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Ni carne... ni vino: La industria enfrenta a argentinos que ahora eligen pollo y cerveza

Los argentinos no solo comen cada vez menos carne vacuna, sino que además toman cada día menos vino: el consumo local mostró una fuerte caída por cápita, perforando el piso de 16 litros.

Según un informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados (CICCRA) difundido hace muy poco, este febrero quedará registrado como uno de los meses más críticos para la industria frigorífica argentina: Con apenas 924,3 mil cabezas de hacienda vacuna faenadas en 337 establecimientos, la actividad del segundo mes del año fue una de las más bajas en casi medio siglo, ocupando el puesto 37 entre los últimos 47 febreros.

Y si bien representó un leve repunte del 1,5% respecto de enero, la comparación interanual mostró una caída del 10,7%, equivalente a 110 mil animales menos, situación que emparda con la caída abrupta del consumo de carne en el mercado interno.

La contracción de la faena se tradujo en una menor producción de carne vacuna: 457 mil toneladas en el primer bimestre, un 9,1% menos que el año anterior. Mientras tanto, las exportaciones mostraron un comportamiento más dinámico ya que los envíos al exterior ascendieron a 124 mil toneladas, con un incremento interanual del 6,6%.

Sin embargo, el consumo interno sufrió un fuerte retroceso: cayó 13,8% anual, totalizando 332,7 mil toneladas. El consumo per cápita se ubicó en 47,3 kilos por año, 2,5% menos que en 2025.

Este dato golpea directamente a la mesa de los argentinos. El asado, símbolo de la reunión familiar, alcanzó un precio promedio de $16.852 por kilo, mientras que cortes populares como la paleta, el cuadril y la nalga subieron más de 8% en un solo mes. La carne picada común, base de la cocina cotidiana, trepó 7,1%.

Así muchos optaron por cambiar la carne vaca por el pollo, aunque el precio del kilo de este último subió 10,2% mensual, llegando a $4.489.

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¿Al vino le va peor?

En el caso de vino, los datos que se conocen son de 2025 y encienden alarmas. De hecho, probablemente ese año quede marcado en la historia del sector como el momento en que el consumo per cápita perforó por primera vez la barrera de los 16 litros, al registrar 15,77 litros por habitante según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).

La cifra no es sólo un número: es el reflejo de una tendencia estructural que lleva dos décadas acumulando presión sobre toda la cadena de valor.

Vinos

Cayó de 29 a menos de 16 en 2 décadas

En 2005 cada argentino bebía en promedio 29,2 litros de vino al año; en 2025 esa cifra se redujo casi a la mitad.

Sin embargo, se destaca el dato de que esa aceleración fue más pronunciada en los últimos diez años: entre 2015 y 2025 el consumo total del mercado interno pasó de 10 millones de hectolitros a aproximadamente 7,2 millones, una contracción del 28% en apenas una década.

El dato, relevado por el INV, condensa el alcance de una crisis que afecta tanto a pequeños productores de zonas tradicionales como a las grandes bodegas exportadoras.

Los motivos de esta caída

Según los especialistas, las causas abarcan un conjunto de factores: el avance sostenido de cervezas artesanales (que tampoco están en su mejor momento) e industriales, el crecimiento del segmento de bebidas sin alcohol, la presión inflacionaria sobre el poder adquisitivo real de los consumidores y un cambio generacional en los hábitos de consumo que aleja progresivamente a los jóvenes de la cultura del vino de mesa.

A eso se suma el impacto del ajuste económico implementado desde finales de 2023, que recortó el gasto en alimentos y bebidas de manera transversal.

El mercado interno también importa

Según destacan todos los informes, el mercado interno fue históricamente el sostén del sector vitivinícola argentino. Sin embargo, hoy es su punto débil.

Las ventas totales en el mercado doméstico acumularon una caída del 2,7% en 2025 respecto al año anterior, con un único segmento en verde: los vinos varietales, que crecieron 3,4% y alcanzaron los 234,7 millones de litros, equivalentes al 31,5% del total del mercado.

El resto del portafolio, encabezado por los vinos sin mención varietal, que representan el grueso del volumen comercializado, registró descensos que en algunos segmentos superaron el 5%.

A diferencia de la carne vacuna, las exportaciones de vino también están en mínimos

En el caso de la carne vacuna, las exportaciones certificadas en enero-febrero alcanzaron 43,6 mil toneladas peso producto, con una recuperación del 13,5% respecto al año anterior. Y si bien los envíos a China se redujeron, la demanda de Estados Unidos, Israel, Alemania y Países Bajos compensó la caída.

El precio promedio de la tonelada exportada se ubicó en 7.362 dólares, un 30% más que en enero de 2025. En consecuencia, los ingresos por exportaciones crecieron 47,6%, alcanzando 321 millones de dólares.

En el caso de vino, el desempeño externo no compensa la contracción interna:

En 2025 el volumen exportado fue el más bajo desde 2004, con 1,93 millones de hectolitros (una caída del 6,8% interanual), mientras que el valor FOB retrocedió un 7,2% hasta los 661 millones de dólares, el registro más bajo en dólares desde 2009 En 2025 el volumen exportado fue el más bajo desde 2004, con 1,93 millones de hectolitros (una caída del 6,8% interanual), mientras que el valor FOB retrocedió un 7,2% hasta los 661 millones de dólares, el registro más bajo en dólares desde 2009

El segmento de granel fue el más afectado, con una baja del 13,6%, en un contexto de mayor competencia de Chile, España e Italia en los mercados de volumen.

¿Hay esperanza?

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Actualmente, la industria apuesta a tres pilares para revertir la tendencia:

- Posicionamiento premium: el Malbec argentino mantiene su liderazgo como cepa emblemática a nivel internacional y representa el 23,9% del total exportado.

- Enoturismo: las 250 bodegas abiertas al turismo en Mendoza conforman la red más grande de Latinoamérica y generan un flujo de visitantes que reactiva la economía regional.

- Diversificación de mercados: la campaña "The Wine for Now", impulsada por Wines of Argentina (WofA), apunta a consolidar presencia en Suecia, Suiza, Noruega, Irlanda y Brasil en el segmento premium.

Si bien es cierto que el mercado vitivinícola argentino también sabe de crisis: sobrevivió a crisis cambiarias, recesiones y pandemias, la caída sostenida del consumo interno, combinada con exportaciones en retroceso y una vendimia 2026 que el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) estima con una producción 9% menor respecto al año anterior, configura un desafío muy grande para el sector.

En este marco, hoy no alcanza con producir buen vino: es necesario lograr que los argentinos y el mundo vuelvan a elegirlo.

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