Incluido en el canon del Nuevo Testamento, el libro del Apocalipsis retrata las visiones apocalípticas que tuvo Juan, quien recibió una revelación de Dios de cómo sería la guerra final contra el mal y la ascensión de los justos al reino de los cielos durante el día del final de todos los tiempos.
Apocalipsis según Juan: Los justos sobrevivirán y los otros arderán en llamas
En el Apocalipsis de Juan de Patmos, Jesucristo, Dios hecho carne, es el Mesías prometido del linaje de David y se lo representa como un héroe guerrero que lucha contra el mal, el diablo y contra los enemigos de la Iglesia.
En ese sentido, se habla de “tribulaciones” que consisten en desastres naturales (terremotos, sequía, hambrunas, plagas) que coinciden con las diez plagas de Egipto en el Éxodo, como una manifestación divina de la ira de Dios ante los pecados humanos.
Luego comenzarán a descender de los cielos varios jinetes, unos blancos y otros rojos, unos justos y otros vengativos. Según narra Juan, el sonido de las trompetas marcarán la apertura de los juicios finales, antes de la victoria definitiva de Dios contra el mal, cuando los justos ascenderán al reino de los cielos y los malos arderán en llamas.
Apocalipsis 8:7: "El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, los cuales fueron arrojados sobre la tierra; y fue quemado un tercio de la tierra, y fue quemado todo el árbol verde, y toda la hierba verde fue quemada."
Juan rememora la visión que tuvo en la que Dios le mostró la Tierra ardiendo el llamas y el mar convertido en sangre debido a las guerras, codicia, corrupción y comportamientos sexuales pervertidos.
"El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, el cual fue dado para que quemara a los hombres con fuego. Y los hombres se quemaron con un gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria", dice Juan en el Apocalipsis 16:8-9.
Durante los juicios de las copas de la ira de Dios, según Juan, el sol emite un calor tan intenso que quema a los seres humanos. De hecho, al final de la batalla apocalíptica, cuando Satanás y sus seguidores son derrotados, el fuego juega un papel crucial:
Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; pero descendió fuego del cielo y los devoró Apocalipsis 20:9 (RVR1960) Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; pero descendió fuego del cielo y los devoró Apocalipsis 20:9 (RVR1960)
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Los cuatro jinetes del Apocalipsis | Viktor Vasnetsov (Public Domain)
Por tanto, el fuego del cielo destruye las fuerzas del mal que se han rebelado contra Dios. Tras ello, luego del fin del mal, Dios crea una nueva Tierra llamada la Nueva Jerusalén.
Apocalipsis 21:1: "Y vi un nuevo cielo y una nueva tierra; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más."
La Nueva Jerusalén, una ciudad celestial descrita en el capítulo 21, se muestra como la morada de los justos tras la derrota del mal y el establecimiento del nuevo orden de Dios, donde los humanos de bien vivirán toda la eternidad sin dolor ni llanto.
"Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugando Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y no habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron", narra en el Apocalipsis 21:1-4 (RVR1960).
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