Las piezas: 2 hombres con sus vihuelas, más tarde re-categorizadas en guitarras.
En el teatro de operaciones, el dueño del boliche, los parroquianos, algunos comensales y los curiosos que miraban desde afuera… ¡Ah! y vino sólo, cuando no alcanzaba pa´l fiambre.
Las armas, 2 lenguas filosas listas para sacarse chispas y hacer vibrar al auditorio, siempre ruidoso; un encuentro de pobres, pero que tenían voz y voto, al menos en el fluir de su canto, en un cuarto mortecino para que el claroscuro disimule el desamparo, el exilio, los hambres o las soledades.
Contrapunto de payadores: Nicolás Membriani y Luis Genaro en Fiesta Gaucha.
La estrategia, el talento
El poeta-cantor, improvisador-payador, generalmente peón de campo ajeno, utilizaba la payada como forma de gritar los silencios acumulados y para colorear los grises de una vida gris, acaso festejada por los perros que lo seguían al abrir la tranquera y por el caballo; ese que sí conocía sus andares y penurias.
Este malabarista de las palabras llevaba en los genes la habilidad de elaborar la historia, la rima y el canto inspirado en lo que sucedía en el momento en el que estaba payando o desafiado por los temas que el público le tiraba en la cara para mensurar su hombría.
Así, de esta manera corajuda y otras veces altanera, acompaña con guitarra sus versos octosílabos (de hecho la rima asonantada de versos octosílabos torna más cantábiles los fraseos; de ello pueden bien atestiguar los juglares del Medioevo, cuando empuñaban el laúd para llevar las noticias de palacio a las aldeas más lejanas: esa métrica no se olvida fácilmente).
Jorge Cafrune - Coplas del Payador Perseguido
La estructura
El tema se presenta en los primeros 4 versos y se desarrolla en los6 restantes; el pensamiento contenido en la estrofa debe concluir en el décimo verso.
La pelea: En el contrapunto, cada payador responde a las preguntas de su contrincante y luego pregunta del mismo modo, a su turno. En el entretanto se concentra; el ruido de las copas son su peor enemigo, acaso pueda distraerse y perder el asalto. El desafío es hablar gorjeando, tañendo, arpegiando, clavando la mirada en el oponente, con la fiereza de quien mira al enemigo, pero con la picardía de quien esconde un as en la manga; no sea cosa que se note el miedo… el payador no tiene permiso para el miedo, él es el miedo y lo carga a las espaldas, como quien carga a un herido.
El tempo: El encuentro puede perdurar por horas; cuanto más largo, más habilidosos los payadores.
La coda y el calderón final: La riña finaliza cuando uno de los cantantes no puede responder rápidamente a la pregunta de su rival. Así también sucede en la vida: hay cosas sobre las que uno no puede responder y gana el silencio.
Geo localización: Este género tuvo un enorme desarrollo en Sudamérica, sobre todo en Argentina, el sur de Brasil, parte de Paraguay, Uruguay y Chile.
Una payada, un día célebre
Cada 23 de julio, desde 1884, luego de una payada todos los argentinos celebramos el Día del Payador. Este día festivo fue declarado en 1992, aunque la primera vez que se celebró fue en 1996.
El 23/07/1884, primera presidencia de Julio A. Roca, se produjo una payada entre el oriental Juan Nava y el argentino Gabino Ezeiza en la localidad uruguaya de Paysandú.
Gabino era conocido como 'el Negro’ Ezeiza. Él había nacido en el barrio porteño San Telmo -donde se refugió la comunidad afroargentina cuando se retiraron las familias pudientes durante una peste- el 03/02/1858, y vivió en Floresta hasta el día de su muerte, el 12/10/1916.
Cantante y compositor, él fue uno de los precursores de este género narrado. Empezó a darle cuerpo a la payada para luego profesionalizarla, introducir el contrapunto (la payada a dúo o duelo cantado), y payar por milonga. Así obtuvo la popularidad, además de ser autor de más de quinientas composiciones.
Hoy
A pocos metros de Plaza Constitución se encuentra el restaurante Las Palmeras; escenario de payada, tal como una remembranza de antaño.
Así lo trae a la memoria “Crónica de Payadores posmodernos: di tu palabra y rómpete”, en la revista “Ñ”.
“(…) La escena puede resultar un poco irreal para quien acaba de bajar del Metrobus. Criollos de boina o sombrero, corbatín al cuello y alpargatas, mezclados entre los parroquianos; el patrón despacha una abundante provisión de empanadas, en las sillas vecinas dos amigos comentan entre ellos que un tercero “pelechó: ahora tiene tropilla de un solo pelo...”
Es noche de payada, el salón está colmado y el clima, efervescente, porque se aproxima el contrapunto: Emanuel Gabotto vs. David Tokar, de San Vicente–. Tradicionalistas, curiosos, una turista rusa y más payadores conforman el auditorio.
Entre ellos espera también el célebre José Curbelo, a quien todos conocen como “el Tío”; esta noche él no improvisa, sino que vino a alentar (“Tengo medio siglo largo de pulsar la guitarra, hay que darle la bandera a otro para que siga con ella: hoy tengo el privilegio de ser espectador”). Luego comienza la acción.