican negociando en Europa tecnologías nucleares ilícitas o encubriéndolas.
Ali Akbar Salehi se desempeñaba en ese claustro académico parapolítico cuando ocurrió el atentado contra la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), en la Ciudad de Buenos Aires el 18/07/1994: 85 muertos y 300 heridos.
Héctor Timerman también encubrió el inicio de su participación política: mientras era director del diario La Tarde, mantenía, junto a su padre, una intensa relación con el entonces almirante Emilio Massera. Después de la prisión, libertad y expulsión de su padre de la Argentina, y gozando de las relaciones que le ayudó a conseguir su por entonces mujer, la adinerada Anabella Sielecki, él cofundó en New York el Americas Watch, capítulo occidental de Human Rights Watch, integró la junta directiva del Fondo por la Libertad de Expresión, con sede en Londres; y fue director de la oficina en Buenos Aires de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, además de presidir la Coalición Internacional de Museos Históricos de la Memoria: todo esto le permitió dejar atrás su imagen pro-militar. Nadie objetó cuando se incorporó al ARI, de Elisa Carrió, por el que fue candidato a diputado nacional.
Ali Akbar Salehi logró una intensa relación con el gobierno iraní. Por sus servicios prestados lo premió el entonces presidente Mohammad Khatami, designándolo representante permanente de Irán ante la Agencia Internacional de Energía Atómica, en marzo de 1997 y estuvo 8 años en ese cargo. Él firmó, en diciembre de 2003, el estratégico Protocolo Adicional al Acuerdo de Salvaguardias, en nombre de Irán.
También fue secretario general adjunto de la Organización de la Conferencia Islámica, secundando al turco Ekmeleddin Ihsanoglu, hasta julio de 2009, cuando el presidente Mahmoud Ahmadinejad lo designó nuevo jefe de la Organización de Energía Atómica de Irán. En enero de 2011, Ahmadinejad lo nombró ministro de Relaciones Exteriores, luego de despedir a Manouchehr Mottaki, por razones desconocidas.
El Parlamento iraní lo aprobó con 146 votos positivos (en Irán, las designaciones de ministros requieren de aprobación parlamentaria).
Héctor, cuyo hermano Javier ha trabajado intensamente en las finanzas estadounidenses, y en ese rol visitó a Fernando De la Rúa para darle consejos en 2001, adhirió al kirchnerismo en 2003. Néstor Kirchner lo designó cónsul general en Nueva York en julio de 2004, buscando conexiones con la comunidad judía estadounidense, e intentando relacionarse mejor con la comunidad judía argentina que reclamaba las respuestas que no le había brindado Carlos Menem por los 2 atentados sufridos durante los años '90.
Cristina Fernández de Kirchner lo elevó al cargo de embajador en USA en diciembre de 2007 y, luego del despido de Jorge Taiana, por motivos desconocidos aunque se sospecha que tuvo que ver con diálogos con periodistas del diario Clarín, ella lo nombró ministro de Relaciones Exteriores y Culto.
Ali Akbar Salehi y Héctor Timerman deberían resolver las responsabilidades por el atentado contra la sede de la AMIA. Como canciller, Timerman ha modificado su relación con Irán, porque el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner cambió el enfoque, probablemente por influencia de Venezuela, y también de Brasil. A la vez, la Argentina desmejoró su relación con el gobierno de USA.
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En ese acercamiento, hasta ahora, Ali Akbar Salehi ha resultado más permanente en su punto de vista acerca de la cuestión pendiente con la Argentina.
Lo cierto es que durante las gestiones de Héctor Timerman y Ali Akbar Salehi, sus respectivos países han perdido vínculos diplomáticos con muchos otros gobiernos. Complicado rol han decidido asumir en la historia de ambos países. Tanto la Argentina como Irán, por diferentes motivos, se encuentran crecientemente aislados, padecen de estrujamiento financiero internacional, sobrellevan peligros permanentes de embargo y se quejan de conspiraciones globales, que en el caso de Irán adjudica a una coalición liderada por USA e Israel, y en el caso de la Argentina serían el Fondo Monetario Internacional y los llamados 'fondos buitres'.
Eduardo Zuain, el vice canciller, merece un desagravio. Debería participar de mejores misiones. Pasó de secundar a Alfredo Forti, vice ministro de Defensa, en Ghana, por el papelón de La Fragata (que llegó para quedarse), a secundar a la doctora Angélica Abbona, Procuradora del Tesoro, en Ginebra, por el papelón de las negociaciones secretas con los iraníes. Acompañado por otra dama igualmente digna. La embajadora Susana Ruiz Cerruti, que distaba, según nuestras fuentes, de actuar en sintonía con la señora Procuradora.
Parte del inventario valorable de la Casa Casta, Ruiz Cerruti es la capacitada especialista de cancillería en indagar entre los dossiers jurídicos. Supo participar decorosamente en otros papelones geopolíticos, que debieran confortar, después de todo, al vicecanciller Zuain. Evocar, sin ir más lejos, la negociación en La Haya, con los uruguayos que encabezaba el extinto Héctor Gross Spiell. Por Botnia.
