Esta reestructuración se inscribe en una estrategia iniciada hace un año, tras la escisión de Johnson & Johnson. A principios de 2024, la firma ya había anunciado el recorte del 4% de su plantilla global, buscando reducir costos en US$350 millones anuales.
El cierre de la planta de Fátima también se produce en un momento complejo para la industria argentina. La incertidumbre macroeconómica y la falta de previsibilidad impactan de lleno en las decisiones de inversión de las compañías multinacionales.
Con su cierre, Kenvue redefine su presencia en el mercado argentino: Mantendrá la actividad comercial y logística, pero dejará atrás su rol como fabricante nacional, sumando un nuevo eslabón a la cadena de desindustrialización que afecta al país.
No es la única
La decisión de Kenvue se suma a la extensa lista de empresas de diversos rubros en crisis. Por caso, hace poco más de un mes la norteamericana Kimberly Clark cerró también su planta ubicada en el Parque Industrial de Pilar. Esto implicó la desvinculación de unos 250 empleados.
En esa planta se fabricaban productos como toallitas femeninas y descartables para bebés (Kotex, Huggies, Kimbies), que podrían comenzar a importarse desde Brasil, donde la compañía mantiene una alianza con el fabricante Suzano.
Si bien la empresa sostiene que sus operaciones se concentrarán en la planta que les queda en San Luis, circula que el desempeño allí no es bueno dado los altos costos de producción en relación a los de su centro en China.
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¿Durará poco? Afirman que en la planta de San Luis, el desempeño no es bueno dado los altos costos de producción en relación a los de su centro en China.
A su vez, la reconocida fabricante de electrodomésticos Whirlpool recortó personal en su planta ubicada en en dicha localidad. Redujo sus turnos de producción y despidió a al menos 60 empleados, de una plantilla total que supo llegar a las 400 personas.
El motivo: La caída del consumo, la baja de aranceles a las importaciones de productos terminados y la pérdida de competitividad con Brasil, en medio de una reestructuración global de la empresa.
También la tradicional fabricante argentina de termos Lumilagro "reorganizó su negocio" para sostener su presencia en el mercado local, y pasará ahora a un esquema en el que cerca del 60% de su oferta será de termos importados de China, con diseño y control de calidad propios, mientras que el 40% restante se fabricará en la Argentina.
En ese marco, la empresa implementó un plan de retiro voluntario y pasó de tener cerca de 200 empleados a poco más de 70.
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