En el caso del maíz, además del rebote frente a una campaña previa severamente afectada, se suma un elemento de peso vinculado a la mayor área sembrada, favorecida por la recomposición de expectativas luego del fuerte impacto que había provocado la chicharrita en el ciclo anterior.
Ese cambio resulta relevante no sólo por el volumen que puede aportar el cereal, sino también porque permite entender por qué las estimaciones para 2025/26 muestran un tono tan distinto al de la campaña pasada. Ese cambio resulta relevante no sólo por el volumen que puede aportar el cereal, sino también porque permite entender por qué las estimaciones para 2025/26 muestran un tono tan distinto al de la campaña pasada.
La soja, en cambio, mostraría una leve caída en la producción, aunque sin alterar el cuadro general de una campaña robusta. A su vez, las lluvias registradas en el último mes permitieron una mejora en las condiciones de cultivo tanto para la soja como para el maíz, y el porcentaje de lotes en estado excelente o normal supera, para esta etapa del año, al promedio observado en las campañas recientes.
Esta mejora en las condiciones agronómicas no queda limitada al plano estrictamente productivo, ya que también tiene un efecto directo sobre las proyecciones económicas, debido a que un mejor estado de los cultivos incrementa la expectativa de mayores rindes, eleva el volumen potencial de la cosecha y fortalece la perspectiva de ingreso de dólares para la economía argentina.
Una cosecha más valiosa
El volumen es apenas una parte de la historia. La otra variable clave está en el valor que podría generar esa producción, especialmente en una economía donde el aporte del agro sigue siendo determinante para la disponibilidad de divisas y para la dinámica de las exportaciones.
Tomando las estimaciones de los tres principales cultivos, soja, maíz y trigo, y cruzándolas con los precios de referencia de CBOT, la cosecha valorizada de la campaña 2025/26 se ubicaría en los mejores registros de los últimos cuatro ciclos. Según los números construidos sobre la base de la BCBA, ese valor alcanzaría US$36.500 millones, con una mejora de US$5.200 millones respecto de la campaña previa. Si se toma la proyección de la BCR, la cifra subiría a US$37.500 millones, lo que implica una mejora interanual de US$6.100 millones.
El dato tiene relevancia macroeconómica, porque confirma que el agro volvería a aportar un volumen significativo de recursos en moneda dura en un contexto en el que la Argentina todavía necesita fortalecer su capacidad de generación genuina de dólares. Sin embargo, también deja en claro un límite importante, ya que esas cifras, aun siendo las mejores de los últimos años, se ubican entre US$9.000 millones y US$11.000 millones por debajo de la cosecha valorizada de la campaña 2021/22, cuando los precios internacionales de los commodities agrícolas se dispararon por la guerra entre Rusia y Ucrania.
En otras palabras, la campaña actual podría sobresalir por producción y también por valor, pero sin repetir la excepcionalidad que ofreció aquel contexto internacional, cuando el shock de precios multiplicó la renta exportadora del sector.
Exportaciones récord, pero con menos liquidación
Uno de los puntos más interesantes del informe aparece en la diferencia entre el volumen exportado y la cantidad de dólares que finalmente ingresarían al mercado cambiario. La BCR estima que el volumen de las exportaciones de granos y derivados alcanzará un récord de 113 millones de toneladas, lo que confirma la magnitud de la campaña proyectada.
Sin embargo, cuando a esa variable se le agregan los precios internacionales, el resultado cambia de tono, porque el valor exportado quedaría en el podio de la última década, aunque todavía por debajo de las campañas 2020/21 y 2021/22. A comienzos de año, la entidad rosarina había calculado que las exportaciones del complejo agroindustrial subirían apenas US$600 millones hasta US$36.800 millones, aunque esa proyección probablemente deba corregirse algo al alza por la mejora reciente de los precios externos.
Aun así, el dato más sensible para la macro no pasa únicamente por el valor exportado, sino por la liquidación efectiva de divisas en el mercado libre de cambios. Y allí la noticia deja de ser tan linealmente positiva para el oficialismo, porque la BCR proyecta que la liquidación de dólares del agro en el MLC caería US$1.600 millones y se ubicaría en US$34.500 millones durante este año.
La explicación de esa baja no radica en una peor campaña ni en un deterioro del negocio exportador, sino en un efecto de adelantamiento generado por la eliminación transitoria de retenciones en septiembre, una medida que incentivó ventas y liquidaciones anticipadas. Por esa razón, parte de los dólares que en un esquema normal habrían ingresado más adelante ya fueron computados antes, alterando la comparación interanual.
A eso se suma que los US$36.200 millones liquidados en 2025 incluyeron operaciones canalizadas al CCL por la vigencia del dólar blend hasta abril, otro factor que distorsiona el contraste entre ambos períodos. A eso se suma que los US$36.200 millones liquidados en 2025 incluyeron operaciones canalizadas al CCL por la vigencia del dólar blend hasta abril, otro factor que distorsiona el contraste entre ambos períodos.
El campo vuelve a darle aire a la macro
Para el Gobierno, el balance es claramente favorable, aunque no exento de matices. Por un lado, la campaña 2025/26 podría convertirse en una de las más importantes de los últimos años en términos de producción, exportaciones y valor económico, lo que supone un respaldo concreto para una administración que necesita consolidar la baja de la inflación sin perder de vista la fragilidad del frente externo.
Por otro lado, la mejora del agro no garantiza de manera automática un salto equivalente en la oferta de dólares dentro del mercado oficial, algo clave para cualquier estrategia económica que busque sostener la estabilidad cambiaria y mantener bajo control las expectativas financieras.
De todos modos, el dato político es difícil de minimizar, porque el agro vuelve a aparecer como un factor de alivio en un momento en el que el Gobierno necesita resultados tangibles. De todos modos, el dato político es difícil de minimizar, porque el agro vuelve a aparecer como un factor de alivio en un momento en el que el Gobierno necesita resultados tangibles.
Después de campañas atravesadas por la sequía, por problemas sanitarios y por un contexto de marcada incertidumbre, la posibilidad de una producción récord funciona como un respaldo relevante para la administración libertaria.
En esa lógica, el guiño del campo para Milei no pasa únicamente por una mejora estadística, sino por la chance de que el principal generador de dólares de la economía argentina vuelva a ofrecer una campaña de gran escala.
No alcanza, por sí sola, para resolver todos los desequilibrios estructurales, pero sí puede transformarse en uno de los apoyos más concretos de la macro en 2026, sobre todo si el volumen efectivamente se confirma y si la mejora de precios externos acompaña. No alcanza, por sí sola, para resolver todos los desequilibrios estructurales, pero sí puede transformarse en uno de los apoyos más concretos de la macro en 2026, sobre todo si el volumen efectivamente se confirma y si la mejora de precios externos acompaña.
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