En Ginebra, la ciudad que Borges escogió para morir, el vice canciller y sus dos mujeres contaron con la apoyatura profesional del embajador Alberto D’Alotto, acreditado ante los Organismos Internacionales que conoce de memoria, desde que era funcionario de Archibaldo Lanús, con aquel plantel extraordinario que incluía al fiscal Strassera, encargado del humanismo, y al indemne Hernán Patiño Mayer.
Pero D’Alotto fue, aparte, el antecesor de Zuain. Es quien le transfirió la patriótica responsabilidad. La causa perdida de contener los arrebatos del señor canciller, Héctor Timerman. El optimista admirable, que considera, sin ruborizarse, que la “primera ronda de negociaciones” entre Argentina e Irán fue positiva. “Dos almas que en el mundo”. Felicitaciones.
El límite del absurdo
Aún nadie se explica, con irritante sensatez, para qué demonios se trasladaron hacia Ginebra. Ni qué es lo que se negocia. O qué es lo que cambió. Y por qué. El secreto de Estado, como concepto, sirve también para maquillar la improvisación. Pero permite conjeturar acerca de algo denso. Específico. El petróleo.
La perplejidad alcanza, según nuestras fuentes, a Itzhak Shoham. Es el vicedirector del Departamento para América Latina del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, que intentó encontrar alguna respuesta. Como Reuven Ezer, otro paisano que es subjefe de Informaciones. Se sobreentiende que Ezer debe estar bastante surtido de data por el mítico Mossad, que parece ser menos eficiente que la Cooperativade Crédito 25 de Mayo.
Es aconsejable, en diplomacia, mantener algún límite, así sea incierto, hasta para el absurdo. Sobre todo cuando la información se encuentra disponible. A merced. Al alcance fácil de cualquier secretaria con redacción propia que sepa captar otros idiomas.
Resulta innecesario el conocimiento de la lengua farsi para saber que el gobierno de Mahmud Ahmadinejad se desliza por la pendiente menos brillante de su mandato. En su último año, Ahmadinejad se encuentra, incluso, más desprestigiado adentro de Irán que afuera, donde se sitúa como exclusivo Eje del Mal.
Anda tan mal el Eje de Ahmadinejad, con tanta banda, que lo único meritorio que pudo presentar en Teherán, al regreso del periplo de Nueva York, fue el avance en la relación con la Argentina.
El lejano país del sur emergía para construir, con Irán, la delicia del aislamiento recíproco. Trátase del hallazgo conceptual que sacude a la materia geopolítica. Consiste en juntarse para aislarse más. Doblemente. Un negocio que conduce, derecho, hacia la ruina.
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Podía demostrarle Ahmadinejad a Ali Khamenei, el Guía de la Revolución Islámica (quien lo detesta) que Irán después de todo no está tan sólo y castigado en el mundo. Las sanciones económicas que atormentan a la sociedad persa se ven recompensadas por el éxito febril de su diplomacia. Gracias al impulso del amigo Chávez, el Bolivariano leal que los acompaña a ambos, y los respalda en cualquier parada. Y gracias a la intermediación eficaz del carnicero sirio Bashar Al Assad, se facilitaba el diálogo con la Argentina. El país que le reclamaba el garrón de ocho funcionarios por Interpol. Por un terrible atentado que le atribuían, que derivó en 85 muertos. Con la rotunda legitimación de su justicia inapelable. Y con la inconfesable necesidad de aproximarse, oportunamente, a través de la mera denuncia, hacia los Estados Unidos e Israel. Por suerte, gracias a Chávez, los argentinos entraban en las razones del diálogo.
Llave en mano
Cualquier alfabetizado, de formación regular, podía advertir que las negociaciones de Ginebra no iban a servir para un pepino. O sólo para incorporar otro eslabón en la cadena de papelones infinitos que atentan contra la hipotensión de Nuestra César. Y con su circunstancia sanitaria que deriva en Lipotimia de Estado.
Mientras los argentinos de la comitiva se sentaban en la sala de Ginebra con los interlocutores persas, el embajador artículo quinto Ramin Mehmanparast, desde Teherán, anunciaba que no estaban dispuestos a aceptar, ni remotamente, la culpabilidad de nadie. Eran todos inocentes. Podían colaborar para esclarecer sobre los verdaderos responsables de los atentados.
Adivinen quiénes, para los persas, son.
La base del relato se encuentra sostenida por pilares firmes.
En su insano juicio, nadie puede atreverse a impugnar la minuciosidad costosamente investigativa del fiscal Alberto Nissman. Aunque el producto final se haya inspirado en los sustanciales refritos de la investigación del denostado juez Galeano. Ambas investigaciones están inspiradas, a su vez, según nuestras fuentes, en inteligencias que suelen recibirse empaquetadas al vacío. “Llave en mano”. Para ser presentadas, y con claros objetivos de lucimiento, por la inteligente franquicia local.