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Alquimia, piedra filosofal y ermitaños que descubrieron sustancias

Los alquimistas, mal llamados ermitaños con pensamiento mágico, en gran medida fueron los precursores de la química moderna y la farmacopenia. Sus teorías, el legado de la alquimia y la búsqueda de la piedra filosofal.

La alquimia, una práctica antigua o protociencia sobre la transformación de las cosas, estaba orientada a recrear sustancias preciosas usando recetas, ingredientes y métodos transformadores. Los filósofos alquimistas creían que materiales como el oro, la plata, las gemas y el tinte púrpura podían recrear y exploraban con diversos componentes para incrementar la potencia de las medicinas, encontrar un elixir de la vida eterna o lograr la redención del alma.

Aunque parecían meras charlatanerías basadas en pensamiento mágico, lo cierto es que en algunas cuestiones no estaban del todo errados. De hecho, fueron pioneros en técnicas de laboratorio como la destilación, la sublimación, la filtración y la calcinación, al mismo tiempo que desarrollaron instrumentos como alambiques, retortas, crisoles, que aún hoy en día se usan en la química moderna.

A partir de su experimentación sistemática, en plena búsqueda de la piedra filosofal o elixir de la vida, los alquimistas descubrieron y aislaron ácido nítrico, ácido clorhídrico, ácido sulfúrico, alcohol etílico, amoníaco, entre otros.

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Los alquimistas, antecesores a los científicos de laboratorios | GENTILEZA DE IMAGEN DERBY MUSEUM AND ART GALLERY

También lograron sintetizar y clasificar muchas sustancias químicas útiles, obteniendo compuestos como sales metálicas y pigmentos que se utilizan hasta hoy, y, aunque no pudieron transformar el metal en oro, su intuición sobre la mutabilidad de la materia no estaba lejos de la realidad.

Miles de años después, la ciencia hablaría de las transmutaciones nucleares, que pueden convertir un elemento en otro, como sucede en reactores o aceleradores de partículas. Y en 1980, el científico Glenn T. Seaborg lograría mediante un experimento de física nuclear transmutar plomo en oro.

Mago persa, Demócrito y María la judía, los padres de la alquimia

¿Cómo surgen las cosas? ¿De qué están hechas las cosas? ¿Se pueden transformar algunas cosas en otras? Esto se lo planteaba la filosofía de la alquimia, que se centraba en la respuesta a la tercera pregunta, ya que consideraban que con las recetas y aparatos necesarios, podían experimentar, eliminar las impurezas de una sustancia y así crear a otra por completo, como el oro, admirado por su incorruptibilidad.

El esfuerzo por el control de la naturaleza y su imitación, es decir, la alquimia, apareció en el Egipto grecorromano entre los siglos I y VII d.C. y fue continuada por practicantes en el Imperio bizantino y el mundo árabe, debido a la mezcla y el intercambio cultural generados por el comercio.

En ese sentido, la palabra alquimia deriva del árabe al-kimia, que a su vez toma el término del griego chyma, que designa la acción de fundir o derretir un metal. El concepto aparece descrito por primera vez en el siglo III a.C. por Bolos de Mendes, un pensador del Egipto ptolemaico seguidor de la escuela neopitagórica, que al igual que su fundador, mezclaba pensamiento científico y filosófico.

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El alquimista por BaillieScience Museum, London (CC BY-NC-SA) | GENTILEZA SCIENCE MUSEUM OF LONDON

Al mismo tiempo, en la lejana China, los pensadores taoístas escribieron también acerca de la transmutación de sustancias.

El historiador Robert Ignatius Burns asegura que la noción de un elixir de la vida, por ejemplo, "parece que entró por primera vez al mundo islámico por China, pasando finalmente a Occidente" (Burns, p.12).

A su vez, entre las figuras antiguas a las que se atribuye conocimiento de la alquimia se incluyen el mago persa ostanes (tutor de Demócrito), Pamenes, Pibequio (posiblemente un egipcio), María la judía (lo que muestra que las mujeres estuvieron involucradas en la alquimia), Comario y el Zósimo egipcio de Panópolis, quien estuvo activo alrededor del año 300 d.C y que añadió una búsqueda mística para encontrar la perfección espiritual y material.

En cuanto a la alquimista mujer, María la Judía, también conocida como Maria Hebraea o María la Profetisa, sus enseñanzas han sido citadas en obras del alquimista Zósimo de Panópolis (siglo IV d.C.).

En ese texto, posiblemente basado en una obra original de María, se describen varias operaciones alquímicas prácticas:

  • Leucosis (blanqueo) y xantosis (amarilleo). Una se realizaba mediante trituración y la otra mediante calcinación.
  • Se menciona por primera vez el uso del ácido de la sal marina y otro tipo de “oxys” (ácido) que podría corresponder al ácido acético
  • También aparecen recetas para fabricar oro, incluso a partir de raíces vegetales como la de la mandrágora

Papiro de Leiden y de Estocolmo

Recién en el Renacimiento y la Revolución Científica (del siglo XV en adelante), la alquimia se convirtió en objeto de investigaciones más serias, aunque los textos de alquimia islámicos traducidos al latín comenzaron a filtrarse en la red de conocimiento occidental a través del Norte de África, España y Sicilia desde mediados del siglo XII. En los siglos siguientes, varios textos bizantinos sobre alquimia también llegaron a Europa, esta vez a través de Italia.

