Plata fácil
El Nobel también apunta a la lógica de incentivos. Las stablecoins no pagan intereses a los usuarios —por presión de los bancos, que temen perder depósitos— pero las plataformas que las comercializan, como Coinbase o PayPal, encontraron la forma de sortear la traba con programas de recompensas y reembolsos.
Esa operatoria, dice Tirole, es banca en la sombra pura y dura: captan recursos, asumen riesgos, pero no cumplen con los requisitos de capital ni de liquidez que pesan sobre un banco tradicional, ni tampoco pagan seguros de depósitos. El costo queda en manos de la sociedad si algo se rompe.
La política detrás de la moda cripto
En Estados Unidos, la movida tiene un condimento adicional. El Gobierno de Donald Trump quiere empujar las criptomonedas para fortalecer la demanda internacional de dólares y financiar su déficit. Con reguladores amigables y un clima político proclive a la desregulación, los riesgos de laxitud supervisora son altos.
Europa mira con recelo. Si endurece sus normas, Washington puede retrucarle que es una “barrera comercial”, igual que ya hizo con los intentos de Bruselas de regular a los gigantes tecnológicos como Apple o Meta.
Tirole no niega la necesidad de mejorar los sistemas de pago. Al contrario: dice que lo urgente es contar con plataformas públicas, rápidas, baratas y programables, que funcionen las 24 horas y permitan a los privados construir aplicaciones encima. Cita el caso de Brasil con su Pix y el de China con su yuan digital como ejemplos de que se puede lograr sin necesidad de montar un casino financiero.
La eurozona también avanza en un euro digital bajo control del BCE.
En ese modelo, la confianza la pone el Estado y la innovación corre por cuenta del sector privado. En ese modelo, la confianza la pone el Estado y la innovación corre por cuenta del sector privado.
¿Un boom con olor a crisis?
El Nobel es categórico: las monedas estables deslumbran como novedad, pero son en esencia un vehículo especulativo que concentra ganancias en pocos jugadores y socializa riesgos.
“Los pagos son un bien público. No pueden convertirse en un terreno de juego especulativo”, sentencia Tirole. Una advertencia que resuena fuerte en un momento en el que buena parte del mercado financiero internacional vuelve a bailar al ritmo de la última moda cripto.
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