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Para los uruguayos, Argentina está barato y para los argentinos está carísimo

"Si en El Calafate uno paga con pesos argentinos comprados en Uruguay una estadía de US$ 100, en realidad va a estar gastando US$ 70. Parece de no creerse, pero doy fe de que es así. Y es un beneficio del que solo parecen disfrutar los uruguayos. ¿Por qué? Porque la plaza local está inundada de billetes del vecino país", dice el autor, uruguayo.

 

 
 
por FEDERICO COMESAÑA
 
MONTEVIDEO (El Observador). El mismo día en que el viceministro de Economía argentino y uno de los principales ideólogos del kirchnerismo, Axel Kicillof, regresaba a su país de sus vacaciones en Uruguay, yo volvía a casa luego de visitar el sur de Chile y Argentina. Quizá por eso, por haberme beneficiado personalmente por las anomalías de mercado generadas por un tipo de cambio desdoblado y escuchar de forma directa el testimonio de los argentinos que, por el contrario, la padecían; no me sorprendió que Kicillof fuera víctima del abucheo y los insultos de sus propios compatriotras durante su retorno por barco.
 
Para simplificar los cálculos, se puede afirmar que en cualquier ventanilla de cambios en Uruguay, uno accede a comprar pesos del vecino país a una cotización cercana a siete argentinos por cada dólar. Pero los precios orientados al turismo en el vecino país están fijados con una cotización más baja, la oficial, de cinco pesos argentinos por dólar. Es decir, si en El Calafate uno paga con pesos argentinos comprados en Uruguay una estadía de US$ 100, en realidad va a estar gastando US$ 70. Parece de no creerse, pero doy fe de que es así. Y es un beneficio del que solo parecen disfrutar los uruguayos. ¿Por qué? Porque la plaza local está inundada de billetes del vecino país.
 
Ante las trabas administrativas impuestas por la administración de Cristina Fernández, muchos argentinos optan por cruzar el charco con su dinero y lo cambian en Uruguay. En una plaza diminuta como la local, unos pocos pesos argentinos de más hacen una gran diferencia y eso lleva a que el valor de la vecina moneda haya caído tanto, acercándose más al precio del mercado paralelo argentino que a la cotización oficial. Los turistas europeos, en cambio, que van con sus euros a Argentina y los cambian en el mercado oficial, acceden a un peso más caro y por eso no gozan de los beneficios del desdoblamiento cambiario.
 
Los argentinos, en tanto, sufren la imposibilidad de acceder a moneda extranjera. En primer lugar, porque los costos de viajar aumentan de forma importante y en muchos casos condiciona sus posibilidades de vacacionar fuera del país. Eso explica por qué tantos argentinos faltaron a su cita de enero en las playas uruguayas. Pero al mismo tiempo, una inflación de 25% anual, con ajustes salariales tardíos, y la imposibilidad de anclar sus ahorros a una moneda estable, hace estragos en su poder de compra y su capacidad de gasto en cuestiones suntuarias como sus vacaciones. Es así que no solo en los destinos turísticos uruguayos faltan argentinos, sino también en su propio país.
 
Esta situación, por supuesto, no es sostenible en el tiempo. Argentina va a tener que sufrir un ajuste severo y todo parece indicar que la primera explosión va a venir por el lado social, provocada por el descontento, arrastrando consigo –una vez más– al sistema político y, por supuesto, a la economía.

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