No obstante, existe controversia sobre el origen de la alquimia, ya que sus fuentes antiguas están fragmentadas. Sin embargo, uno de los textos más antiguos que se conservan sobre alquimia griega y latina data de los siglos III o IV d.C. y se compone de dos partes: el papiro X de Leiden y el papiro de Estocolmo, los cuales contienen recetas de fuentes mucho más antiguas para sustancias tan preciosas como el oro, la plata, las piedras preciosas y la púrpura de Tiro. Uno de los autores antiguos más citados es el filósofo y viajero del siglo V a.C., Demócrito (c. 460 a 370 a.C.).

"Nada existe excepto átomos y espacio vacío. Todo lo demás son opiniones", decía Demócrito.

Por convención son lo caliente y lo frío; pero, en realidad, existen sólo átomos y vacío… En realidad, nada conocemos, pues la verdad yace en lo profundo Por convención son lo caliente y lo frío; pero, en realidad, existen sólo átomos y vacío… En realidad, nada conocemos, pues la verdad yace en lo profundo

"Del conocimiento hay dos formas, una legítima y otra bastarda. Al bastardo pertenece todo este grupo: vista, oído, olfato, gusto, tacto. El otro es legítimo y está separado de eso. Luego, prefiriendo lo legítimo al bastardo… Cuando el bastardo ya no puede ver, ni oír… entonces viene lo legítimo, ya que tiene un órgano de percepción más fino", afirmaba en Cánones, donde subraya la supremacía del intelecto sobre los sentidos en la búsqueda del conocimiento profundo.

Otra fuente, que data del siglo XI d.C., pero obviamente una copia de un texto probablemente del siglo VII d.C., posiblemente se hizo en Constantinopla. Esta fuente, Corpus M, tiene un índice y es una recopilación de fuentes anteriores. Corpus M aparece en parte en una colección de material de origen desconocido del siglo XIII conocida como corpus B.

Algunos de ellos, tienen símbolos aún desconocidos, algo que los alquimistas posteriores tomaron como prueba de que en ellos se escribían secretos si se podía interpretar correctamente este extraño lenguaje.

Un texto fragmentario Physika kai mystika (o Temas naturales y de iniciación) fue reconocido por alquimistas posteriores como el más antiguo sobre el tema, y se lo atribuyeron (erróneamente) a Demócrito. Los eruditos actuales se refieren a su autor (o autores) como Pseudo-Demócrito. El texto data de en torno al siglo I d.C. y documenta los experimentos fallidos llevados a cabo en un templo de Menfis para lograr los objetivos de la alquimia.

En tal texto, PseudoDemócrito describe “un arte que pretende relatar la transmutación de los metales”, incluyendo recetas para fabricar imitaciones de oro y plata.

La piedra filosofal que inpiró a Harry Poter

Uno de los alquimistas más emblemáticos que habló sobre la piedra filosofal fue Geber (nombre latinizdo de Jabir ibn Hayyan), considerado el “padre de la alquimia” islámica.

La piedra filosofal es una sustancia maravillosa que puede transformar todos los metales imperfectos en oro puro, y es capaz también de otorgar la vida eterna y la salud perfecta a quien la posea La piedra filosofal es una sustancia maravillosa que puede transformar todos los metales imperfectos en oro puro, y es capaz también de otorgar la vida eterna y la salud perfecta a quien la posea

Geber escribió varios tratados en los que describe la piedra filosofal como la materia prima o el principio universal capaz de perfeccionar y transmutar la materia corruptible en incorruptible (por ejemplo, el plomo en oro), así como la sustancia que puede concederle la vida eterna a quien la ingiera.

Otro alquimista, Nicolás Flamel (siglo XIV-XV), sostuvo que la piedra es un polvo o piedra roja, capaz de transformar metales viles en oro y otorgar la inmortalidad.

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La piedra filosofal, creada por IA | GENTILEZA GROK

Paracelso (1493-1541) uno de los más influyentes de la Edad Moderna, también habló de la piedra filosofal, así como Raimundo Lulio (1231-1315) y Zósimo (II d.C.), quien describió procedimientos para obtenerla.

Uno de los más inquientantes, que también habló de la piedra filosofal, fue Fucanelli, un sobrenombre, un gran misterio alquímico del siglo XX. Sus textos, como El Misterio de las Catedrales (1926) y Las Moradas Filosofales (1930), están llenos de símbolos ocultos y referencias esotéricas que todavía hoy nadie ha logrado descifrar por completo:

1. Sobre la alquimia y la piedra filosofal

“El arte real es el arte de la transmutación, y su misterio se halla en la perfecta unión del mercurio y del azufre, el matrimonio alquímico sin el cual no hay regeneración ni vida.”

2. Sobre la relación entre arquitectura y alquimia

“Las catedrales góticas son grandes libros abiertos en piedra, pero sólo para aquellos que saben leer los signos del arte hermético y el lenguaje secreto de la naturaleza.”

3. Sobre el conocimiento oculto

“El saber del Adepto es como un fuego escondido que transforma la materia y al propio hombre, pero debe conservarse en silencio y en la penumbra, lejos de los ojos profanos.”

4. Sobre el camino del alquimista

“Quien quiera alcanzar la verdadera luz debe primero atravesar las tinieblas de la ignorancia y la muerte espiritual para renacer de nuevo, puro y perfecto.”

5. Sobre el misterio y la iniciación

“El lenguaje del alquimista no es el de la palabra, sino el del símbolo y la metáfora, ocultos tras una máscara que sólo el iniciado puede descifrar.”

En 1937, después de supuestamente lograr la Gran Obra, Fucanelli desapareció sin dejar ningun rastro. No se supo más de él ni dónde fue ni quién era realmente. Se dice que logró la inmortalidad o que “trascendió” a un plano superior.

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