Pero no sólo estos locales que comenzaron a resurgir ahora padecen el flojo poderío económico, sino también aquellos bares tradicionales que están hace años luz.
Números en rojo
El retroceso en el consumo no sólo se limita a bares y cafés. Los restaurantes registran bajas de alrededor del 30%, con familias que optan por opciones más económicas como bodegones y quizá alguna que otra pizzería.
El oscuro panorama también golpea de lleno a otros rubros alimenticios: en los últimos 18 meses cerraron panaderías 14.000 en todo el país, mientras que más de 16.000 kioscos bajaron sus persianas en 2024.
Según la CAME, las ventas minoristas pymes cayeron un 2% interanual en julio, y la Cámara Argentina de Comercio (CAC) advirtió que la incertidumbre cambiaria y financiera lleva a los hogares a posponer consumos y priorizar el ahorro precautorio.
Con enfoque en Rosario, la venta en panaderías registró un desplome internual de entre el 10% y el 15%. El descenso comenzó a notarse desde abril y mayo, meses donde tradicionalmente se fortalece el consumo por la llegada del invierno. El motivo principal es la pérdida de poder adquisitivo de los compradores. Desde el sector alertan por la competencia clandestina y por el alto costo de las tarifas.
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La postal que se repite en la ciudad.
Hasta el momento no hay ningún margen que muestre signos de alivio. En Rosario la postal se repite: persianas bajas en bares icónicos y locales de café que se reinventan para resistir.
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