Desde entonces, y en diversas etapas, científicos del INTA han monitoreado el avance de dicha problemática, trabajando en campañas de prevención y contención de plagas. Desde ese organismo surgieron numerosas alertas que vaticinaban la estancia permanente de la chicharrita, que llegó para golpear con fuerza este año.
Por otra parte, el país vecino de Brasil ya tuvo experiencias graves con la chicharrita. Dicha plaga golpeó especialmente al estado de Mato Grosso a partir del 2020, siendo ahora un problema controlado.
Según la experiencia de los productores en ese país, solo las acciones conjuntas, empujadas por políticas agropecuarias pudieron volver a la chicharrita una plaga controlada, siendo inútiles las acciones individuales. Algo que revela la necesidad de una coordinación oficial para atender el problema.
De cualquier manera, la experiencia brasileña también indica que la chicharrita, una vez instalada, es muy difícil de erradicar. Sobre todo en áreas donde existe una expansión de la superficie cultivada, algo que sucede en el núcleo productivo argentino.
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Chicharrita, insecto que transmite el spiroplasma.
Javier Milei, no es solo el maíz
Además, las expectativas también se contrajeron sobre la soja. Si bien ese cultivo no es tan afectado por la chicharrita, si lo es por el exceso hídrico que se produjo en algunas zonas.
Para la soja, las expectativas iniciales rondaban 52,5 millones de toneladas. No obstante, la Bolsa de Cereales también rebajó esa proyección dejándola en 51 millones, con una retracción de 1,5 millones de toneladas.
Con esos números proyectados, es esperable una retracción en la cantidad de divisas que el campo pueda inyectar a la economía en 2024. Aunque podría superar el rendimiento del 2023, la compleja situación económica haría que cualquier crecimiento mínimo sea imperceptible en términos financieros.